martes, 18 de septiembre de 2007

No soy una persona vaga, pero si quiero avanzar necesito disciplina. Límites. Objetivos. Necesito un horizonte lo suficientemente lejano como para no mirar constantemente mis pies y decidirme a avanzar. Si no lo tengo, me muevo despacio y sin ganas, porque no me queda otra, me estanco, me amodorro, y finalmente dejo que me arrastre la inercia de lo que siempre ha sido así y ni siquiera me planteo cambiar, aunque lo odie. Y lo peor de todo es que cuando eso ocurre, me doy perfecta cuenta, y me siento fatal, pero no puedo hacer nada, al menos mientras no surja algo que me pique, que me estimule, que atraiga mi atención y consiga que dirija mis ojos a lo lejos, a lo que no tengo todavía, pero que si me lo propongo, puedo tener…

Eso ha venido ocurriendo con la escritura desde hace años. Desde que escribo, o sea, desde siempre. Aunque mucho más desde que tengo el blog. Y me disgusta haber abandonado por completo escribir, pero sé que seguiré sin hacerlo a menos que me lo proponga en serio, algo que no consigo en los últimos tiempos. Así que, en vista de cómo soy, y como me conozco, la posibilidad de acudir a un curso de Escritura Creativa se presentó ante mí como un doble caramelo. Por un lado, nunca he asistido a nada semejante, siempre he escrito a la buena de Dios, y confieso sentir curiosidad por cómo pueden enseñarte a algo tan poco fácil de enseñar como escribir ficción literaria. Y por otro, uniendo lo práctico a lo lúdico, sé que ir a un curso así será una manera de obligarme a escribir, aunque no sea más que los deberes que nos pongan en las clases… Y quizás sea el empujoncito que necesito para volver a ver a lo lejos, y conseguir motivarme lo suficiente como para que esta escritora que hay escondida en alguna parte de mi, salga a flote, y empiece a llenar páginas en blanco, más allá del blog… El tiempo lo dirá: el curso no empieza hasta el mes que viene.

Por eso hoy, como puede verse en la columna de la derecha, junto al perfil, estoy ilusionada. Porque me gusta escribir. Y porque, a pesar de todo, aunque lleve años poniendo excusas y refugiándome en la comodidad mullida del blog, sé que puedo hacerlo.

A ver qué pasa…

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