domingo, 20 de enero de 2008

Una vez alguien me dijo que las personas somos islas. Trozos de tierra rodeados de soledad por todas partes, flotando en el océano de la vida. De vez en cuando, uno de estos islotes se cruza con otro, y durante un tiempo comparten el mismo horizonte, pero las corrientes submarinas suelen ser traicioneras y terminan por llevarse lejos a uno de ellos, mientras que al otro se le queda cara de tonto y el corazón vacío. En otras ocasiones se produce un fuerte impacto entre los dos, y las consecuencias pueden terminar siendo desastrosas: el atolón vuela por los aires, y cuando todo ha pasado, uno termina encontrando fragmentos de corazón ajeno en los lugares más insospechados.

Desde que te encontré, yo ya no soy una isla. Soy una península, unida a ti por una pequeña franja de tierra que consigue el milagro de que nunca me sienta sola del todo.

El istmo de tu amor.

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