domingo, 29 de noviembre de 2009

Bofetadas de realidad

Leo con admiración cómo algunos valientes se lanzan a la caza y captura de una plaza en el funcionariado, y no puedo evitar sonreír, sabiendo que eso, como tantas otras cosas, tampoco es para mí. La bicoca de un puesto con buen horario y para toda la vida  me ha tentado alguna vez, como a todo buen español, pero también lo he visto siempre como algo imposible, absolutamente fuera de mi alcance, primero por falta de paciencia (¿quién es el valiente que, después de estudiar desde los cuatro años, sigue haciéndolo cuando al fin ha terminado? Yo, desde luego no...), y luego por incapacidad de organización y sacrificio suficientes (¿estudiar otra vez y además compaginándolo con otro trabajo? Ni de coña...). Y así  he pasado mi vida laboral, mirando a los funcionarios como seres extrañamente privilegiados y tocados con la varita de la buena suerte, y con los que yo nunca podría mezclarme.

Supongo que a todo eso hay que unirle el paso del tiempo, y el hecho de haber dejado atrás la ingenuidad necesaria para presentarse a unas oposiciones, esa esperanza entusiasta del  que se lanza a buscar una aguja en un pajar. Será también porque nunca he sido aficionada a los juegos de azar (sí, yo soy esa rancia que hay en todas las oficinas, la que nunca participa en el número de la lotería que se compra cada navidad, y que provoca comentarios del tipo "¡Hala, ¿y qué vas a hacer si nos toca a todos y a ti no?"), y hay cosas hay que afrontarlas con un mínimo de ilusión que yo, tan realista para algunas cosas, nunca he tenido, y ahora, menos todavía.  Pero confieso que, al igual que, aburrida, algun año terminé comprando un décimo que sabía que no tocaría, también he probado a estudiar de nuevo a cambio de una plaza en el ayuntamiento, aún a sabiendas de las escasísimas posibilidades, y, claro, no ha habido manera. A pesar de inscribirme para el examen, comprar los libracos, y estudiarme el primero casi entero, terminé dejándolo por imposible. No se puede seguir adelante con algo tan sacrificado con la seguridad de que no lo conseguirás, es una manera absurda de atormentarse a una misma. Así que, en vista de que mi fe en las posibilidades de conseguirlo disminuía al mismo ritmo con que pasaba las páginas del temario, lo dejé. Y si a esto le unes la triste comprobación de que una ha perdido buena parte de la capacidad de concentración que hace falta para hincar los codos, pasa lo que tiene que pasar. Los libros terminan en el contenedor del papel y tú aceptas lo que el viejo Ramón Villaamil de "Miau", no fue capaz de asumir:  que no te jubilarás al calor de los expedientes de ningún organismo público.

Ahora nado en las aguas estancadas y malolientes del desempleo, en mi caso voluntario, por razones de fuerza mayor que me mantienen en casa y que hacen que la cosa laboral me la traiga bastante al fresco. Y soy más consciente que nunca de que si ahora no me saco una plaza, no lo haré jamás. Y sé que cuando vuelva a trabajar, será otra vez con un contrato sin garantías, con un horario malo, y no duraré más de tres años en el mismo sitio. Porque siempre ha sido así, y hay cosas que no cambian. Pero lo mejor de todo es que antes era algo que me preocupaba, y hasta me hacía pensar en hacer unas oposiciones, y en cambio ahora me da exactamente igual.

6 comentarios:

La donna è mobile dijo...

Yo pensaba como tú, te advierto. Estaba un poco hasta el moño con eme de ir dando bandazos por todas partes, hasta que se me metió en la cabeza que por qué no iba yo a poder aprobar al menos, para entrar en la bolsa, unas oposiciones a la universidad (un plan muy ambicioso, como verás, porque ahí ya iba implícito mi deseo de volver a estudiar y lógicamente, la perspectiva de estando casi solita en la vida con estos dos monos míos, queellos también tuvieran algunas facilidades para tener estudios universitarios).

