martes, 5 de junio de 2007

Un día como cualquiera, por ir demasiado deprisa y con excesivo ímpetu, te pillas el dedo con un cajón de la cocina. Bien pillado. De pleno. Cuando aún no te has acostumbrado a ver el moratón debajo de la uña, compruebas en carne propia lo que duele una quemadura que, según el Google Images, debe ser de segundo grado. En el mismo dedo, evidentemente. Y de manera matemática, rigurosa y repetitiva hasta el escalofrío, todos, absolutamente todos los golpes, rozaduras, arañazos y porrazos que durante los próximos días te irás dando, porque inexplicablemente te golpearás con todo más que nunca, todos irán a ese dedo. Habiendo nueve dedos más que machacarte, algo parecido a un imán poderosísimo, capaz de atraer todos los objetos cortantes, afilados y abrasadores, se habrá instalado en tu dedo. Y lo malo es que no sabes cuánto tiempo permanecerá ahí…

Con el alma pasa lo mismo…

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