sábado, 17 de abril de 2010

Un hombre feliz

Mi padre cumplió setenta años hace unos días. Es un hombre que siempre ha gozado de buena salud, y así sigue, ágil y activo, curioso lector y agricultor a ratos perdidos en la parcela que heredó de sus padres, allí en el pueblo. Siempre ha sido un hombre de rutinas, de piñón fijo, dormir, trabajar y... poco más. Cuando dejó el volante con el que nos dio de comer toda la vida, compró un cochecillo pequeño, pero del mismo color.  Sigue siendo fiel a sus cosas de siempre, pero ya no es aquel hombre irascible que gritaba y discutía con mi madre a la mínima. Ahora, cuando ella le saca de quicio, no se montan las trifulcas que, para mi desgracia, tan bien conocí y aún recuerdo amargamente. O al menos, no siempre. Cuando intuye una borrasca conyugal,  mi padre se baja al aparcamiento y se queda horas metido en el coche, escuchando cds de copleras o leyendo novelones históricos. Fue por primera vez a un concierto el año pasado, con un amigo que se ha echado con el que comparte su amor por Pasión Vega, largos paseos hasta el Retiro, y cañas con patatas fritas en el hogar del jubilado.

Para poco por casa, entre la biblioteca, sus viajes al pueblo y las salidas con su amiguete. Aunque le fastidia tener que variar sus planes, es dispuesto y generoso con el tiempo restante. Ayuda a mi madre en las escasas cosas que ella es capaz de delegar, es decir, prácticamente nada, o sea, como siempre. Porque hay cosas que no cambian, y mi madre es una de ellas.

Aunque, como casi todo el mundo, tuvo su periodo difícil de adaptación a la inactividad laboral, ha reorganizado su pequeño mundo y está descubriendo que no trabajar también tiene su encanto.

Si. Creo que mi padre es un hombre feliz.

5 comentarios:

Mayte dijo...

Un post precioso.

Vicent dijo...

El dia 13 los cumplió el mío. Hoy ha estado en casa, renqueante, agotado, definitivamente no es él.

Al menos no es el que yo tengo en mi memoria, siempre activo, ágil, fuerte, por el que resbalaban los años, las enfermedades y los poquísimos disgustos que le vi coger de uvas a peras.

Le quiero y creo que no se lo he dicho nunca.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Mayte. Y bienvenida de nuevo.

Seguro que lo sabe, Vicent, pero si se lo dices, le gustará escucharlo. Ahora más que nunca.

Por cierto, su cumpleaños también fue el 13.

Aspective dijo...

Mi madre, 80 años, comenzó realmente a vivir a partir de su edad de jubilación. Viajes, salidas, centros sociales....
Es curioso como cada edad, sabíendola vivir, tiene todos sus alicientes propios.
Mi madre es más feliz ahora que en cualquier otro momento de su vida

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Aspective. Es estimulante ver que nada se acaba hasta que uno decide que se acabe.