lunes, 11 de enero de 2010

La paja y el grano

No es fácil acercarse a alguien que está viviendo un momento tan malo como el mío. Soy consciente de ello. Quizás por eso se dice que la gente demuestra si de verdad está o no contigo cuando todo se tuerce. Y es que cuando te rodea un halo de tristeza y desgracia como el que a mí me envuelve desde hace tantos meses (más de un año, ya), muchos de los que te conocen se retraen, te miran con miedo, como si temieran que se les pegara parte de tu mala suerte, o quizás sólamente lo que les asuste sea el no saber estar a la altura. Y de hecho, así es: muchos no saben estarlo. Y esa actitud dubitativa y temerosa es ya una prueba de que no saben manejar la situación. De repente, te miran como si no supieran cómo tratarte, dudan, titubean, y para evitar meteduras de pata, se mantienen a una distancia disfrazada de falso respeto que no es más que temor a no saber manejar una situación delicada. Sencillamente, no saben cómo actuar. Y ahí está precisamente el problema: actúan, dejan de tratarte con naturalidad, se comportan de una manera standard, diciendo lo que se supone que se debe decir a alguien que sufre lo que tú estás sufriendo, o comportándose como se supone que deben hacerlo ante alguien a quien la vida no le sonrie. Pero en su aturullamiento, olvidan que no se trata de "alguien", sino de ti. La que precisamente ahora necesita más que nunca precisamente lo contrario: que le recuerden que, a pesar de todo, a pesar de que las circunstancias adversas parezcan indicar lo contrario, el mundo también sigue girando para ella...

Supongo que es una criba que, a la larga, resulta útil. Separando el grano de la paja...

14 comentarios:

Plumalba dijo...

Yo sí sé lo que he de decir y cómo tratarte:

Así:

Leyéndote hoy, y dándote un beso y un abrazo. Y atreviéndome a decir te quiero, y a decir que estoy contigo.

Juliet dijo...

Hay veces que también hay que ponerse en el otro lado. No tengo ni idea ni quién eres, ni qué te pasa, pero lo único que sé es que hay veces que culpamos a los demás por no saber "tratarnos" mientras que quizás hay que allanar el camino para que los demás lo tengan más fácil.

Lolah dijo...

sí, yo estaría de acuerdo contigo, juliet: los demás no tienen porqué saber manejar situaciones, harán lo que puedan y como puedan. Meterlos en la categoría de "paja" me resulta algo excesivo porque nadie nace aprendido y porque quizás, lo mejor, además de escribirlo aquí, sería contarles a ellos esto que te incomoda, para que puedan saber qué trato es el que tu quieres, y no quedarte mal con nadie, esperando, triste o malhumorada aquello que no recibes. Es el mismo cuento de lo de ceder el asiento en el autobús. Decir que la gente son zombis con cara de abducidos porque no se dan cuenta de tu malestar, sería lo mismo. Hay que pedirlo, aún a riesgo de que te lo nieguen. Y si te lo niegan, entonces sí, llámales "zombis", "paja", o directamente hijos de puta. No sé, digo yo.

Mi mejor deseo por tu/su/vuestra recuperación. Te seguiré leyendo.

Abrazos.

Lolah

Teresa, la de la ventana dijo...

Creía que era evidente a qué me refería, pero parece que no, por las respuestas de Juliet y Lolah: en ningún momento pensaba en la gente que me lee aquí, personas a las que no conozco ni me conocen,y realmente no tienen una idea clara de qué me pasa, ni tienen por qué tenerla, puesto que yo no he dado una explicación detallada sobre ello, a las que, lógicamente, no pido nada ni espero que respondan de ninguna manera, y por la misma razón, en ningún momento he juzgado ni mucho menos insultado. No soy tan estúpida ni egocéntrica. En este post hablaba de personas de mi entorno, gente a la que conozco y me conoce, con la que contaba porque ellos me habían hecho creer que podía contar con ellos en caso de que vinieran mal dadas, y justamente ahora ha ocurrido y lo que me he encontrado ha sido sólo palabrería y mucho miedo. Personas con las que tenía una relación cercana, amistosa incluso, estrecha, pero que ahora se mantienen a distancia. Justo cuando más necesitaría su cercanía.

Nada más.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Pedro. Lo sé.

Lolah dijo...

teresa, sí, era evidente, no pensé que te refirieras a la gente que te lee aquí en ningún momento, sino a la de tu entorno. Es a ella a la que me refería en el comentario.

Te deseo de corazón esa cercanía que necesitas.

Suerte y un abrazo.

Lolah

Juliet dijo...

Teresa! Yo también me refería a la gente de tu entorno, no a los del blog!!

