lunes, 10 de marzo de 2008

Cuando te toca formar parte de una mesa en las elecciones, puedes reaccionar de dos maneras. Acordándote de toda la familia del que inventó el sistema democrático y de paso también de los progenitores de los padres de la constitución, o poniéndote contenta. Yo me puse muy contenta. Desde que voté por primera vez, me apetecía la posibilidad de ver las elecciones desde el otro lado de la urna. Aunque la gente que lo había hecho me dijese invariablemente que era un rollo y un marronazo, que acababas harta y cansadísima, que terminabas hecho migas a las tantas de la noche, y que no merecían la pena los 60 euros que te daban (a mi me dieron 84,00...). Yo quería que me tocara, y claro, no me tocaba... Hasta que dejé de pensar en ello. Cuando ya daba por hecho que esta vez tampoco, recibí notificación de que esta vez sí. Primera Vocal. Y titular, nada de suplente. Si me hubiesen dicho que me había tocado un viaje al Caribe en el sorteo del supermercado de la esquina, no creo que me hubiese puesto tan entusiasmada ante la idea. En fin, lo reconozco, soy un bicho raro. Un espécimen extraño y excéntrico que disfrutó un montón del día de ayer, a pesar de acabar sin sentir los dedos (me tocó escribir...) a las 2 de la madrugada, desde las 8 de la mañana. Me gustó ver a mis vecinos votar, sus guiños cómplices al verme devolverles el DNI, me encantó el grupo de gente que me tocó en la mesa, me cayeron igual de bien el interventor del PSOE que la del PP, aunque por muy distintas razones, descubrí que tengo una vecina de urbanización bien maja a la que le tocó ser presidenta, no me importó comer y cenar un triste sandwich y un zumo a toda velocidad, y me chupé literalmente los dedos con los pasteles y la empanada de los socialistas, aunque tampoco hice ascos a las botellas de agua fresquita ni a los rotuladores y bolígrafos de los de Rajoy...

Ojalá me toque otra vez. Si no, estoy pensándome ofrecerme de interventora para las siguientes elecciones. Pero... ¿en qué partido? ¿En el que voté ayer? Supongo que sí.

Sin embargo, reconozco que la idea me atrae y me tira para atrás a partes iguales. Porque sería pasar a la acción. Dejar de mirar cómo los demás hacen cosas, y actuar. Formar parte de algo. Un paso importante, aunque parezca una tontería significaría implicarme de manera activa en política... Aunque sólo sea a nivel de una agrupación municipal, y sin afiliarme al partido, siquiera. Pero sería definirme. Mojarme. La verdad es que dicho así suena muy impresionante y, para qué negarlo, me acojona un poco... No sé, supongo que queda en mí el residuo de miedo que deja el ser hija de la generación de la postguerra, cuando la gente pensaba que lo mejor era no definirse políticamente, pasar desapercibido, por lo que pudiera pasar, por si de nuevo "cambiaba la tortilla"... "No significarse", como decían hace poco en "Cuéntame"... Yo he vivido eso. Ese pavor a decir lo que se piensa, por si acaso... Como si fuera imposible librarse del peso del pasado.

El miedo. Hace tiempo que decidí dejarlo atrás. Lo voy consiguiendo, pero aún me ronda. Estas dudas son una prueba de ello.

Quizás éste sea el momento de darle la patada definitiva…

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