martes, 21 de agosto de 2007

Es en las refriegas más virulentas, en las disputas más encarnizadas, en el cuerpo a cuerpo más directo, cuando uno demuestra si es un caballero, alguien capaz de respetar unas reglas no escritas, con estilo, con un saber usar las armas que tiene con tacto y elegancia, o si por el contrario no es más que un sucio macarra, capaz de darte una puñalada inesperada y certera, dispuesto a morder con saña donde sabe que hará más daño.
Lo demás son palabras vacías, aunque sonoras.
Pompas de jabón, sin nada dentro.

Humo.

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