domingo, 23 de noviembre de 2008

Bajo la persiana de la ventana de momento, hasta que merezca la pena subirla y abrir los cristales de par en par. No me gusta lloriquear, y lo estoy haciendo en demasía en los últimos tiempos. Para empezar, porque no es mi estilo, y lo que es más importante, porque no me siento cómoda haciéndolo. Me releo y no me gusta lo que veo. Lamentarme sobre mi mala suerte ni siquiera me sirve como desahogo, al contrario: no me gusta preocupar a los demás, y lo estoy haciendo. Además, un sentimiento claustrofóbico se está apoderando cada vez más de mí, cuando me asomo por aquí. Quedarme mirando desde el otro lado del cristal cómo llueve, cómo los demás andan ahí fuera, bien abrigados, yendo a alguna parte, mientras que yo no puedo hacerlo, sólo sirve para que me agobie aún más el hecho de estar encerrada, para sentir aún más la anormalidad que me rodea. Este blog siempre me ha dado alegrías, y no quiero que termine siendo un lugar al que me acerque con recelo, un sitio en el que, al ver mi reflejo en el cristal, no me reconozca, como está sucediendo ahora. Y si sigo así, con este sentimiento extraño que se va haciendo más fuerte cada día, venir aquí se convertirá en un momento triste: y de esos, me temo, ahora mismo tengo más que suficientes, sin necesidad de buscarlos.

No sé cuándo volveré. Pero sí sé que cuando lo haga, será algo bueno. Para mí y para los que me lean.

0 comentarios: