lunes, 3 de noviembre de 2008

Intento sacar el lado positivo de todo lo vivido en los últimos tiempos, y lo consigo. Podía haber prescindido de esta lección acelerada y a bofetones de vida, pero no se me ha dado la opción de elegir, así que me limito a recoger los frutos comestibles de unos momentos amargos como pocos.

El primero ha sido comprobar lo cierto que es eso que se dice de que la familia es muy importante, especialmente cuando la vida te golpea con especial saña. Los mafiosos italianos sabían lo que se decían, porque mi familia más cercana, es decir, mis padres y mi hermano, han reaccionado como una perfecta máquina de ayudar y apoyar que, tengo que confesarlo, me ha sorprendido y reconfortado muchísimo. No es que no lo esperara, me llevo bien con ellos, y siempre han estado cerca, y supongo que de alguien me viene crecerme y sacar lo mejor de mí en momentos de crisis, y es de ellos. Están siendo un puntal muy importante en estos momentos.

Aunque nunca he sido una mujer dependiente y supeditada a su cónyuge, sí que teníamos bastante compartimentadas tareas y asuntos de la casa y del día a día de los que se ocupaba cada uno, mientras que el otro chupaba rueda y se dedicaba a lo suyo. Ahora me ha tocado ocuparme de todo. Y todo es mucho. Me desbordó un poco al principio, pero el caso es que no me está yendo mal.

Otro regalo inesperado y grato ha sido sentir el apoyo de tanta gente, más cercana una, no tanto otra, pero todos ellos preocupados sinceramente por mí. Siempre he dicho que me sentía sola. He escrito muchas veces sobre ello, amargamente y sintiendo que era algo así como un destino fatal del que no podía escapar. Me equivocaba. Ahora no es así. Ya no me siento sola, y más aún, me siento querida. Muy querida incluso, por parte de ciertas personas. Es un cambio importante, mucho, y decisivo para que estos momentos se suavicen un poco más.
Aunque de todo lo que he aprendido en estos días, creo que lo más importante ha sido darme cuenta de lo relativo que es todo. Especialmente lo que consideramos importante o grave.

La vida a veces tiene caminos muy retorcidos para intentar decirte cosas tremendamente sencillas.  O será que, para que entendamos algunas de ellas, necesitamos que nos zarandeen con brusquedad, que nos peguen un par de guantazos, y de una vez abramos bien los ojos y la mente.

Será eso.

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