domingo, 7 de septiembre de 2008

Ya hace mucho que mi vida merece la pena, y sin embargo aún me sorprendo de vez en cuando con los dedos manchados por las cenizas de un tiempo pasado que para nada fue mejor, sino mucho peor. Un tiempo en el que lo único que quería era estar en otra parte, donde fuera, pero lejos de donde me había tocado estar. Y aunque aquello pasó hace mucho, tanto que ya puedo medir mis años de felicidad por décadas y lustros, aún hay momentos en los que me siento igual que entonces, cuando mi vida era algo gris y triste, sin chispa. Como si todos estos años buenos, de plenitud y superación de una situación a la que nunca quise resignarme, no tuvieran tanta fuerza como los años más negros. Como si el precio de mi bienestar de ahora fuese el no olvidar nunca lo que fue mi vida en aquella otra época.

Somos lo que el tiempo y las circunstancias han hecho de nosotros, pero sobre todo estamos hechos de lo que hicieron de nosotros los demás cuando aún no podíamos decidir sobre nosotros mismos, y, sobre todo, de todo lo que nos impidieron ser. Pesa la infancia, y la adolescencia, y ese lastre puede convertirse en un fardo difícil de arrastrar consigo, y aunque se va desgastando con el roce del tiempo, nunca terminas de soltarlo del todo. Y cuando crees que ya has superado ciertas historias, te das cuenta de que hay sensaciones que siguen ahí, frescas, increíblemente potentes a pesar del tiempo transcurrido,  y te sorprende cómo es posible que aún te afecten ciertas cosas que deberían estar más que muertas y sepultadas por toneladas de tiempo y olvido.

Son momentos inesperados, sin causa aparente que los desencadene. Días en los que te levantas con el ánimo más bajo, apagada, sin fuerzas y sin saber muy bien por qué. Aunque luego lo piensas, y quizás todo sea tan sencillo como comprobar en carne propia que no hay luces sin sombras. Y que quizás la luminosidad que ahora salpica la mayoría de tus días necesita de aquellas sombras que fueron para brillar en todo su esplendor y recordarte la suerte que tienes.

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