viernes, 12 de octubre de 2007

Somos los libros que hemos leído, pero quizás seamos más aún los que nunca llegaremos a leer. Los libros que esquivamos, voluntariamente o sin querer, o los que nos evitan a nosotros, escondiéndose de nuestros ojos o poniéndonos delante a otros, que distraen nuestra atención y nos hacen ignorar a los primeros para siempre. Por eso terminan siendo tan importantes: porque pasan por nuestra vida y por nuestro espíritu, o no pasan jamás, y tanto su presencia como su ausencia tienen el poder de configurar nuestra alma de una manera determinada y definitiva, quizás sólo decidida por una buena foto de una portada sugerente frente a una demasiado sosa, o porque gane el pulso nuestro monedero y se lleve el gato al agua la edición de bolsillo frente a una edición demasiado ostentosa para nuestro presupuesto.

No somos más que los libros que quedaban en la biblioteca antes de que llegáramos.

Y los que nuestra paga semanal nos permitió comprarnos…

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