sábado, 12 de diciembre de 2009

Bendita inconsciencia

Siempre he escuchado eso de "No se valora lo que se tiene hasta que no se pierde" acompañado de cierto tono de reprobación, como si fuese algo negativo, algo que hay evitar a toda costa. Sin embargo, estoy convencida de que ese atolondramiento propio del dichoso, esa  inconsciencia que llevan consigo ciertos momentos de plenitud extrema y excepcional, no sólo no es censurable, sino todo lo contrario: es imprescindible. Hace falta esa dosis de irreflexión para no estropearnos a nosotros mismos los chispazos de felicidad que puedan surgir a lo largo del camino, porque no hay cosa peor que ponerse a analizar las cosas para distraerse y dejar de disfrutar de ellas. Malo cuando empezamos a pensar en lo felices que somos, porque no tardará en entrarnos el pánico: seremos conscientes de que, como dice el refrán "No hay mal (ni bien) que cien años dure". Y que "Todo lo que sube baja",  o que "Torres más altas han caído", siendo más fuerte el batacazo cuando se ha llegado a cimas excesivamente altas. Quiero decir con esto que creo que es bueno no darse cuenta del verdadero alcance de ciertas cosas hasta que es demasiado tarde, precisamente por eso, porque ése es el momento justo de pararse a pensar, a analizar y a valorar. Cuando se tiene algo que merece la pena ser vivido al límite, cuando se tiene la suerte de tener cerca a alguien capaz de hacer que te olvides de pensar, es suficiente con disfrutarlo, sin pensar en cómo es posible, ni por qué nos ha tocado a nosotros, ni cuánto durará, ni dónde está el truco...

Porque justamente cuando esas preguntas empiezan a rondarte, es cuando debes ponerte en guardia y empezar a preocuparte de veras.

Es el principio del fin.

7 comentarios:

Aspective dijo...

Tienes toda la razón. Es una reflexión inteligente, como sería inteligente seguir el consejo.
Pero es difícil de hacer o a algunos les resulta difícil de hacer sobre todo cuando sabes que aquello de lo que estás disfrutando tiene fecha de caducidad, quizá desconocida, pero prefijada.

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro que es difícil, Aspective. Mucho. Sobre todo para la gente en exceso reflexiva, que se hace demasiadas preguntas, que es consciente de esa caducidad que existe en todas las cosas...

Pero al menos hay que intentarlo, ¿no?

audaciosus dijo...

no hay truco carpe diem, si merece la pena hoy, seguro que mañana molará recordarlo y si te olvidas del fátum ¿por qué vas a tener que recordarlo? a lo mejor no termina :) bss, vaya curro de remodelación que te has pegado .... este finde he pintado mi habitación de azul ... estábamos en las mismas!!

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí,Audaciosus, he lavado un poquito la cara a la ventana. Si sigues pasándote por aquí verás que yo soy de las que cambian las cortinas cada cierto tiempo...

audaciosus dijo...

casualidad hoy, normalmente lo veo por bloglines; para mí, en cambio, es un acontecimiento

Gonzalo dijo...

Cada minuto que pasa estoy mas convencido de lo que comentas en tu post.

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso es que estás pensando demasiado, Gonzalo...