Tu gente (para que no me malinterpretes) tampoco sabe cómo tratar a alguien cercano con algún problema que nunca hayan vivido, ni saben qué decir en determinadas situaciones, y entonces se sienten incómodos. A veces la clave está en ti, en facilitarles el camino. Si no lo haces, habrá mucha gente que por torpeza más que por desidia acabará alejándose de ti. A mí me ha pasado.

Yo te hablo desde mi vivencia... quizás en tu caso es distinto.

Salud!

Fátima dijo...

Yo nunca he sido buena tratando con gente con problemas. Ya sea una enfermedad física o psíquica siempre te enfrentas al dilema de decir una impertinencia o parecer condescendiente. Y siempre he pensado también que los problemas hay que atacarlos de frente, como El Quijote con los molinos de viento. Hay que generar la energía interior para ir contra ellos y aprovechar esa experiencia para enriquecerte y hacerte más fuerte. Los demás están ahí, pero nunca van a ser tú.

Teresa, la de la ventana dijo...

A ver cómo te lo explico para que lo entiendas, Juliet. Te pongo un ejemplo muy gráfico, vas a ver. No puedes pedir a un herido en un accidente de tráfico que sea él quien le indique al enfermero del Samur, que se ha puesto nerviosito y aturullado por lo impactante de la situación, cómo ponerle la vía y qué inyectarle. Bastante tiene el herido con lo que tiene...

No busco que me saquen las castañas del fuego, Fátima. Llevo tiempo haciéndolo yo sola, tengo ya práctica, pero tampoco es mi estilo el de lloriquearle a la gente para que haga un trabajo que es el mío. Tampoco lo he hecho al escribir esto. Sólo cuento la forma de reaccionar de algunas personas de mi entorno, que, por suerte, no es algo extensivo a todas, sino a una pequeña minoria. Pero se trata curiosamente de las que mejor me vendieron en su día eso su "amistad" como algo indestructible, en lo bueno y en lo malo, etc, etc. Y ¿sabes qué? No me gusta la palabrería vacía. Prefiero saber con qué y quién cuento realmente.

Nada más.

Juliet dijo...

Teresa, no es por ser pesada. Pero te voy a poner un ejemplo auténtico de mi vida: yo estuve enferma,chunga de cojones. Y tenía, y por suerte tengo, amigos que estaban a mi lado. Yo lo llevaba fatal, y mis amigos no sabían qué hacer, qué decir, se sentían a mi lado incómodos. Todo lo que hacían pensaban que era inadecuado, que me iba a sentir mal por cualquier comentario... No sé, dejaron de sentirse cómodos a mi lado. Y yo todavía lo pasé peor. Pero un día di un cambio. Un día hablé con ellos de mi problema. Me sinceré. Les dije que me trataran como siempre, que yo no había cambiado (tanto). Y a eso me refiero: yo tenía una muralla a mi alrededor que hacían que los demás no se acercaran, que tuviesen miedo de mí. Al final, allané el camino y pudieron entrar. Fue mejor para ellos y desde luego para mí.

Todo eso ya pasó, pero yo pasé una mala época.

Un saludo muy fuerte. Espero que todo pase pronto.

Portorosa dijo...

Hola, Teresa.
Con problemas mucho menos importantes que el tuyo ya pasa eso que dices. Que hay quien no está a la altura. Y es precisamente eso, que descubres que hay personas que no están a la altura, y que no valen para ayudarte. Y a veces lo intentan, no es por no desearlo; pero no saben.
Y la criba es útil, yo creo.

Un beso muy grande, y mucho ánimo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo me hago cargo, Porto, a la primera frase de este post me remito. Sólo describo lo que ocurre con algunas personas, nada más.

Sí, yo también creo que la criba es útil. No hay mal que por bien no venga.

Tochi dijo...

Ves? A mi me pasa justo eso que tú dices, pero desde el otro lado. Me intento ponerme en la situación del otro y pienso que a mi en su caso me reventaría que me trataran diferente. Y entonces le trato como siempre, y si toca hablar del problema hablo con lo que intento que sea naturalidad... y quedo como una bruta. Pero bueno, me alegra ver que alguien piensa como yo (te estoy leyendo hacia atrás, que hoy no está mi marido y no me tiene secuestrado el ordenador)

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues ya ves, Tochi, en efecto revienta bastante, pero supongo que es un mecanismo de defensa para que no les afecte en exceso lo que ven. Aunque, como has podido ir comprobando, porque tú también formas parte, esto ha cambiado bastante desde que lo escribí, allá por enero. Al menos con los que me leéis no tengo esa sensación. Aunque a veces os deje pasmados, y os resulte difícil elegir qué decirme, eso también es lógico. Debe ser que, como dije, al final sólo ha ido quedando el grano...