martes, 1 de diciembre de 2009

Frágil

A veces me gustaría ser capaz de abrirme más a menudo a los demás, de par en par, sin ese miedo que en tantas ocasiones me paraliza, y me deja ahí, apartada en una esquina, mirando cómo los otros sí lo hacen, pero sin atreverme a hacerlo yo. Me he sentido muy rara y muy fuera de lugar por eso, muchas veces, porque hay en mí una Teresa reservada, hermética, que convive a duras penas con otra mucho más confiada, oculta  a simple vista, pero dispuesta a mostrarse sin medida, casi en plan suicida, ansiosa del calor y la aprobación de los demás. Pero esa otra Teresa, algo ingenua y tan necesitada del cariño ajeno, casi siempre retrocede ante la fuerza de una prudencia bien entrenada y el freno de un instinto de conservación excesivamente desarrollado, y que con los años no hace sino fortalecerse. Consecuencia de esto ha sido que más de uno me haya acusado de fría y distante, de arisca e incluso de asocial. Y no les falta razón, también puedo ser todo eso, porque no puedo evitar ese temor a  exponerme demasiado, a resultar demasiado frágil si dejo entrever los andamiajes que me sostienen. Son las desventajas de haber comprobado más veces de las deseables que cuando decides abrirte, ya no hay vuelta atrás. Una vez que rompes la cerradura,  quedas a merced de lo que quieran hacer contigo. Bueno o malo. Lo cual no es un problema mientras todo va bien con los que han entrado en tus dominios, pero se convierte en un peligro cuando las cosas dejan de funcionar. Es entonces cuando te conviertes en un ser vulnerable. Precisamente porque tus secretos, o lo que es lo mismo, tu yo más verdadero, termina por estar a merced de alguien a quien ya no le importan nada.

5 comentarios:

Reyes Uve dijo...

Es un riesgo que hay que correr.
Estamos aquí para comunicarnos, a veces acertadamente , otras cagándola..
Un besito sin dobleces.

Teresa, la de la ventana dijo...

Es un riesgo que corro, Reyes. Soy consciente de que está ahí, y me asusta, pero aún así sigo arriesgándome...

Aspective dijo...

Es cierto que cuando te abres a alguien te pones en sus manos. Es una elección difícil la de la gente a la que abres la puerta y dejas que pase.
Pero también es la elección más interesante. ¿Hay algo que nos motive más que nuestros semejantes? Ellos son parientes, amigos, pareja, compañeros, vecinos, rivales, enemigos...

Además, puede existir, eso yo no lo sé un componente de género como malamente se dice ahora para indicar que se refiere al sexo de cada cual:

http://www.elpais.com/articulo/ultima/hombre/teme/fracaso/mujer/rechazo/elpepiult/20091204elpepiult_2/Tes

(De El País de hoy 5-12-09)

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Aspective, ya lo decía La Celestina: "A quien dices el secreto, das tu libertad"...

Alegría. dijo...

Sí, sí, y críptica también :-P