jueves, 28 de junio de 2007

Soy de esas personas que creen que correr es algo que se hace si te persigue alguien, si llegas tarde, o si se te escapa el autobús. El pan nuestro de cada día cuando se es pequeño y te pasas la vida en la calle, dando brincos en la goma o la cuerda, o jugando al rescate o al pañuelo. O como decía un anuncio de gaseosa hace unos años, cuando el periodista preguntaba a un corredor "¿Y usted por qué corre?" y el señor del pantalón corto y las deportivas respondía "Para tener sed". Hay pocos motivos por los que correr, pero alguno hay, sin embargo lo de correr por correr, llueva o haga sol, por el sólo hecho de hacer deporte y estar en forma, siempre me ha parecido algo demasiado sacrificado y con una utilidad muy poco tangible, o a un plazo demasiado largo para mi poca paciencia. La cosa de la autosuperación, la competitividad o la emoción adrenalínica al conseguir alcanzar los objetivos marcados son cosas que nunca me han quitado el sueño.

Sin embargo, a veces es necesario que todo cambie para que todo siga siendo igual, como se decía en "El Gatopardo"…

En resumen: llevo dos días levantándome a las 6 y media de la mañana para ir a correr. Sin que nadie me persiga, pero por si acaso tengo que salir por piernas alguna vez. Aunque ya no soy ninguna cría, y hace mil años que no bajo a la calle a jugar al rescate, sigo subiendo y bajando las escaleras al trote, y no me veo dejando de hacerlo, y menos aún años arrastrando los pies y echando los bofes, como les pasa a algunas de mis compañeras de trabajo varios lustros más jóvenes que yo... Porque bebo poca agua y no sé beber sin sed, pero últimamente están sacando agua con sabores, bebidas llenas de minerales y nutrientes y bombas vitamínicas en forma de smoothies a las que me resulta dificil resistirme…

Cosas veredes…

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