lunes, 31 de mayo de 2010

Yo también te odio, querida...


Nacieron con la guerra terminada. Y se encontraron con que las cosas eran así, y punto. Para toda la vida, y aguantando carros y carretas, si hacía falta. Incluso cuando dejaron de serlo y el horizonte se abría, era demasiado tarde. Especialmente para ellas. Educadas para depender de sus maridos, sin formación ni posibilidades de seguir adelante solas y manteniendo el mismo nivel de vida, arrastraron situaciones que, actualmente, nadie soportaría.  El divorcio era algo impensable, demasiado complicado, económicamente poco factible, algo para los demás. Ellos lo tenían más fácil, a fin de cuentas eran los que traían el dinero, pero también se dejaron llevar por la inercia, y se apuntaron a la opción más cómoda: seguir disfrutando de una vida hecha, de hotel a pensión completa, chica incluída. Pero nada es gratuito, todo termina pasando factura. Esa cadena perpetua autoimpuesta deja huella, y llegado un punto todo da igual. Y siguen juntos y seguirán, sí, pero demostrando sin rubor ni vergüenza que no se soportan. Lo mismo da si están solos en casa, si hay visitas o si la bronca les pilla en medio de la calle. Se hablan mal, a gritos, con malos modos, con palabras duras y un resentimiento que, incluso para el que no puede evitar escuchar y nada le toca, duele. Es imposible no verlos, porque están en todas partes. Parejas metidas de lleno en una jubilación a la que se enfrentan como una condena a estar juntos demasiadas horas al día.  Y les importa bien poco si hay testigos o no para demostrar lo poco que queda de ese amor que un día hubo entre ellos.

Me los encuentro en la sala de espera del médico, él mandándole callar a ella con una ira mal disimulada. Llenando bolsas en la caja del supermercado, en este caso aguantando el chaparrón él, en silencio, por "inútil, que ni coger unos tomates sabes". En el atasco, justo en el coche de al lado, los dos gesticulando, a saber quién es el que lleva la razón esta vez, y quién el inútil desgraciado . Y me da mucha pena, porque les quedan unos cuantos años todavía, y debe ser terrible vivir así. Pero lo peor de todo es la sensación de que para ellos es algo inevitable. Porque es así. Y punto. Lo cual no deja de ser un terrible triunfo, el de un sistema y una época que sólo terminará de verdad con la generación de mis padres, la de esos matrimonios que, a pesar de no quererse hace muchos, muchos años, seguirán juntos (y odiándose) hasta el final.

16 comentarios:

conde-duque dijo...

Tremendo... y real.
Pero, aunque nos cueste verlo, deberá tener una parte buena todo eso... ¿O no?

Portorosa dijo...

Es terrible.
Yo creo que, parte buena, ninguna. Es el miedo el que los condena; el miedo a qué pasa si...

¿Y cuando eso ya se ve desde el principio, en parejas jóvenes? Lo único que cambia es que uno puede esperar que tienen los días contados.

Un beso, Teresa.

Portorosa dijo...

Espero que se me entienda: parte buena, ninguna, cuando las cosas son así de malas, claro.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo creo que bueno, Conde, no hay nada. Lo que pudo haber está sepultado por toneladas de resentimiento y, sobre todo, lo que dice Portorosa, mucho miedo. Puro pánico a lo desconocido, tan grande que hace "bueno" lo que tienen. O si no bueno, soportable.

En parejas jóvenes una siempre confía en que sepan parar a tiempo, ahora que sí se puede...

José Antonio Peñas dijo...

Mis vecinos de abajo iven la misma situación, sólo que no son mayores que yo. Rondarán la cuarentena y sus hijos tienen uno 16 y la otra 12. Están a gritos a todas horas, el padre, la madre y los retoños, insultándose, despreciándose… Él se considera el centro del universo y opina que el resto de la fmailia no le trata con el respeto que merece, ella ha acabado por creerse que es normal que siempre la estén haciendo de menos y le hace lo mismo a sus hijos, a los que ambos dedican lindezas como hijo de puta y retrasado. EL mayor aplica lo que ha visto y se dedica a amargar la vida de su hermana, y la pequeña le grita a todos porque no ha visto otra cosa desde que nació.

Aún recuerdo cuando la peque tenía dos meses y lloraba porque estab enferma, y el padre vociferaba a media noche "que se caye esa niña o la aplasto contra la pared". Nunca he oido maltrato físico, pero hay muchas formas de hacer daño y esa familia se ha especializado.

Arancha C. dijo...

