jueves, 19 de noviembre de 2009

El difunto desconocido

Hay un sonido que, aunque desaparecido hace tiempo ya, ha vuelto a sorprenderme varias veces como melodía de móvil, sonando en el bolsillo de alguna persona que pasaba por mi lado. Es un sonido aparentemente inofensivo, retro incluso, una golosina para nostálgicos con un punto "Cuéntame" seguramente, pero que a mí todavía consigue atenazarme el estómago. Supongo que se debe a que siempre lo asociaré a ese no saber, la indefensión ante lo desconocido, el no poder prepararte ni para lo bueno ni para lo malo. Y si hay algo que  yo no soporte es precisamente eso: la incertidumbre.

El "ring-ring" de aquellos teléfonos grises, los de ruleta, los que había en todas las casas hace veinticinco años. Un sonido estridente, inconfundible, angustioso y desasosegante si sonaba a partir de las 10 de la noche. Sin embargo, yo siempre le encontré un punto añadido para odiarlo un poco más: el no saber quién llamaba. La imposibilidad de adivinar si detrás de ese ruido estaría mi tía, la del pueblo, anunciándonos que mi abuela se había muerto, o por el contrario, si el que llamaba era el chico que me gustaba, que, al fin, se había atrevido a pedirme unos apuntes que, seguramente, podía pedir a cualquiera, pero mira tú por donde, sólo yo tenía. Ni una sola vez oí sonar el teléfono en casa de mis padres sin sentir una angustia horrible. Siempre. Todas y cada una de las llamadas recibidas fueron motivo de sobresalto, de desazón.

Aunque el Domo y los móviles solucionaron ese problema,  hoy he sentido lo mismo, el mismo desconcierto, idéntico desasosiego al recibir un mensaje de un número que no tengo identificado en mi agenda, dándome la noticia de un fallecimiento de alguien que, supuestamente, debo conocer lo suficiente como para que el ahora difunto tuviera mi número entre los contactos de su móvil, y uno de sus familiares o amigos me comunicara la noticia de su muerte. Llevo toda la tarde pensando en quién puede ser, y nada. Es bastante desconcertante saber que seguramente debo sentir pena, pero no poder, por no saber por quien.

Es que ni idea.

(Y sí, he devuelto un sms a ese número preguntando por el nombre del fallecido. Ni siquiera ha llegado. Móvil apagado.)

(Update: 23:47: Recibo respuesta a mi sms. Alguien (¿un familiar del difunto?) me abronca por ensuciar con mis preguntas absurdas la memoria de quien tanto me quiso. Ah, y me llama por mi nombre. Estoy alucinando todavía.)


4 comentarios:

Gonzalo dijo...

Ya tienes el argumento perfecto para tu próximo libro...

Teresa, la de la ventana dijo...

Me da demasiado miedo todo esto, Gonzalo. No creo que pudiera usarlo literariamente...

Reyes Uve dijo...

Ahora no , pero dentro de un tiempo lo escribirás.
Me parece tremendo , pero es posible.
Hace un par de meses estaba (yo) en casa de mi hermano y pedimos unas pizzas; cuando llegó el pizzero, me miró sorprendido y me preguntó si yo había estudiado en el colegio X . Le dije que sí y entonces dijo mi nombre.
También dijo que (yo) no había cambiado tanto .
Le pregunté su nombre para corresponder y me lo dijo.
Su nombre , su apellido y su cara no me soanaban de nada ,lo siento, había sido mi compi de clase y yo lo había olvidado .
Por completo.
Pero él , por lo que fuera , porque le gusté cuando éramos niños , por recuerdos asociados a mí , sí me recordaba , y seguramente hasta me quiso como quieren los niños.
Éste que ha muerto tuvo algo intenso contigo, aunque fuera en sus sueños.
No tengas miedo.
Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

No sé, Reyes, pero si no es una broma macabra, me parece muy raro todo... Si yo en algún momento he significado algo para alguien, es muy extraña la actitud de la persona que me ha mandado esos mensajes, ¿no crees? Como reprochándome mi incapacidad de adivinar de quién se trata.

Y si es un cachondeo, pues supongo que el menda se estará descojonando a mi costa.

En fin...