lunes, 11 de agosto de 2008

Cuando una se baja de la noria y se va a dar una vuelta por el resto de la feria, se ven muchas cosas. Los ojos se te vuelven a acostumbrar a la quietud, la cabeza deja de darte vueltas y te fijas en los detalles. De pronto, aunque ya lo sabías, pero se te había olvidado, te das cuenta de que también hay puestos de algodón de azúcar, y gente paseando y riendo, que aún existe el tren de la bruja, tan cutre como siempre, e incluso compruebas con una sonrisa que también siguen ahí los patitos de goma del tiro con escopeta de aire comprimido. 

De vez en cuando es necesario bajarse del mundo, mirar como gira sin ti, y luego, a lo mejor, volver a subirse. O quizás no.

Yo me lo estoy pensando. 

0 comentarios: