sábado, 23 de febrero de 2008

Hace años empecé algo que quería ser una novela. Sólo tenía claro el título y una idea básica, mínima, pero que me pareció lo suficientemente atractiva como para perder un poco de mi tiempo en intentarlo. A partir de ahí empecé a tirar del hilo. No conseguí nada más que un puñado de páginas, antes de que el hilo se me rompiera y me quedara con un trozo en la mano. Un palmo de hilo inútil que dejé olvidado en una carpeta, en alguna parte de mi ordenador. Luego abrí este blog, empecé a sentirme cómoda escribiendo posts, y me olvidé para siempre de aquello. El mundo de la novela seguiría adelante sin mí.

He vuelto a releer aquello, y creo que lo único que se puede salvar es el título. Hay párrafos que siguen siendo buenos, pero el conjunto es decepcionante. Son palabras muertas, sin vida dentro, como un puñado de mariposas disecadas que, al volver a sacar del cajón, se han convertido en polvillo de insecto momificado. La idea que me parecía tan brillante hace unos años ha perdido fuerza, como una gaseosa que olvidaste en la mesa sin el tapón puesto. O quizás soy yo la que ha cambiado en todo este tiempo. Sin embargo, ver ahora mi fiasco novelístico, cómo todo se quedó en nada pudiendo haber hecho algo, ha espoleado mi amor propio y mis ganas de intentarlo de nuevo. Supongo que, después de todo, no termina de gustarme fracasar. Así que estoy pensando en intentar encontrar un nuevo hilo, y tirar de él.

Quién sabe lo que vendrá detrás…

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