viernes, 21 de mayo de 2010

Y tú, ¿por que corres?

He vuelto a correr. Tuve que dejarlo cuando las cosas se torcieron y hubo que aparcarlo todo, y lo cierto es que hasta ahora no me había sentido capaz de retomarlo. Antes madrugaba mucho más, porque corría antes de irme a trabajar, y entraba a las ocho y media, así que ponía el despertador a las seis de la mañana. Ahora que no trabajo ya no hace falta que me levante a horas inhumanas para correr por un parque fantasma en el que hasta los patos estaban dormidos e incluso daba un poco de miedo. Sin embargo sigo levantándome temprano para salir cuando todavía el barrio se despereza. Podría ir a cualquier hora del día, sin embargo me gusta que esa carrera sea mi primera actividad del día. Pensaba que era porque odio hacer deporte, porque correr me aburre y me hace sentir ridícula cuando pienso que estoy haciendo lo mismo que esa gente que corre sin que les persigan y si tener prisa por llegar a ninguna parte. Hacerlo temprano sería una manera de no encontrarme con nadie por la calle y también de quitarme de en medio lo antes posible la obligación de hacer algo que realmente no me gusta hacer. 

Sin embargo durante varios meses había sido capaz de semejante sacrificio odiando como odio el ejercicio físico y toda la parafernalia saludable que lo rodea. Había podido olvidar esa parte y fijarme en otras cosas. Obviando lo mal que lo pasaba, lo poco que aguantaba corriendo o la sensación de que, en cualquier momento, el jardinero de bigote a lo Pancho Villa que recogía los restos del último botellón tendría que hacerme el boca a boca mientras llegaba el Samur. Sin embargo, no sé muy bien cómo, mientras corría había conseguido dejar todo eso de lado. Y había aprendido a disfrutar de los amaneceres rodeada de mimosas, petunias y madreselvas en flor. Había visto crecer a los patitos, desde que seguían a sus padres hasta que se confundieron con ellos en el estanque. En definitiva, había disfrutado.

Ahora he vuelto a descubrir todo eso, pero lo más curioso es que me he dado cuenta de que lo que realmente merece la pena cuando uno corre es terminar de hacerlo. Las sensaciones de después. Un bienestar que compensa el esfuerzo por hacer algo que realmente aborrezco, todo el sufrimiento que físicamente me supone correr. Merece la pena, en el más estricto sentido de la palabra "pena". Al volver a casa es cuando sé que correr es la única manera de poder volver así, con la sensación de haber hecho lo correcto, lo que debía, lo que mi salud necesita, me reclama y me agradece. Algo que ya empieza cuando cojo el camino de vuelta a casa, sudorosa y con las mejillas rojas, pero capaz de oler las flores del parque y respirando con normalidad. Y que continúa después de tomar una ducha y ponerme a desayunar leyendo el periódico. Con todo el día por delante y esa sensación de euforia y bienestar que se prolonga durante horas. Aunque sepa que en buena parte no es más que un efecto bioquímico, un simple combinado de endorfinas de lo más vulgar, el mismo que mueve hasta la obsesión por el ejercicio físico a mucha gente. No es mi caso. Para mí es sólo es una manera de recordarme que yo también importo. Que puedo y debo pensar en mí. 

Que tengo que correr para no quedarme atrás.

7 comentarios:

Arancha C. dijo...

Soy incapaz de vencer la resistencia que me impone, no sé muy bien si el cuerpo o la cabeza o los dos juntos, a hacer el más mínimo ejercicio.

Conozco la sensación que describes porque alguna vez he hecho alguna actividad deportiva, incluso durante 3 años he practicado asiduamente yoga, que sin ser tan agotador como correr, es ejercicio y tiene una compensación física y mental muy poderosa. Dejé de hacerlo por culpa de un brote inflamatorio de la enfermedad reumática que padezco, y que entre otras cosas, me afecto tobillos y rodillas. Y aunque ahora estoy asintomática, la resistencia a mover cualquier cosa, como digo, es muy fuerte.

Como racionalmente sé que no es lo correcto (me pasa lo que a ti), he empezado por afrontar un primer reto: usar las escaleras en vez del ascensor para moverme entre las plantas de la oficina. Para alguien sedentaria convencida como yo, es un paso importantísimo, no creas.

De ahí a correr, aún me quedan unos cuantos triunfos personales todavía y creo que “sólo” necesito unas buenas inyecciones de motivación.

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, Arancha, yo sólo estoy en mi segunda semana... Y también soy una sedentaria que piensa que correr se corre cuando alguien te persigue, porque quieres llegar a tiempo a alguna parte o porque forme parte de alguna operación bikini...

Sin embargo, esto para mí es algo más. De entrada, una disciplina, una obligación, algo que ahora mismo necesito mentalmente. Pero sobre todo, un medicamento, como el Ventolín o los antihistamínicos, pero que tiene la peculiaridad de no encontrarse en las farmacias, sino en mis zapatillas y mi voluntad de no hacer el idiota e ir perdiendo fuelle (nunca mejor dicho) definitivamente. Y eso ya son palabras mayores, o sea, salud.