Es terrible lo que cuentas, José Antonio. ¿Ninguno de los dos se da cuenta del problema? ¿Ninguno tiene suficiente valor como para acabar con eso y enfrentarse al vacío inquietante de una nueva vida que peor no puede ser?

Teresa, la de la ventana dijo...

Situaciones como la que cuentas, José Antonio, con gente más joven y, sin embargo, incapaces de salir de una espiral horrible que evidentemente no les hace felices, son aún más incomprensibles y preocupantes que las de gente mayor a las que una nueva vida les pilla tarde. Y no creo que les ate el qué dirán, como a las parejas más mayores, ni la mentalidad antigua y religiosa del "para toda la vida". En muchos de estos casos, me atrevería a decir que el nudo que les mantiene juntos a su pesar es mucho más prosaico y, sin embargo más poderoso: el dinero. Una casa, unos coches, un nivel de vida al que es difícil renunciar. Demasiado jaleo deshacer lo que se hizo mal. El miedo, de nuevo.

Di Vagando dijo...

A las mujeres de esa generación les ha tocado un papelón: depender de otro económicamente. Por eso, las de la nuestra, deberíamos abrazar el regalo q hemos tenído de poder sacarnos las castañas del fuego, a nosotras y a nuestros hijos, y poder coger la puerta cuando la convivencia es imposible.

Los hombres inteligentes de nuestra generación también han tenido mucha suerte: tu compañera está a tu nivel, tiene una vida propia. Tener al lado a una mujer independiente, a la q admiras, q vuela sola, y q podría volar aún más lejos si no cuidas la relación, es de lo más estimulante. Tener a una mujer patológicamente dependiente, colgada de tu pierna, q no puede mirar a otro, etc...sólo le gusta a cierto tipo de hombres.

Pero lo q me enerva en el 2010, es ver cuántas mujeres están DECIDIENDO tirar por la ventana esa independencia (económica, al final, la única) y los impuestos q el contribuyente pagó por su educación por "atender a los niños" y "encontrarse a sí mismas". Sé q es un tema muy polémico y, si perteneciera únicamente al plano de lo personal (como aquellas q se quejan de q ellos no ponen el lavaplatos, no colaboran con los niños, etc) no lo tocaría, cada una q se arregle su casa. Pero esto tiene repercusiones en el resto de mujeres q decidimos volver a trabajar, q somos menos, luego se legisla en nuestro favor menos, menos ayudas, menos menos...

Todos necesitamos una habitación propia.

di

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Tú crees, Di, que hay tantas mujeres de vuelta al hogar? No tengo yo esa impresión, fíjate. Lo que veo son cada vez más abuelos empujando carritos de bebé o recogiendo niños en la puerta del colegio. Que esa es otra, el uso y abuso de personas demasiado mayores para tanto trajín, que cuando parece que se han librado de unos hijos que no se van de casa ni con agua caliente, les toca cuidar a los nietos...

Di Vagando dijo...

Teresa, no tengo estadísticas, así q hablo por experiencia personal (generalmente no fiable, ojalá me equivoque). Vivo en un barrio en Londres conocido irónicamente como "nappy valley": hay muchas familias de treintaitantos con niños (el treintaitantos implica q se pasaron la veintena formándose-ellos y ellas). Cuando no tienes hijos, no te fijas ene stas cosas: tienes un parque delante de tu casa donde la gente corre o hace picnics en verano y ni caes en la cuenta q hay varias zonas con columpios. Cuando tienes hija, de repente este mundo se abre ante ti, y ves:
1. madres q están en esos columpios todos los días d ela semana, no sólo el finde
2. starbucks llenos hasta arriba de madres con sus bugaboos un martes a las 11 am
3. clubs de loq quieras para el bebe/niño: masaje, cantos, yoya, bailes, danzas indigenas, salsa...
4. cine con bebe (ay, a esto iba yo en mi año de baja maternal, me encantaba)

Y entonces empiezas a hablar con estas mujeres, y ninguna tiene ninguna prisa por volver a trabajar, porque en el fondo, ellos tienen el trabajo q importa de la pareja, y les da para mantener el 4x4 para llevar a los niños al cole, vacaciones en las antípodas y limpiadora. A mi me encnata lo de vivir con menos, si fuera q los dos trabajan la mitad. No q ellas se queden en casa.

Pero como digo, mi visión puede ser sesgada. Aunque en mis contactos en la península, no puedo decir q conozca a muchos en los q ellas ganen, por ej, mas q ellos. En pleno 2010.

Teresa, la de la ventana dijo...

