domingo, 8 de julio de 2007

Poder limar esas aristas. Las que crecen hacia dentro, las que no se ven, pero se clavan. 

Las que duelen, tanto que no te impiden dejar de ser consciente ni por un instante de que te están matando de manera lenta, pero inevitable. Esas que hieren mucho más profundamente que las que lanzamos contra los demás, porque se hincan con saña en nuestras partes más débiles, las más ocultas, las más profundas… Aristas agudas y venenosas, las que nadie imaginaría que llevamos dentro, porque todos los demás creen que ellos son los únicos que las sufren…

Las que en lugar de erosionarse con el tiempo, se afilan…

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