Así que también como tú un poco hastiada y obligándome viva, preparé el curso de acceso y cuando me lo saqué, ese verano preparé, también obligándome viva, las dichosas oposiciones. Y las saqué. Y encima en la biblioteca, que es lo más me gusta del mundo mundial all over the world. Y después me dije, Rochita, a Filología. Y no pudiendo dije, Rochita, a Derecho. Y fíjate, el año pasado mis notas fueron las mejores de mi clase y este curso no pienso dejar que sean menos. Y se puede. Y no me van a dar ninguna medalla, ya verás, pero ahí estoy yo, saliéndome del mapa que da gloria verme, cuando creía que jamás en la vida, a mí, y etcétera...

Se pasa de una dimensión a otra sólo por huevos, Teresa. Hace siempre más el que quiere que el que puede. Es casi una cuestión de mala hostia (digo, para el que es pacífico y bueno y tal).

Medita sobre esto último. Pero poco, :-))))

Teresa, la de la ventana dijo...

Tienes toda la razón, Rosa. Porque ahí está la clave: yo ahora podría (muchas veces me he dicho eso de "Teresa, hija, tú has estudiado una carrera de cinco años, ¿cómo no vas a sacar una oposición de las de Graduado Escolar?"), tengo el tiempo, pero no la cabeza para meterme en algo así. Sí, soy consciente de que si me pusiera a ello, lo mismo lo conseguía, pero es que ya no quiero. Ha dejado de ilusionarme, ha perdido todo el sentido que tenía para mí ese esfuerzo, ni siquiera el premio del goloso resultado me estimula ahora mismo. Ya no veo las cosas de la misma manera, y eso implica que la (poca) mala hostia que podría usar para apretarme las tuercas a mí misma, esté por ahora aparcada. Lo último que necesito en este momento es sufrir más, así que intento esquivar en la medida de mis posibilidades todo lo que lleve consigo pasarlo mal o tener la sensación de perder el tiempo, aparcando el presente para vivir el futuro, por muy chulo que pudiera ser un futuro como funcionaria. No puedo hacerlo, así que simplemente mi cabeza actúa en consecuencia: no me deja pensar a tan largo plazo. Es un lujo que no sé si algún día podré volver a permitirme...

Reyes Uve dijo...

Hola Teresa, por alusiones;
vamos por puntos.
1. No soy valiente , lo hago por necesidad ,porque tengo una hija y estoy divorciada , que si por mí fuera , me quedaba dando vueltas en las ETT hasta la edad de la jubilación.
2.Sé positivamente que no voy a por una plaza , entre otras cosas porque se me va la olla estudiando, mogollón , y no estoy al cien por cien , en absoluto, lo que quiero rozar es la posibilidad de entrar en la bolsa de trabajo como la mujer que ha comentado antes .(curiosamente , también es una universidad , bastante joven donde en el colmo de la paja mental me imagino dentro de unos años licenciándome en algo absurdo que me dé mucha vida, una carrera nueva como "Especialista en Recursos Literarios sin Futuro pero Bellos ", o algo así).Más que nada porque eso será mejor que comprar el cupón en la esquina y pasarme la mañana en el centro de salud, como los demás jubilados.
3. De cualquier modo, sin caer en derrotismo , sé que está difícil y que no lo voy a conseguir (menos mal que no quería caer en derrotismos,jeje) pero es una oportunidad y no la puedo dejar pasar .
Ahí estamos , al final , verás como me quedo 5 puntos por debajo por culpa de la puta informática, como las convocatorias anteriores.
En fin , así es la cosa.
Un beso enorme .

Teresa, la de la ventana dijo...

Más a mi favor, Reyes, para decir que eres una valiente, por intentarlo aunque en el fondo sepas que tus posibilidades son mínimas. No tiene ningún mérito cuando te lo ponen a huevo, sino cuando lo ves tan negrísimo y aún así pruebas ¿no crees?

Anónimo dijo...

Pero yo no viá aprobaaaaarrr , niñaaaa....
jajaja
ves los efectos ??
jaja.
otro beso.

(sí, la Reyes, otra vez escaqueándose )

Teresa, la de la ventana dijo...

He dicho "pruebas", no "apruebas"...

(Tú, so vaga, a estudiar...)