viernes, 5 de septiembre de 2008

Hoy el día ha amanecido fresco, el verano empieza a decir adiós, y eso siempre es una buena noticia para mí. Soy mucho más partidaria del frío, el té caliente y la lluvia que del sol, la playa y el gazpacho. Y es que me encanta el mes de septiembre, aún no hace frío de ese desagradable que te encierra en casa. Pero lo mejor es esa sensación de novedad, de comienzo, ese olor a nuevo de la vida, como a lápices sin estrenar y a goma de borrar de nata. Además, este año esa sensación es una realidad: me han cogido para un curso de contabilidad para desempleados que da el ayuntamiento del pueblo donde vivo. Tres meses con las tardes ocupadas en aprender a moverme en el proceloso mundo de los números y los impuestos. Así que, esta mañana he hecho lo que haría cualquier estudiante que el lunes empieza a ir a clase: ir al bazar del chino de la calle Real y comprarme una carpeta, un bloc y un rotulador.

Luego he vuelto a casa, y me han entrado unas ganas locas de cambiar las cortinas de la ventana. Y ya puesta, también las de la cocina.

(Por cierto, podéis descruzar los dedos: a pesar de que me aseguraron que hoy me avisarían tanto si me cogían como si no, no ha habido respuesta alguna a mis dos entrevistas de trabajo de esta semana. La gente es así de informal… Pero gracias por intentarlo. ;-)

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