lunes, 31 de marzo de 2008

OSADÍA


En la esquina doblada

del libro que ahora lees, mientras me sueñas.
Ahí estoy. Escondida
bajo el recuerdo aún fresco de un aroma. El mío.
ése que nunca encontrarás más allá de mi piel,
el mismo que reconocerías en el infierno,
si hasta allí llegaras intentando huir de mi presencia.
Inútilmente. Porque estoy dentro, donde nadie entra
si no es con tu permiso,
y perdimos la llave, sin hacer copia...

En tu ceño fruncido, mientras piensas
en otras cosas, quizás más importantes, o quizás no,
ahí también revoloteo yo, libélula atrapada,
sacando chispas que iluminan tu camino,
chocando contra las paredes de tu noche,
haciendo de ella día.
Ya no se pone el sol en tu horizonte,
porque yo soy luz, y a veces nubes, y también tormenta.
Relámpago que hiere, trueno que ciega, tempestad que asusta,
pero tú miras sin miedo por el cristal mojado,
porque sabes sin que nadie te lo diga,
que todo irá bien,
porque estoy contigo.

Trozos de mí, fragmentos que te entrego cada día,
y que tú guardas, con cuidado, para que no se rompan,
doblados en el bolsillo de tu alma, donde nadie los coja.
Piezas inútiles de un puzzle inmenso,
que completaste, tú solo, hace ya tiempo...

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