jueves, 22 de mayo de 2008

Te haces mayor sin darte cuenta, incapaz de ver los cambios, y por un extraño fenómeno de la mente conservas durante buena parte de tu vida la sensación de que tienes una edad, pueden ser 18 ó 25 años, y en ella sigues durante lustros enteros, a pesar de la arrugas de los ojos, aunque ya no lleves camisetas ajustadas y ombligueras, aunque haga mucho que no gastas tu dinero en discos y libros, sino en pagar hipoteca y guarderías. Es como cuando dejas de cortarte el pelo, pero no notas cómo te crece, hasta que un día te das cuenta de que puedes hacerte una hermosa cola de caballo. Sabes que no tiene sentido, que el pelo no te ha crecido de la noche a la mañana, igual que sabes no puede ser que te sientas y te veas igual que entonces, cuando estudiabas los últimos años de carrera. Pero lo es, tiene tanto sentido que no le buscas explicación, hasta que un día, de pronto, despiertas. Puede ser en el probador de una tienda, cuando no entiendes qué haces ahí con unos vaqueros de talle demasiado bajo. O en la cola del Mac Donalds, rodeada de niñas que podrían ser tus hijas, y que te llaman de usted. Un buen (o mal) día descubres que ya has vivido la mitad de lo que supones que vivirás, tirando por lo alto y dando por hecho que no te estrellarás con el coche en esa curva tan fea que coges cada tarde, o que no pillarás una enfermedad extraña que te lleve a la tumba sin esperar a que te jubiles.

Y ese día, quizás ése, precisamente, y no otro, empiezas a darte cuenta de que casi nada es tan importante como creías. Seguramente olvides enseguida cuándo se produjo ese “click”, pero no importa. El punto de no retorno es lo de menos cuando lo que ha cambiado es tu manera de mirar las cosas, cuando te das cuenta de que tus ojos ven más allá de lo evidente, de lo obvio, y que, después de todo, nada es tan grave como pensabas, que lo trágico tiene mucho de cómico, y que casi nada merece que lo consideres ni la mitad de importante de lo que han intentado (y lamentablemente, conseguido) convencerte durante toda tu vida anterior.

Yo acabo de doblar esa esquina. 

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