viernes, 14 de mayo de 2010

¿No hope, no future?


Luchas cuando no tienes nada que perder. Si tienes lo suficiente, concentras tus esfuerzos en conservar ese poco y, de paso, aumentarlo algo más: un motor lo bastante potente como para no dejar que te pares a pensar en otras alternativas. Si ya tienes mucho, quieres más, así que de involucrarte en alguna lucha, la tuya se centrará en seguir así, y sólo se sigue a un nivel manteniéndolo, es decir, conservando las condiciones que te permitieron tener mucho. Así que nada cambiará para ti mientras puedas evitarlo. Podrías perderlo todo, y no estás por la labor: los experimentos, con gaseosa.

Es por eso que hay tan poca gente que luche por algo en este país. Por eso esa sensación de abulia, iracunda, sí, pero apatía a fin de cuentas, que se respira. Porque la gran mayoría tiene algo, ya ha luchado antes por conseguir algo, aunque no sea mucho, aunque sea un pequeño desastre que les lastra y les tiene tambaleándose al borde del abismo. Una hipoteca, sin ir más lejos. Aunque le cueste horrores pagarla. Unos hijos, aunque sean pocos, pero suficientes como para espolearles a seguir apretando los dientes y seguir andando. Un trabajo, mal pagado y poco gratificante las más de las veces, pero otros tienen menos. Tienen algo, aunque sea malo, aunque sea escaso, aunque sea agotador, aunque tenga fecha de caducidad, pero es algo que les mueve a seguir, aunque sea a la fuerza, algo que les ata a una esperanza de futuro, aunque sea con una cuerda que, mientras tanto, les desuella vivos. 

La gente de este país, la gran mayoría todavía, aún tiene demasiado que perder. Faltándonos, paradójicamente, lo más importante para que algún día empiece a ocurrir algo: creer en algo distinto, visualizar la posibilidad de que merezca la pena intentarlo. Y eso también frena, en seco. Y es frustrante, porque sólo deja el derecho al pataleo y a prolongar una situación que nos ahoga. Y agota las fuerzas, y la esperanza, porque no se puede pensar a largo plazo cuando estás demasiado ocupado en sobrevivir y en intentar escuchar una respuesta que nadie da. Porque nadie tiene.

Aunque quizás la clave no esté en la total desesperanza para empezar a reaccionar, sino en su opuesto: necesitamos volver a creer que algo diferente es posible. Pero han pasado demasiadas cosas entre la clase política de este país, a uno y otro lado, para que eso ocurra. Nadie va a mover un dedo sólo por un puñado de palabras bonitas. Ya no.

Porque sólo se deja de creer en los Reyes Magos una vez. Y es para siempre.

(La ilustración es de Norman Rockwell, y se llama "Election Day")

8 comentarios:

miedoslibres dijo...

No estoy de acuerdo, Teresa, porque darte la razón es perder la esperanza de que aparezca un Churchill que nos haga remontar el vuelo.

El panorama es desolador. Pero si me pregunto si de verdad vamos a dejar hundirse el mundo que conocemos, no me atrevo a contestar que sí. Ciertamente, vivimos rodeados por muchos alelados.

Pero me niego (llámame iluso) a creer que todo está atado y bien atado.

Teresa, la de la ventana dijo...

El panorama es desolador porque lo es en sí mismo, sí, pero en buena parte porque no se ve una alternativa posible, una manera práctica y efectiva de cambiar las cosas. Es fácil criticar, tirarse de los pelos y desesperarse, pero ¿tienes algo mejor? ¿Lo tiene alguien? Yo creo que no es cuestión de creer o no creer en un salvador que venga y lo arregle, sino en la posibilidad de que se pueda solucionar una situación muy complicada. Y se supone que los políticos son gente normal, elegida por gente normal que piensa normalmente. No mesías con soluciones milagrosas, sino uno de los nuestros (¿no es eso la democracia?). Con más datos, más medios y más mano, sí, pero sin varitas mágicas. De ahí mi desencanto, Pedro. De la evidencia de que no es tan fácil meterle mano a esto. O al menos, yo no lo veo nada claro.

Reyes dijo...

Pues fíjate que yo creo que son pequeñas cosas las que irán cambiando , de forma imperceptible ...por ejemplo , mucha gente ha empezado a meditar .
Ya no es sólo para excéntricos o interesados en desarrollo espiritual .
Sé que eso queda lejos de los motores actuales del mundo actual ,pero creo que se está ampliando la conciencia .
De verdad , lo creo .
Bueno , mientras eso va haciendo su efecto, me tomaré unas cañas.
Jaj.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no sé, chica. A mí eso de meditar me pone tan nerviosa como cuando me dicen que me relaje y me entran muchas más ganas de moverme...

Arancha C. dijo...

Al margen de las limitaciones que yo le veo a la meditación (aprender a sobrellevar nuestra situación no quiere decir cambiarla), creo que en España hay una inmensa permisividad con el fraude, el nepotismo, la prevaricación, el tráfico de influencias, la corrupción…

Mientras el tiburón nos deje las migajas de su festín, miramos para otro lado. Nos parece bien que el alcalde de nuestro pueblo, el concejal, el consejero de turno… se enriquezca robándonos el dinero de los impuestos que pagamos mientras a cambio tengamos un trabajo con el que le ayudemos a aumentar la rentabilidad del dinero robado, un trabajo que nos permita tener una hipoteca, ir de vacaciones una vez al año y seguir pagando impuestos (o si podemos, mejor no haciéndolo). Y antes de que se caiga todo el castillo de naipes, preferimos que los cargos públicos de todos los gobiernos (Ayuntamiento, Autonomía, Estado…) sigan robando, no vaya a ser que nos quedemos sin nada de lo que tenemos.

Es muy difícil extirpar ese mal de España, cuando aquí se puede presumir de evadir impuestos o de sacar capitales al exterior. Los que lo hacen son “los más listos”, ¿cómo no van a presumir? Así que no es de extrañar que se justifique que el que llega al poder sucumba a la tentación: ¿Quién no lo haría? ¿Quién no se llevaría el dinero o no utilizaría la información privilegiada o no ayudaría a su familiares y amigos? Sólo un “tonto” no lo haría.

Para salir a flote, se necesitaría un cambio muy drástico de nuestra cultura. Si no se pone todo patas arriba, se seguirán poniendo parches y creando burbujas cortoplacistas. Soy pesimista.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo también lo soy, Arancha. Y mira que yo tiendo naturalmente al optimismo, pero en este caso no puedo. Precisamente por eso, por saber cómo somos los españoles. Porque en el fondo, y no tan el fondo en muchos casos, la mayoría haría lo mismo. Me excluyo porque yo soy de la minoría de los "tontos". Sí, Reyes, yo también creo que nací por error en España, cuando realmente estaba programada para otro país...

pcbcarp dijo...

En resumen, tenemos algo que perder... o eso creemos, o sencillamente, tenemos miedo a perderlo si levantamos la cabeza. Creo que cada cual puede hacer un poco en su entorno más inmediato. Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.

Saludos. He llegado aquí desde chez Portorosa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro, pcbcarp, hay que ser conscientes de todo, de la situación actual y de que aun así tenemos mucho, unos más que otros, sí, pero lo suficiente como para saber que hay personas por ahí fuera que sueñan con ello y se juegan la vida en el Estrecho, sin ir más lejos.

Bienvenido.