jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Me hago mayor?

En la última limpieza de trastero, hace dos o tres meses, tiré el árbol de navidad. Un abeto de plástico que se vino conmigo cuando me fui de casa, hace ya quince años. Pero, curiosamente, fue verme en mi propio piso y perder todo el fuelle navideño, yo, que era el alma de los christmas y el espumillón. Apenas si habré puesto el árbol un par de veces en la última década. También dejé de escribir tarjetas navideñas hará unos dos o tres años. No es que haya pasado de un extremo al otro, de ser el duende navideño de la casa a odiar esas fechas, cual Scrooge. No me molestan, no me crispan las luces ni me agobia hacer regalos, pero ya no las siento igual. Aún así, la caja de los adornos del árbol ha sobrevivido: no terminó en el cubo de la basura con el árbol. Y aún no entiendo muy bien el por qué. Está claro que tampoco este año pondré adornos, ni escribiré christmas. Pero, a pesar de ello, ahí siguen las bolas, no sé hasta cuándo, junto a las mochilas, las sillas de la terraza y los frascos de cristal de las mermeladas. Sencillamente, no me atreví a tirarlo todo. Me dio miedo. Como si me resistiera a borrar definitivamente cualquier posibilidad de retomar ese espíritu navideño que ahora mismo me resbala por completo.

Como si fuese una manera de cerrar una puerta. Y que eso significase no poder abrirla nunca más.

9 comentarios:

Rojo dijo...

¿A que te mando un "Christma"? :-)

Teresa, la de la ventana dijo...

Jajajaja... No valen los "cibernéticos", Rojillo. Tendría que ser de los de papel, sobre y sello.

Gonzalo dijo...

A mi siempre me ha gustado la Navidad, visitar exposiciones de belenes, las luces, quizá porque las he disfrutado mucho de niño.

Ahora es cierto que me cuesta más arrancarme a decorar la casa, el árbol, etc, etc..., pero sigo haciéndolo, quiero pensar que porque mi hija me obliga a ello pero no, lo hago porque me sigue entusiasmando dibujar las orillas del río con piedrecitas, procurar que se vean la vaca y el buey, que no se nos caiga San José del pesebre...

Teresa, la de la ventana dijo...

En mi casa nunca se puso belén, Gonzalo. Ocupaba demasiado espacio y a mi madre nunca le han gustado "los trastos"...

Rojo dijo...

De sello y sobre me refiería yo, precisamente. Cómo echo de menos cuando cada año llegaban cinco o seis de los sitios más peregrinos... así que si te hace ilusión, ya sabes donde encontrarme!

audaciosus dijo...

you never say never again! algún día saldrán las guirnaldas con la misma alegría que las mochilas un domingo de excursión; hace llamé tontos a una gente que se embarazaron en primor y pensaban que a los cuarenta y pocos -fíjate tú- no iban a poder disfrutar de las cosas como a los veintipocos, ajá!! bss

audaciosus dijo...

poco

Mafalda dijo...

Jaja yo llevo dos navidades independizada y la verdad es que tampoco he puesto árbol ni nada que de pistas sombre en qué fiestas estamos jaja. En mi caso es pereza... y que como tú dices, ya no siento la Navidad de la misma manera (ha perdido la magia). Pero reconozco que las luces y los árboles de Navidad que hay las oficinas y en las calles me gustan.

Tu guarda bien esas bolas y espumillones que seguro que algún día, en un arrebato te compras un árbol nuevo y un cd de villancicos y te sorprendes a ti misma jeje ;)

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso creo yo, Audaciosus, que cualquier año de estos me da la ventolera y me paso diciembre cantando villancicos. Pero de momento, me basta con lo de los demás, que sean otros los que monten el belén...

Guardados están, Mafalda. En el trastero no piden pan...