lunes, 23 de noviembre de 2009

Limones y limonada

Conozco a alguien, guiri para más señas, a quien le costó horrores entender el refrán ese de "No hay mal que por bien no venga". En su cerebro cuadriculado, lógico y no ibérico no entraba la paradoja de que algo malo traiga un bien, y no era capaz de verle sentido práctico a la fatalidad. Yo se lo intenté explicar con el otro dicho, el americano, ése que dice que si la vida te da limones, hagas limonada. Y mira tú por donde, lo entendió. Pero yo siempre he preferido el nuestro, mucho menos mercantilista y bastante más metafísico. Y no sólo por su carga consoladora, supongo que fruto de la educación judeo-cristiana de la que fui objeto, ese aceptar lo negativo con una mayor resignación, en espera de ese lado positivo que haberlo, haylo, y terminará saliendo. Más bien por lo curioso y lo verdadero que es eso de que los cataclismos más desestabilizadores traigan consigo cambios positivos que ni buscabas ni esperabas antes de que todo se fuera a la mierda. No hay nada mejor que volcar un cajón revuelto para ponerse a mirar lo que hay dentro y decidirse a hacer limpieza. Tirar lo que no sirve, sí, pero sobre todo, descubrir lo que habíamos metido ahí y ya habíamos olvidado hasta que lo teníamos. No debería ser necesario que la vida te hostie para descubrir tu capacidad de aguante o de respuesta, pero es tan fácil acomodarse y dejarse llevar por la inercia que hay cosas que sólo salen a flote en  las situaciones críticas. O quizás la adversidad tenga esa especie de luz que cambia el aspecto de todo lo que nos rodea, y nos hace capaces de ver más claro. Y resulte que todo esté ahí, que siempre lo estuvo, pero seamos nosotros los que llevemos años pasando por su lado, mirando, sí, pero sin ver...

4 comentarios:

Gonzalo dijo...

Ya sabes como son los guiris...

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, lo sé, Gonzalo...

Juliet dijo...

Pero el dicho no era: Si la vida te da limones, pide sal y tequila???

Teresa, la de la ventana dijo...

Uys, ése no lo conocía yo, Juliet... Pero el principio es el mismo, ¿no?