viernes, 27 de noviembre de 2009

De la realidad de lo irreal

Aunque a veces me parezca mentira llevar tanto tiempo metida en el mundillo de las bitácoras y tenga la sensación de que fue hace sólo unos meses cuando leí en el CiberPaís que existía algo llamado "blog" y que parecía ajustarse perfectamente a lo que yo quería hacer en ese momento, seis años es tiempo más que suficiente como para tener una visión bastante clara de cómo funcionan las cosas aquí dentro.

A través de esto, de mi página, de mis escritos y de la lectura de los de otros, he entrado en contacto con mucha gente, y de lo más variado. Jóvenes y no tan jóvenes. Hombres y mujeres. De mi misma ciudad y de muy lejos. Y con algunas de esas personas he terminado por dar el salto del plano virtual al físico, el de carne, hueso y risas sonoras, no en forma de "jajajjaas" o caritas sonrientes. Y, lo mismo que en la vida "real", esa del trabajo, la familia o las amistades, algunos de esos encuentros han terminado siendo un desastre digno de olvido, pero otros han sido sorpresas muy agradables. Aunque lo más curioso de todo es que, en su mayor parte, fueron una manera de corroborar lo que ya se veía antes sin necesidad de "tête à tête". Sí, casi todas mis quedadas fueron una buena idea, el paso lógico en una relación que empezó de manera poco convencional, para terminar convirtiéndose en algo normal y corriente, con los mismos defectos y virtudes que cualquier otro contacto nacido al calor de unas cañas o en el vestuario del gimnasio.  Que luego cada una evolucionara a su manera... eso es otra historia. Vengan del ciberespacio o del descansillo de tu escalera,  todos los lazos que hay que mantenerlos, y cuidarlos bien, porque languidecen de puro abandono cuando una de las partes se vuelve desidiosa, o se aburre.  O todo lo contrario, puede tratarse de gente con la que tengas paréntesis de incomunicación  absoluta y con la que, a la vuelta, todo vuelve a ser como antes, sin necesidad de explicaciones. Personas con las que discutes, y te enfadas, y dejas de hablarte.  O gente que se alegra con tus alegrías, y se entristece con tus penas aunque sólo las vean de lejos, porque por alguna extraña razón han terminado queriéndote, porque poco a poco te has ido haciendo un hueco en sus corazones y en sus vidas, aunque haya sido de una manera rara y por vías poco habituales. Y es que igual que ocurre en las relaciones tradicionales, el tiempo se va encargando de poner en su sitio lo que en origen fueron sólo palabras, de esas que se lleva el viento, o no, arrastrando consigo lo que no podía prosperar ni aquí ni en Pekin, y afianzando lo que era sólido porque nació sólido.

Porque aunque sea por caminos intrincados, lo auténtico, lo realmente real, siempre termina imponiéndose.

Venga de donde venga.

7 comentarios:

un desconocido dijo...

O vaya a donde vaya...

Teresa, la de la ventana dijo...

No te creas, desconocido. Si no se tiene el mismo horizonte o una meta similar, los caminos terminan separándose...

La donna è mobile dijo...

Siempre lo he dicho, hay que desconfiar de aquéllos que no quieren dar el salto, como si el salto fuera a suponer el porrazo de su vida. El desencanto. El desastre. El fin de la magia. ¿De qué tiene miedo el que teme encontrarse contigo (un poner), de qué? ¿Y qué necesidad hay de tener miedo? ¿Qué están viendo, qué película se están montando, a cuántos metros de altura sobre la realidad hay que irse para temer eso? ¿Qué clase de adornos hay que poner, que luego no son capaces de integrar tu materia en su cerebro? No sé, gente rara esa, ¿eh? Gente con muchos pájaros. Y peor todavía, gente agorera que no confía en que existan las líneas rectas, fáciles, las respuestas más sencillas, la opción poco dolorosa, que le lleve a ti por ti, el que ya conocía. No sé, cuando uno no puede confiar en lo que ya sentido para poner las bases de lo que tiene que conocer, sabiendo que si no hubo engaño antes, tampoco ha de haberlo después, cuando alguien es así, mira, yo no lo quiero conocer.

:-)

Me alegro de que estés de vuelta. Ya he venido alguna vez, pero voy siempre tan corriendo que apenas sé si lo que digo acabará siendo apropiado a lo que se está hablando (fíjate cómo estará la cosa). Así que me callo. Pero esta noche es diferente.

En fin, buenas noches, Teresa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Un gustazo verte de nuevo por aquí, Rosa. Es cierto que cuando alguien juega a ser quien no es, suele pensar que los demás actúan de la misma manera. Pero comparto contigo eso de que generalmente las cosas son mucho más sencillas de lo que solemos pensar. Aquí y ahí fuera.

conde-duque dijo...

Me alegro mucho de que hayas vuelto, Teresa. Te he visto en Bernadinas y aquí he llegado.
Si te parece bien, sustituyo en mis links la nueva dirección por la antigua, que seguía con ese "fin" que se hacía demasiado largo y que siempre esperábamos que se rompiese.
Un abrazo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues si, Conde, aquí estoy de nuevo, ya ves, soy una nostálgica y la lluvia invita a mirar por la ventana...

Pedro Lluch dijo...

:-)