viernes, 1 de enero de 2010

¿Vida nueva?

Me gustan los comienzos, los cuadernos nuevos, las agendas impolutas, el todo por hacer, así que reconozco que miro con simpatía este día de hoy, el primero del año, donde todo parece ser posible por el sólo hecho de tener por delante trescientos sesenta y cinco días nuevecitos. Aunque en realidad, cada vez que una se levanta de la cama, todo está por hacer... Basta con que te decidas a arremangarte y empieces a hacerlo. Sin embargo, la disculpa del nuevo calendario siempre es una tentación para plantearse cosas y arrancar de una vez, y yo no soy inmune a ello. Si no ¿de qué estaría escribiendo este post justo ahora? Pero no, no voy a dejar de fumar, porque nunca lo hice, y me conozco lo suficiente como para saber que, de haber sido fumadora, sería incapaz de dejarlo. Tampoco voy a apuntarme a clases de nada, ni voy a hacer nada nuevo con respecto a lo que hacía hace dos días. Mis propósitos nada tienen que ver con esos proyectos que a todos nos persiguen a lo largo de nuestras vidas, mil veces empezados y otras tantas abandonados,  no, ya no.  Son los restos de un tiempo en el que de verdad creí que era posible, y afrontaba con auténtica fe e ilusión el mes de enero como si, por arte de magia, una nueva Teresa, mucho mejor que la del año pasado, fuese a eclosionar como una mariposa por el simple hecho de que el año cambiase de dígito. Mis ambiciones son ahora mucho más modestas,  quizás porque me muevo en plazos mucho más cortos que el del año completo, quizás porque ya soy consciente de que no existen los milagros, y menos por el simple hecho de cambiar la hoja del calendario. O a lo mejor todo se reduce a que la experiencia me ha hecho descubrir que las cosas cambian de forma constante e imperceptible, y no siempre por nuestra voluntad, por muchas ganas que le echemos, sino por su propia naturaleza, independiente de nuestros deseos. Y sé que un día como cualquier otro, enmedio de cualquier semana de cualquier mes, abres los ojos y sabes que todo ha cambiado, y que tú también lo has hecho. Y te encuentras en un punto del camino al que has llegado casi sin darte cuenta. Pero estás ahí, y son tus piernas las que te han llevado hasta ese lugar. Y todo, hasta lo más descabellado en apariencia, tiene una lógica interna que tal vez no entiendas en un primer vistazo, pero que, eso también lo intuyes, terminarás comprendiendo a poca atención que prestes. Es sólo cuestión de tiempo.

5 comentarios:

sue dijo...

El tiempo pasa muy de prisa por encima de nuestras cabezas, cada vez más, así que lo mejor que podemos hacer es aprovecharlo. Y una forma de aprovecharlo es no hacernos promesas que no vayamos a cumplir.
Vivir e intentar cumplir esos pequeños o grandes sueños que nos rondan desdes chiquitos es una tarea árdua, así que... vivamos.

Me ha gustado tu post y tu Blog así que volveré.

Un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

No, Sue, no creo que sea el tiempo el que pasa deprisa, sino nosotros, que nos hacemos mayores. ¿O acaso no recuerdas lo largo que se hacían los días o los meses cuando eramos pequeños? Yo sí, todo tenía un tempo distinto, quizás también porque nos parecía que nos quedaba la eternidad por delante, todo el tiempo del mundo. En cambio ahora, somos conscientes de que no es así. Objetivamente, porque estamos a la mitad del tiempo que seguramente viviremos, y subjetivamente, porque los pesa el pasado, y esa es una carga que, queramos o no, llevamos con nosotros. Hasta el final.

Flora dijo...

Me he asomado a esta ventana y me he encontrado una "buena vista".
Comparto lo que dices hasta cierto punto. Sin embargo, lo que atrae de los finales (de casi cualquier cosa) es la posibilidad de volver a empezar algo con ilusiones nuevas; con esperanzas renovadas y eso de por sí es un milagro. Aunque dentro de 3 semanas no haya servido de nada, nuestro cambio de ánimos aumenta nuestras ganas y renueva nuestras fuerzas... aunque sólo haya sido por unas pocas semanas.
Yo creo en los milagros porque he sido parte de ellos. Lo mejor de todo es que a pesar de que muchas veces la vida se empeñe en decirme lo contrario, yo sigo creyendo en ellos.
Feliz año, Teresa. Volveré por tu ventana.

sue dijo...

Sí, tienes razón, el tiempo siempre es el mismo, somos nosotros los que cambiamos y es nuestro cerebro el que percibe que el tiempo cada vez va más rápido.
Según avanza la vida y las experiencias, según nos hacemos mayores y tenemos más viviencias, el tiempo parece ir más rápido, porque es la novedad la que lo relentiza y ésta se va agotando. Por eso es por lo que cuando somos pequeños parece que todo dura más.
De hecho, cuando vamos por primera vez a un lugar el camino siempre nos parece mucho más largo que la segunda vez, y más que la tercera, porque no lo conocemos.

El pasado puede ser una carga o no, según queramos.

William Wilson dijo...

Todo cambia. Las cosas cambian, nosotros cambiamos, y probablemente cambie incluso el tiempo, si es que éste es una percepción nuestra.
Así que no, hoy no somos quienes éramos ayer, y mañana no seremos quienes somos hoy, lo cual, visto desde el prisma adecuado, ofrece un amplio registro de posibilidades que está en nuestra cambiante disposición explorar.

Welcome back.