miércoles, 23 de diciembre de 2009

A donde fueres...




Tengo la suerte de adaptarme con suma facilidad a los sitios que visito. Y no necesito muchos días, me bastan con dos o tres para aclimatarme. Soy de esas personas que si están una semana en Andalucía, terminan ceceando, me como lo que me pongan con gusto y curiosidad, sin lamentarme por no encontrar bocadillos de jamón serrano en Noruega, como una descontenta madrileña hace dos veranos nos hizo saber a todo el que quisiera (o no) escuchar en una cafetería de Oslo. No me cuesta trabajo acostarme a horas impensables en Madrid, o cenar casi cuando normalmente meriendo. Me hago a todo, y lo hago contenta. 

Soy flexible como un junco, y eso es algo que siempre me ha gustado y que no he heredado de ninguno de mis progenitores. No importa probar cosas nuevas, incluso si ya conozco lo mejor nunca descarto encontrar algo que lo supere, o si no lo hace, que me permita valorar en su exacta medida lo que ya conocía y valoraba. Creo que todo el mundo tiene cosas que ofrecer, quizás mejores o peores que las que yo pueda ofrecerles a ellos, pero eso es algo que no descubriré nunca si no me intereso por los demás. Me gusta ser así, y serlo porque me sale de dentro, no porque me lo hayan inculcado, todo lo contrario. Me rebelé siempre contra la rigidez de mi madre, esa falta de curiosidad por los demás teñida de cierto menosprecio, una superioridad infundada, o que yo, al menos, nunca vi lo suficientemente sólida. Una actitud cerrada hacia el mundo que contagió a mi padre, incapaz de resistir la fuerza inmovilista de su mujer. Sin embargo, yo siempre lo tuve muy claro. Si deseé crecer y poder ser dueña de mis actos, en buena parte fue para poder no ser así. 

Y lo conseguí. Porque creo que lo mejor está por llegar. Cosas, lugares y personas que ni imagino, y están ahí.

Más allá de mí misma.

6 comentarios:

Gonzalo dijo...

Es bueno estar abierto a nuevas experiencias y conocimientos. Del sitio mas insospechado puede aparecer alguien importante en tu vida.

Teresa, la de la ventana dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Gonzalo. Donde menos lo esperas, cuando ni siquiera lo buscabas, te encuentras con alguien que, sin darte apenas cuenta, de una manera imperceptible, fluida y natural, se convierte en alguien que, paradójicamente, parece haber estado siempre ahí.

Aspective dijo...

Copio y hago mías tus palabras: Donde menos lo esperas, cuando ni siquiera lo buscabas, te encuentras con alguien que, sin darte apenas cuenta, de una manera imperceptible, fluida y natural, se convierte en alguien que, paradójicamente, parece haber estado siempre ahí.
Y añado, Y además puede ser un maravilloso hallazgo.
¡¡Feliz 2010!!

Teresa, la de la ventana dijo...

Maravillosos hallazgos, sí, Aspective. Más maravillosos por inesperados, auténticos regalos de la casualidad, el destino o lo que sea que nos mueve en un sentido a otro. Pero siempre, con los ojos bien abiertos...

Reyes Uve dijo...

Enhorabuena por ser así .
Yo renegaba en Tenerife porque no encontré ningún sitio para desayunar con tostadas .
Pero ya sabes , cómo somos los de Sevilla.
(por cierto, yo no ceceo, eh?? Lo nuestro es una ese silbante cual siroco...)
Bon Nadal y bonne Anée!
Y acuérdate de mi croissant , señorita Junco.

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, de todo tiene que haber en la viña del Señor... Yo tampoco me lo he propuesto, eh, vengo así de serie...

No se me olvida el encargo, Mademoiselle Rois.