domingo, 27 de abril de 2008

DESEO

Crece el deseo.
Crece como la hierba,
a pesar suyo,
a pesar nuestro.

Crece despacio, la hierba,
imperceptiblemente,
sin saber que hoy
es un poco más alta,
más verde, más brillante
que ayer.
La hierba no sabe de su esencia,
la que sólo aparece
cuando la hoz termina su trabajo.
Crece en silencio, sin prisa,
ignorante de su perfume único
que embriaga y reconcilia
con las cosas pequeñas,
las que importan.

Así crece el deseo,
oculto, agazapado
discreto, casi vergonzoso.
Como crecen los niños de los otros,
a los que vemos sólo de tarde en tarde,
y nos recuerdan lo mayores que somos.

Hasta que un día estalla,
el deseo,
y explota en nuestras manos,
nos clava sus esquirlas,
en el alma y el cuerpo,
crece hasta desbordarse
y desbordarnos.

Y ya nada vuelve a ser lo mismo.

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