miércoles, 11 de abril de 2007

Si en lugar de haber nacido en 1967 lo hubiese hecho cien años antes, en ese siglo XIX que tanto me ha gustado siempre, seguramente ya me hubiese muerto, o si no, mi calidad de vida sería horrorosa. Como no sería lo bastante rica para vivir de las rentas, tendría que trabajar en alguna fábrica insalubre, o cogiendo aceitunas o escardando cebollinos en el campo. Aunque en la fábrica seguramente no me habrían contratado, porque con lo miope que soy no sería capaz de ver los hilos del telar, y de haberlos visto, el polvo en suspensión del algodón habría empeorado mi asma rápidamente y no podría ir a trabajar casi nunca, con lo cual me hubiesen despedido al poco de contratarme. Y como no podría trabajar en casi nada, hubiera terminado casándome para “recogerme”. Pero como no tendría hijos, mi vida sería un infierno: el de una mujer estéril y enferma. En el campo me hubiese pasado lo mismo: el polen me destrozaría la vida durante medio año, y mi escasa vista me haría realmente penoso quitar las malas hierbas o coger ciruelas de los árboles sin arrancar las verdes y dejar las maduras. O sea, que sería un ama de casa cuarentona y yerma que, para entretenerse y sacarse un dinerillo, cuidaría a los hijos de sus vecinas. Deprimente.

Si en lugar de haber nacido a finales del siglo XX lo hubiese hecho a principios de siglo, seguramente hubiese fallecido hace años ya, asfixiada en un ataque de asma descontrolado. Ahora, seguir o no respirando depende de llevar conmigo un botecito que no me abandona nunca. Y de que la Seguridad Social me permita tener siempre conmigo mis medicamentos. Bendito Ventolín. Mi venerado y nunca suficientemente ponderado Pulmicort.

Si en lugar de haber nacido hace 40 años lo hubiese hecho hace 80, posiblemente un día me habría despertado y me daría cuenta de que no veía nada. Sería una ciega arrinconada en casa y me moriría de desesperación, sin poder leer, ni coser, ni valerme por mí misma. Seguramente me habría tirado ya por el viaducto, o me hubiese bebido una infusión de cerillas, como hacían las decimonónicas desesperadas. Pero he nacido en los años 60 del siglo XX, y eso me ha permitido poder ir esta mañana al médico, y que me hayan soldado mi frágil y quebradiza retina con un sofisticado láser, y volver al trabajo después de comer, como si tal cosa.

Supongo que, después de todo, tengo mucha suerte por ser una dinkie del siglo XXI con mala salud…

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