miércoles, 11 de junio de 2008

Hay muchas maneras de llegar a un mismo punto. Por autopistas, con sus correspondientes peajes. Por senderos abruptos, pero atravesando lugares inexplorados y hermosos. Por aceras mugrientas, esquivando coches mal aparcados y sin poder evitar algún empujón de un peatón demasiado apresurado.

A veces ni siquiera podemos elegir nuestro lugar de destino. Porque las circunstancias nos lo imponen. No siempre podemos decidir. A veces, incluso es agradable no hacerlo. Dejarse llevar. A ver qué pasa.

Pero siempre, siempre, lo verdaderamente importante es el propio camino.

Ni el origen ni el destino.

El durante.

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