domingo, 6 de julio de 2008

Estación de ferrocarril de Oslo. Al fin en la capital de Noruega, después de haber recorrido el país de arriba a abajo, nunca mejor dicho. Narvik, las islas Lofoten, Trondheim, Stavenger, Bergen y finalmente, Oslo. Es curioso ser la única espanola (no tengo enes, lo siento) en un bar de las Islas Lofoten viendo la semifinal contra Rusia. Curioso, divertido e inaudito: la primera vez en mi vida que veia un partido de futbol en un bar... Exceptuando la Eurocopa, sin noticias del mundo en todo este tiempo, ni ganas, salvo algún vistazo rápido a "El País" en algún kiosko. Noticias insustanciales, de verano, a fin de cuentas, todas podrán esperar a la vuelta. Sin embargo, una nos sorprende,mucho y para bien: imposible no sentir una gran alegría al saber libre a Ingrid Bethancourt.

Viajar en tren por este país es no sólo recomendable, sino necesario para disfrutar plenamente de él. Las distancias son enormes, lo cual no sólo haría de un viaje en coche algo agotador e interminable, sino carísimo. Pero lo mejor del tren son los lugares que atraviesa: pueblos perdidos en las montanas, con fiordos en los que, en el mes de Julio, aún flotan bloques de hielo. Impresionante.

Queda menos de una semana. Suficiente para echar un ligero vistazo a Suecia: Goteborg, Malmo y Estocolmo. El tiempo está pasando rápido. Debe ser que estoy siendo feliz.

Sí.

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