lunes, 16 de noviembre de 2009

"La playa de los ahogados", de Domingo Villar

Hay libros que se leen con gusto, sin esfuerzo apenas, y sobre todo sin mala conciencia de estar perdiendo el tiempo con algo excesivamente fácil. Libros que son como esos platos sencillos y reconfortantes en un día de invierno, de los que te sirven en las casas de comidas, sin grandes pretensiones gastronómicas, ni parafernalia decorativa en el plato, pero capaces de dejarte el estómago lleno, sin importarte demasiado el exceso calórico, aunque lo tenga, y con esa sensación de felicidad básica y doméstica de las cosas ricas y simples. No, no hablo de los best-sellers, aunque los que digo yo sean libros que seguramente tampoco pasarán a la historia de la literatura, ni falta que les hace. Son libros a los que no les pides grandes alardes estilísticos, ni que cambien tu manera de ver el mundo cuando los termines. Quizás porque llega un día en el que te importa poco estirar la pata sin haber leído esas obras maestras obligatorias que un día te obsesionó poder abarcar, y que ahora ya te dan un poco igual, incluso te dan bastante pereza, y lo que realmente te apetece es dejarte llevar sin demasiado esfuerzo por tu parte por una historia bien contada, aunque no te cambie la vida ni te haga más sabia de lo que eras antes de empezarla. Porque ya no buscas eso, o al menos no con el mismo ahínco, y te conformas con una historia medianamente interesante contada con un mínimo de destreza. Que no es poco, si te paras a pensar...

El libro que ahora estoy leyendo es uno de esos. De momento, sólo llevo unas cien páginas (tiene más de cuatrocientas), pero ya puedo decir que me está gustando mucho. Bastante más que el anterior de Domingo Villar, su autor. Y eso que aquel primer libro suyo consiguió engancharme lo suficiente como para hacerme esperar con ganas el siguiente. Pero éste de ahora tiene un punto de madurez y oficio que no tenía el anterior, y que me está sorprendiendo agradablemente. Siguiendo con el símil culinario, "La playa de los ahogados" es un contundente plato de pata con garbanzos de los que el inspector Leo Caldas toma en la Taberna Eligio. Mientras que "Ojos de agua", la anterior novela, era una simple tapa de empanada. Rica también, pero sólo un quitahambre que te dejaba con ganas de más.

2 comentarios:

Bo Peep dijo...

Querida Teresa, qué gusto que hayas vuelto. Era, y estoy segura que lo será de nuevo, un placer leerte.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Bo. También es un gustazo para mí tenerte por aquí.