sábado, 18 de octubre de 2008

Hay noticias que por su fuerza devastadora necesitan un tiempo para poder ser asumidas. Primero te sacuden y casi te tumban, te dejan en un estado de angustia irreal desde el que miras lo que ocurre, como si de una pesadilla se tratase, entre una nebulosa extraña en la que no tienes sueño, ni hambre, ni sed, sólo miedo, mucho miedo. El paso de los días no consigue que aceptes lo que pasa, nadie acepta sin más la sombra de la fatalidad planeando sobre uno, pero sí que logras no paralizarte cuando miras de frente lo que está pasando, y el terror inicial da paso al impulso de seguir adelante, cueste lo que cueste. Porque lo que está en juego es mucho. En realidad, lo es todo: su vida. O sea, la tuya.

La suerte nos ha permitido cambiar Madrid por Pamplona. Lejos de casa, pero con la sensación de estar en el lugar en el que si algo puede hacerse, se hará. Esto no ha hecho más que empezar, pero lo más importante es que ya está en marcha. Ahora viene lo más difícil, la lucha cara a cara contra la enfermedad. Un camino nada sencillo, pero al que tanto él como yo, estamos dispuestos a enfrentarnos.


Con todas nuestras fuerzas.

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