miércoles, 28 de abril de 2010

Una ciudad asustada

Vivo en un sitio lo bastante grande como para que no ir diciendo "Hola, buenos días" a cada persona con la que te cruzas, pero lo bastante pequeño como para poder pasear por la calle despreocupadamente y recibiendo alguna sonrisa cómplice de un desconocido que, porque sí, porque hace sol y se ha levantado de buen humor, con una sonrisa te cede el paso y te sujeta la puerta al salir de la tienda demasiado cargada. Se acostumbra una fácilmente a esa tranquilidad, a un anonimato tibio y cómodo, a poder sacar dinero del cajero sin mirar a todos los lados, a que no te dé un vuelco el corazón si al llegar a casa descubres que has llevado durante horas el bolso abierto. Es por eso que ahora, cuando bajo a Madrid, se me hace tan penoso ver esa actitud de la mayoría de la gente por la calle, la misma que imagino que tenía yo cuando vivía allí, esa manera de andar por la calle agarrando el bolso con los nudillos casi blancos, ese sobresalto cuando, sin querer, alguien les roza, ese apartarse instantáneamente, ese estar a la defensiva por defecto. Me temo que Madrid  ya no es la ciudad de carácter cálido de la que siempre han hablado los turistas. ¿Dónde está esa gente acogedora y abierta de la que hablan los folletos turísticos de por ahí fuera? Yo veo a una gran mayoría de gente con aspecto hosco, que se protege y se cierra a los demás con unos auriculares, gente desconfiada, temerosa, que si pueden, se escabullen antes de que les puedas preguntar una dirección diciéndote que tienen prisa, porque temen que esa pregunta sea con trampa, o peor aún, que sea el preludio de un atraco. 

Supongo que no es más que la consecuencia de la forma de vida actual en una gran ciudad, pero es triste. O será que antes no me daba tanta cuenta porque yo también era parte del engranaje, pero no me recuerdo a mi misma con ese temor que sí que veo reflejado en la mirada esquiva de muchas personas con las que me cruzo. Llevo muchos años ya viviendo en el extrarradio, y la diferencia con la ciudad en la que yo vivía va mucho más allá de las conversaciones en idiomas del Este que ahora se escuchan a tu espalda cuando vas en el autobús. Si tuviera que definir a Madrid y a sus habitantes de este año 2010 diría que es una ciudad asustada. Y que sus habitantes tienen miedo. Mucho, además. Miedo de los otros. El peor de los miedos, porque en cierta manera es miedo a uno mismo.

11 comentarios:

Diva Gando dijo...

Totalmente de acuerdo, Repecto a Madrid y a Barcelona. Yo viví un año en Madrid hace 15 más o menos. Estuve el año pasado fui a los mismos sitios pero no era igual. Yo ese miedo lo achacaba a que me debía estar haciendo vieja, pero veo que no, osea que me hago vieja sí, lo del miedo digo...

Teresa, la de la ventana dijo...

Los mismos que llevo yo fuera, Diva. Y es una sensación mala, mala, no me gusta nada. Porque podría disfrutar de Madrid mucho más ahora mismo. Pero no puedo, lo paso mal cuando voy. Así que lo evito cuanto puedo.

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

Yo voy acojonado por Madrid y Barcelona. No entiendo como pueden vivir allí, entre lo que ves en la prensa y la tensión de la gente...una pasada. No estoy tranquilo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo espacio mis visitas lo más que puedo, Gonzalo. Y cada vez que voy, estoy deseando volver a casa, me aturde una barbaridad. Creo que también influirá el que me hago mayor...

Mayte dijo...

¿Pues os creereis que yo me muevo cada día por las Ramblas de Barcelona con absoluta tranquilidad? Dicen que es de los paseos más inseguros de Europa, pero yo llevo 18 años pasando cada día por ellas para ir al trabajo, sin ningún susto (toco madera). Tengo una teoría, absolutamente rebatible por supuesto: Hay gente que está pidiendo a gritos que le roben. Porque séamos sinceros, gente con hambre, con necesidades ha habido siempre y, tal como van las cosas, cada día habrá más. Recuerdo los años 70 (debían ser) cuando ya se hablaba también de la inseguridad en las grandes ciudades; incluso hicieron aquella película de "Miedo a salir de noche" que transmitía ese miedo generalizado que hubo durante unos años. No creo que haya más inseguridad ahora que antes. Sólo es que ahora somos más y seguramente también hay más pobres y más gente desquiciada y como dices, Teresa, también quizá conforme nos vamos haciendo mayores, nos vamos volviendo más exigentes con todo. A mi, más que la inseguridad, me aturde la multitud, el exceso de turistas que lo invaden todo, el ruído, la contaminación, el tràfico...Pero no la inseguridad.....Por suerte vivo en un barrio, dentro de la misma Barcelona, alejado del centro donde aún se respira cierta tranquilidad. Más que "Una ciudad asustada" yo diría "Una ciudad sobresaturada". Besos

