miércoles, 16 de diciembre de 2009

En route

Desde que tengo familia (política) en el extranjero, conozco la sensación de "volver a casa por Navidad", y me gusta mucho. Tener tanta tierra de por medio es un fastidio en muchos momentos, sobre todo para él, pero también es un buen pretexto a la hora de viajar, porque vas a plato puesto y cama gratis, y lo mejor de todo es que evitas los inconvenientes de las obligaciones que implica la cercanía. Pero confieso que cuando más me alegro de tener un marido guiri es por estas fechas. Quiza porque yo vengo de una familia poco dada a las reuniones familiares, o porque me he pasado toda la infancia y buena parte de mi adolescencia asistiendo a las peleas y broncas de mis padres por culpa de mis abuelos, y el mal rollo entre mis tíos, tanto en un lado como el otro, ha sido una constante que se mantiene hasta hoy día. Así que encontrarme sin buscarlo todo lo contrario, gente maja, sin malos rollos entre ellos, y con felicidad sincera de volver a verse, capaz de disfrutar juntándose y organizando comilonas de cosas ricas y distintas a las que se comen aqui me pareció un regalo del que aún me maravillo cada vez que vuelvo, y que agradezco infinito.

Así que allá vamos. Quince días en la Douce France.



6 comentarios:

Juliet dijo...

Oh la laaaaaa! Q suerte 15 días de vacaciones menudo gustazo! Ahora, Teresa, te digo que en todas las casas cuecen habas... hasta en la familia mejor de lo mejor de lo mejor, hay alguna cosilla que patina.

Besitos y pásalo de lujo! Bon voyage!!!

Juliet dijo...

Por cierto, sí, tu blog tiene un color fantástico para mirar desde el curro. Muy discreto! Gracias ;) jejeje

Teresa, la de la ventana dijo...

No te digo que no, Juliet, pero será que, como vamos tan poco, nos libramos de las habas y nos toca siempre lo mejorcito: el foie gras, los riquísimos quesos franceses... Pero supongo que mi sensación de "buenrrollismo" se debe al choque tan fuerte con el otro extremo que yo había vivido hasta que les conocí, el de la tensión y la bronca constante.

Bo Peep dijo...

Pues creo que tienes toda la razón Teresa: no todas las familias son lo mismo. Ni muchísimo menos. Eso de que en todos sitios cuecen habas no es cierto. Hay gente que disfruta juntándose y que pasan por encima de las diferencias entre unos y otros para hacerse la vida lo más feliz posible. Enhorabuena por haberlo encontrado!

Teresa, la de la ventana dijo...

Muchas gracias, Bo. Esa impresión he tenido desde que les conozco, que es una armonía sincera. Pero ya te digo que quizás también influya el hecho de que nos vean tan poco, nos cogen con muchas ganas, y nos lo demuestran.

sue dijo...

Creo que tener la familia política en el extranjero es la mejor forma de conservarla. La ves en ocasiones especiales y eso evita los roces abusurdos que crea la cercanía (y el comer casi por obligación con ellos cada domingo,por ejemplo).
Quizás el hecho de que sean europeos influye en que sean mucho más civilizados y armoniosos. Yo tampoco creo que en todas las familias haya "movidas".

¡Pásala bien en Francia!