jueves, 26 de junio de 2008

Narvik es una ciudad perdida en medio de la nada. Un pretexto para poder dar salida al hierro de las minas que la rodean. Quizás el lugar más alejado de todas partes al que vaya nunca. Más cerca del Polo Norte que de París... Hace frío, pero no me molesta. Llueve, pero me gusta. Cada vez estoy más segura de que algún gen celta o vikingo deambula en mi ADN, aunque no tengo ni idea de dónde puede salir. Si no, no me explico este gusto por la bruma, el tintineo de las gotas de lluvia sobre el chubasquero...

Próximo destino: las islas Lofoten...

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