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo tampoco creo que haya más inseguridad en cuestión de robos, Mayte, cuando yo vivía en Madrid ya los había, no se trata de eso. Es un miedo más abstracto, pero más denso, más compacto, y al mismo tiempo una especie de neblina, tipo contaminación, sí, que lo impregna todo. Es la mirada hosca de la gente, el aislamiento autoimpuesto con los auriculares para "no estar" y evitar incluso las miradas, el respingo ante un simple roce con el codo al salir de un vagón. Y eso es miedo. Temor. Desconfianza. Crispación. Pensar mal para acertar.
Y eso, o yo no lo veía entonces, porque era igual que ellos, o no era tan exagerado como me parece ahora. Sinceramente, creo que ahora Madrid es una ciudad con las mismas obras, los mismos robos y el mismo tráfico endiablado de siempre, lo que ha cambiado es la gente. ¿El motivo? Lo desconozco.

josé dijo...

Ciudad asustada...tu tremendismo es extremo, Teresa.

¿Miedo abstracto? ¿Denso? ¿Especie de neblina?

Por suerte en las ciudades, queda gente sonriente, como Mayte, con su sentido común.


Prueba a pasearla feliz, y verás felicidad, también.

Teresa, la de la ventana dijo...

Al contrario, José. Sigo yendo con el espíritu y los ojos abiertos, sólo cuento lo que últimamente veo.

Yo soy de los que no apartan el brazo con asco cuando me rozan, al contrario, sonrío quitándole hierro al asunto, pero pocas veces me han devuelto la sonrisa. No te digo que no haya gente feliz, pero no es la mayoría, a eso me refiero, a la atmósfera general. Algo que no me parecía percibir hace unos años.

Si es tremendismo o pesimismo o simplemente vejez lo que me hace verlo tan negro... pues lo mismo. Aunque creo que es precisamente lo contrario, mi ingenuidad pensando que la gente no es tan mala, y que vivir de ese modo, con ese mosqueo y ese mal rollo constante, no puede ser bueno.

Mayte dijo...

Teresa, la ciudad,además no es la misma un lunes por la mañana, a primera hora, que un domingo de sol al mediodía. Estuve en Madrid hace dos años, durante un fin de semana y la Gran Vía estaba preciosa el domingo a la hora de comer, llena de gente sonriente, relajada. Yo creo que la actitud de la gente refleja en cada momento el estado de ánimo que tienen...Tienes razón, sin embargo, en que la gente ya no se disculpa, ya no da las gracias, ya no cede el paso, pero eso es sólo mala educación, la misma que tienen nuestros políticos, o muchos dependientes que ahora parece que te esten haciendo un favor cuando te contestan a una pregunta. Y ante esas actitudes, la respuesta siempre debe ser la que dices: contestar con un gracias, saludar al que ya sabes que no te va a contestar. Como yo digo siempre: los maleducados son ellos, no tu. Y para terminar, a veces también es cierto aquello de que la realidad no es como es sinó como uno la ve (¿o no has comprobado a veces que cuando tu estás feliz, animada, confiada, relajada, abierta, todo el mundo te parece mejor?) Un beso

Teresa, la de la ventana dijo...

No es lo mismo vivir una ciudad desde dentro que desde fuera, Mayte. Un fin de semana rodeada de turistas que un día de diario mezclada con sus habitantes habituales en el transporte público. E insisto, mi mirada sobre Madrid no está dominada por la desconfianza, la tensión, o la cerrazón de miras, en absoluto. Precisamente todo lo contrario.

Pero bueno, no voy a insistir en mis explicaciones, creo que está claro lo que quiero decir. Así percibo yo la que fue mi ciudad, y no creo que sea cuestión de actitud mía, de que me acerque a ella con aprensión o pesimismo. Si tu vivencia de Barcelona es mejor, me alegro mucho por ti. Disfrútala todo lo que puedas. Por si las moscas.

Mayte dijo...

Sí, igual es que yo soy una enamorada de mi ciudad y nunca he vivido fuera de ella. De todas formas sigo pensado que las ciudades tienen múltiples caras, como sus habitantes. Es probable, sin embargo, que me pase lo mismo que les pasa a quienes están en una habitación cerrada durante muchas horas : sólo el que entra desde fuera percibe el olor a cerrado; los de dentro están ya tan acostumbrados que ni lo notan.