sábado, 5 de enero de 2008

Estas fiestas he escrito cinco tarjetas de felicitación. He recibido cuatro, de las mismas personas a las que yo escribí. Apenas me ha hecho ilusión recibirlas. Uno de mis primeros propósitos para este año ha sido que no escribiré ninguno más. Nunca.

No he mandado ningún sms deseando felices fiestas a nadie. Yo he recibido tres. Uno no lo esperaba, porque ya había recibido un tarjeta por correo deseándome lo mismo, otro sí, y el tercero es un enigma. No sé quién me lo envió. Ni lo sabré nunca, me temo. Alguien me deseaba felicidad, a pesar de que nuestros caminos no volverían a encontrarse. Respondí al mensaje preguntando quién era. No hubo respuesta. Podría haber llamado al teléfono que aparecía junto al sms y salir de dudas, pero no lo hice.

Ayer borré todos los mensajes de la bandeja de entrada de mi móvil. Lo hago de vez en cuando. También borré los de salida.

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