martes, 24 de noviembre de 2009

C'est fini!


Han sido años, muchos, más de diez, desde aquella tarde en la que fui a comprar los materiales a una tienda de labores cercana al Santiago Bernabeu. "El club de la aguja", se llamaba (y se llama, he comprobado que aún existe). Yo tenía claros los colores, mis favoritos, azul, blanco y rojo, así que no tardé mucho en elegir. Salí de la tienda con un montón de metros de tela que tenía que transformar en algo bonito y único. La idea la saqué de una revista francesa, aunque hice algunos cambios que mejoraron el resultado final y lo personalizaron aún más. Tracé bocetos, los coloreé con mis viejas pinturas Alpino, que sobrevivieron al instituto y a la universidad, y busqué un cartón fuerte y resistente para hacer las plantillas de los trocitos. Recordé que nunca se debe empezar un trabajo de patchwork sin lavar antes las telas: no se sabe si encogerán o lo que es peor, si desteñirán, lo cual arruinaría el trabajo de muchas horas de manera estúpida y sin solución. Dibujé montones de triángulos, rectángulos y cuadrados de todos los tamaños y colores, y los recorté. Después cosí a mano los trocitos, formando cuadrados rojos y azules. Cuando tuve muchos, los uní entre sí, hasta formar un rectángulo enorme, tan grande como una cama de matrimonio.

Pasó mucho tiempo hasta entonces: tanto que me cambié de casa, de ciudad y hasta de trabajo en dos ocasiones. Cogí y solté la labor muchas veces, hasta pensé que no sería capaz de terminarla jamás, que me había metido en un proyecto excesivamente ambicioso para mi capacidad y mi paciencia. Pero aunque harta e incluso bastante desesperada en ocasiones, me había propuesto llegar hasta el final. Puntada tras puntada, con meses en blanco de odio irracional hacia la puta colcha, y semanas febriles de coser durante horas y horas, la cosa fue avanzando. No se me ha ocurrido calcular el número de veces que habré metido y sacado la aguja hasta verlo terminado, entre la unión de los trozos hasta el acolchado, pero confieso que, ahora que todo acabó, tengo curiosidad porque deben ser muchísimas. Miles y miles de puntadas. Tampoco sé la cantidad de tiritas que he gastado para evitar que el hilo de nylon me hiciera sangre. Lo raro ahora es verme el dedo al aire.

Y ahora, cuando ha llegado el momento tan esperado, después de lavarla y darme cuenta de lo bien que ha quedado, me siento un poco rara. Supongo que lo que pasa es que ahora me falta algo, claro.  Ha sido demasiado tiempo viéndola rodar detrás de mí, persiguiéndome, gritándome en silencio "Cóseme. Terminame de una vez. Venga, so vaga, que ya está bien...". Pero lo más curioso es que ahora la veo ahí, tan bien hecha, tan simétrica y tan requetebonita que hasta me parece mentira que haya salido de mis manos...  Aunque, eso sí, estoy muy, muy contenta. Se nota, ¿no?

8 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

¡Sí que se nota, sí!

:-)

Felicidades, el mundo siempre es un poco mejor cuando el trabajo y el tesón dan un fruto tan bonito.

Juliet dijo...

¡Además el diseño es superchulo! Un "ole" para tu paciencia, y perseverancia.

Gonzalo dijo...

Blanco, azul y rojo...

Enhorabuena por un trabajo bien hecho, doy fe de tu tesón.

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso mismo pienso yo, Jesús. Mola saber que eso existe gracias a tu cabezonería y, además no hay otras cuatro mil más igualitas esperando en Ikea.

El diseño es sencillo, hasta creo que tiene algún nombre dentro del patchwork más tradicional americano, Juliet. A ver si lo busco, por curiosidad.

Blue, blanc, rouge, sí, Gonzalo... Ya ves, me sale el afrancesamiento por los poros, sin darme ni cuenta, jajajjajaja...

Reyes Uve dijo...

ENHORABUENA.
además debo decirte que , aparte de que la manta sea guapa, que lo es, has descrito perfectamente cualquier trabajo arduo que se precie.
Esto es, períodos de odio intenso , de ganas de parar , con otros de inspiración sin medida;
lo mismo puede ser una manta que una novela .
Me ha gustado mucho.
Ahora , a disfrutarla.
Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Ha sido mucho tiempo con ella entre manos, Reyes. Pero ha merecido la pena, sí.

molinos dijo...

alaaaaaaaaaaaaaaaaa que paciencia y que fuerza de voluntad.

Yo no tengo ninguna de las dos cosas. Pero a ver si recupero un mantel de punto de cruz que tengo a la mitad desde hace 8 años...jajajaja.

Te ha quedado preciosa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Muchas gracias, Moli. Pero me ha llevado mucho tiempo, así que no pierdas la esperanza con tu mantel, jajajjajaja.