sábado, 8 de septiembre de 2007

No espero demasiado de la gente, en absoluto. Sin embargo, habría que tener una actitud muy escéptica ante el género humano para prever hasta dónde pueden llegar algunas personas cuando se proponen algo, aunque ese algo suponga pasar por encima de todo y de todos, a cualquier precio. Sería una forma de vivir y de mirar a tu alrededor basada en la desconfianza, en la incredulidad, en la alerta constante esperando que pasara lo peor, pensando siempre mal para después acertar y nunca sentirte estúpida de puro buena y tonta. Dando por hecho que todo el mundo es malo, hasta que se demuestre lo contrario, con especial prevención hacia esas personas que, de entrada, más confianza te inspiran. Siempre en guardia.





Sería una manera de estar a salvo, de protegerse, pero yo no soy capaz. A pesar de los batacazos que cíclicamente me hacen pensar, como cuándo iba al colegio, que yo me he perdido algo de la historia, porque para mí cuesta lo mismo hacer mal que bien, y hacer el bien es mucho mejor, para los demás y para uno mismo. Pero no aprendo. Es inútil. Aún a costa del malestar que me ha acompañado durante las últimas semanas, una tristeza desasosegante que me hace mirar atrás y sentirme estúpida por haber confiado, por haberme dejado engañar de ese modo, sé que volverá a pasarme. Volveré a pensar bien, volveré a confiar, volveré a abrirme, para luego descubrir que todo era un timo. Y volveré a encontrarme como ahora, dando gracias al cielo por mi lado prudente respecto a las relaciones personales, esa tendencia mía a la reserva que tanto daño me ha hecho en otras ocasiones, pero que ahora me ha salvado, bendiciendo esa timidez que tantas veces me ha perjudicado pero que de vez en cuando impide que acaben conmigo.




Debatiéndome entre la soledad y el sentimiento de cobijo y seguridad que genera, y la imposibilidad de asumir resignadamente que el infierno son los otros…

1 comentarios:

Alegría. dijo...

¿De qué te extrañabas entonces, locuela, cuando era yo la que te lo decía? El tema da para mucho, lo sé...