Bernardinas dijo...

Es curioso. Yo he sido nadador de competición pero no sé correr. En la escuela el de gimnasia alucinaba conmigo porque si me obligaba a correr cien metros casi tenía que llamar a urgencias, por más que un rato después estuviera nadando más largos que Vladimir Salnikov. Supongo que hay un modo de correr sin que te salga el corazón por la boca. Me pasa ahora que me desayuno con un cigarrillo y antes que nadaba más que Esther Williams. Te lo digo porque esa sensación del esfuerzo tedioso que tiene luego una extraordinaria recompensa es precisamente lo que me hizo dejar la natación. Nadar es el deporte más aburrido que uno pueda imaginar. Tenía envidia de los corredores, los que iban al parque a las seis de la mañana y veían crecer las camadas de patos. Como mi cuerpo no admitía el cambio, empecé a fumar.
Tú di que sí.

Teresa, la de la ventana dijo...

Uys, Antonio, si yo te contara... Soy asmática, así que alterno andar y correr, porque si pretendiera correr de seguido más de cinco minutos, los patos encontrarían trozos de mis pulmones por los senderos del parque, te lo aseguro... Jajajaja... Pero bueno, el caso es moverse un poco, tampoco pretendo presentarme a un maratón, soy consciente de mis escasas fuerzas, pero bueno, si me ayuda a no tener que conectarme a una botella de oxigeno cuando tenga sesenta años, con eso me conformo...

Diva Gando dijo...

Yo no corro, pero debería. De hecho debería hacer cualquier cosa que supusiera un esfuerzo físico. Hace tanto que no me muevo. Hay que hacerlo por uno mismo, para ponerse de nuevo en la ecuación, porque importo. Te admiro aunque lo de correr siempre ha sido de cobardes... ;·)

Teresa, la de la ventana dijo...

De cobardes, o de impacientes, que quieren llegar rápidamente a los sitios... Ese ha sido siempre mi caso, evidentemente, Diva... ;-)

Anónimo dijo...

Hola Teresa,
He leido tu entrada ¿Y tú, por qué corres? y me reconocí en muchas cosas que describes. De cuando empezaba a correr, de cuando lo fui dejando aparcado, de lo duro que fue volver, ya que las buenas sensaciones y la forma física habían quedado atras.

Muchas personas dicen que correr es aburrido y siempre pienso que no lo es, aunque sea dificil explicar porque no. Creo que lo complicado es pasar de una vida sedentaria y sin practicar deporte a correr varios días a la semana. Empezar a correr es duro para muchas personas, sobre todo si no hemos estado habituados a hacer deporte. Como tu, durante varios años me levantaba a las 6:30 para salir a correr por un parque desierto. Y con el tiempo mi forma física mejoró y la distancia que al principio me suponía un esfuerzo importante con el paso de los días me daba cuenta que cada vez podía correr mas tiempo, cansándome menos, disfrutando mas.

Con el tiempo dejé de ver el salir a correr como un esfuerzo y ya nunca fue aburrido. Quizás por las sensaciones que se tienen, al comenzar (las peores), durante la carrera y al finalizar. Correr me conecta con el momento, deja mi mente libre de preocupaciones, disfruto, como tú, de los olores de los parques o el campo por los que corro, los sonidos de la naturaleza. A veces solo están mis pisadas y mi respiración acompañándome en una carrera lenta en la que disfruto de ese momento, acompañandome en los momentos en los que me esfuerzo por ir mas rapido, por llegar mas lejos.

Lo mejor ha sido correr acompañado de gente estupenda que he ido conociendo en estos años. Personas de todo tipo, condición, profesión, edad y sexo. Amigos con los que he compartido madrugadas, días de lluvia, de calor y de frio, mañanas de heladas, tardes de verano. Y carreras populares, a las que al principio era reacio a apuntarme, hasta que descubrí que son una fiesta, un encuentro con amigos y con otras personas con las que comparto esta afición.

Cada vez hay mas personas que corren y cada una tiene sus motivos. Mejorar su condición fisica, su salud, bajar peso, dejar atras problemas, cuidarse un poco mas, combatir la desidia, luchar con la postergación, demostrarse a si mismas que pueden hacerlo, etc., etc.

En otros paises hay mucha gente que corre por causas solidarias y esa creo que es una de las causas mas bonitas por las que uno puede correr y participar en una carrera. Un grupo de personas a las que nos gusta correr estamos trabajando por poner en marcha una red de corredores solidarios y conseguir correr dentro de poco por personas que necesitan ayuda. Cuando lo consigamos, sé que será la mejor razón por la que correr entre tantas otras que ya tengo.

Un saludo.

Os dejo el link por si quereis estar en contacto. Corredores Solidarios en facebook: http://www.facebook.com/group.php?gid=179329177969&ref=mf

José Luis.