No, Di, qué va, no creo que tu visión sea sesgada, pero quizás tú te mueves por una zona en la que el sueldo de él es, efectivamente, mayor y más que suficiente como para cubrir la baja maternal y prolongarla incluso. Y yo te hablo de mujeres que no se lo pueden permitir, y vuelven, dejando a los niños con los abuelos.

Yo no tengo hijos, así que, como bien dices, mis ojos tampoco deben ver tanto como los tuyos en ese sentido...

José Antonio Peñas dijo...

Aquí yo no veo que las mujeres estén volviendo al hogar (quiero decir en Alcobendas). Lo que sí veo es que en la mayoría de los casos siempre son ellas las que se encargan de los niños. Mi amiga S tiene que lidiar con sus dos enanas en solitario, y como ella la mayor parte de mis conocidas. Para nosotros, que somos dos contra nuestro niño, es agotador, así que para ellas, que usualmente son una contra dos es un sinvivir.

A veces es porque ellos tienen horarios más largos ya que muchas de mis conocidas trabajan media jornada (administración, p. ej.) pero también lo veo en casos en que no es así. SImplemente parece que mucha gente tiene la vaga idea de que los hombres no se encargan de los niños y yastá. Yo era quien bajaba al parque a nuestro enano (mi chica odia el parque) y el resto de críos se pasaban encima mío toda la tarde, porque lo de ver a un papá en el arenero y jugando les parecía la releche

José Antonio Peñas dijo...

En cuanto a mis vecinos, sí, creo que es por la incapacidad para dar un paso difícil, pero también porque llegado un momento hay personas que asumen que eso es lo normal, y que si tu pareja te trata con desprecio de sol a sol quizás es que te lo mereces. Y esa es una cárcel de la que cuesta mucho salir, es más fácil transmitir el desprecio a los que están por debajo

Teresa, la de la ventana dijo...

Como le decía a Di, creo que las que vuelven son las que pueden permitírselo, precisamente por lo que tú dices, José Antonio, porque el peso de la intendencia, la organización doméstica y los hijos recae sobre ellas en un altísimo porcentaje de los casos. Y si tienen suficiente con un solo sueldo, algunas mujeres terminan por llegar a la conclusión de que no les compensan tantas carreras, agobios y esfuerzos. Y eligen dejar el trabajo, normalmente peor pagado y de menor categoría que el del marido.

En cuanto a que los hombres no ayudan, bueno, aún son mirlos blancos los que no se limitan a ayudar y se comprometen de verdad. Hay mucho inútil malcriado por madres que no les dejaban quitar la mesa a los chicos porque eso eran cosas de chicas...

Di Vagando dijo...

Teresa, todas nuestras visiones son sesgadas: de eso va esto del bloguerío a veces, compartir nuestros sesgos y ver qué pasa. NO era en este caso negativo.

Tal vez tengas razón, y el estereotipo q describía era el de mujeres con maridos con buen salario. Bueno, pues lo q quería decir es q estas me parece especialmente mal q dejen el trabajo. Si quieren pasar más timepo con los ninios (q me parece perfecto, y a lo q tendríamos q tender todos, a querer TENER menos y VIVIR mas), me parece q esto tendria q ser dividido entre ellas y ellos. Repartiendo los dias d ela semana q se trabaja, o manianas y tardes.. como se quiera. Flexibilidad. Pero claro, si nos quedamos en casa, si tiramos asi la toalla, todas estas cosas pareceran spr utopias.

Las mujeres q no se lo pueden permitir pq su marido no gana buen sueldo: si no tienen abuelos, muchas no vuelven pq si el trabajo es no-cualificado, ganan menos q lo q les cuesta la canguro/guarderia. Es esto justo? Nueva dependencia. Las q tienen abuelos, pues bueno, ahi esta la situacion q describes.

Lo de los vecinos de Jose Antonio se llama "abuso emocional" y por ello, si es continuado, y no cambia ni con ayuda, les podrian quitar al ninio. Cosa terrible, pero tb dantesco pensar en esos ninios luego cerrando el circulo con sus propios hijos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Nunca he pensado que fuera negativo, Di. Por supuesto que cada visión es sesgada, desde el momento en que somos personas distintas, con distintas miradas, en distintos sitios, etc...

Pero creo que has dado en el clavo. Lo más triste e incontrolable es esa repetición del modelo en el que te crías. La imposibilidad de romper una cadena a la que el mercado laboral y la idea de que cuanto más tienes mejor, no colaboran a partir. Es complicado, desde luego.