sábado, 26 de junio de 2010

Amigas


No conservo ninguna amiga del colegio. Tampoco del instituto. Sin embargo, aún me quedan dos de la universidad, y creo que si a estas alturas no las he perdido por el camino, ya nunca lo haré. Y eso que ha habido bastantes momentos a lo largo de estos últimos veinticuatro años en los que me he preguntado si tenía algún sentido seguir en contacto. Porque, aunque yo ahora vivo un poco lejos de ellas, treinta kilómetros no son suficiente disculpa para no vernos más a menudo, aparte de que no nos llamamos nunca, ni nos tenemos en el messenger, ni nada de nada. Sólo sabemos las unas de las otras cuando se acercan nuestros cumpleaños, o lo que es lo mismo, las tres veces al año que nos encontramos. Y sin embargo, a pesar de lo flojo que es el lazo que nos une, seguimos fieles a las citas de marzo, junio y septiembre. Entonces sí que hay llamadas telefónicas que se cruzan, nos hacemos regalos y y terminamos quedando para cenar y contarnos qué ha pasado desde la última vez que nos vimos. E invariablemente juramos que sí, que esta vez vamos a ser disciplinadas y vamos a quedar al menos una vez al mes, o cada dos al menos, venga... Y así en el siguiente cumpleaños. Y en el siguiente. En todos.

Seguramente ellas, igual que yo lo he hecho, en algún momento se han preguntado por qué seguimos manteniendo este ritual que mantiene en pie una relación tan larga y, sin embargo, tan poco estrecha. Porque las tres llevamos formando parte de la vida de las demás muchísimo tiempo, estando siempre ahí, en algún punto indefinido, pero sin formar parte de nuestro día a día.  De hecho, ni lo son ahora ni nunca fueron esas personas con las que tienes una conexión especial, a las que cuentas tus cosas más íntimas, o a las que recurres en un bajón anímico, a las que te atreves a llamar a horas intempestivas, con las que te vas de compras o te emborrachas, no sé, eso que dicen que es una amiga de las buenas, de las especiales. Tantos años y nunca hemos sido capaces de saltar esa barrera. ¿Por qué? Pues no lo sé. Estudiamos juntas, nos sentábamos en la misma zona en clase, compartíamos muchas horas a la semana, pero, por ejemplo,  nunca salimos de marcha por ahí, para eso había otra gente. Supongo que lo que pasa es que precisamente nada ha cambiado, ahora sigue siendo igual que entonces, cada una tiene una vida en la que las otras no están. Pero al mismo tiempo sí que ocupamos un lugar, en alguna parte, quizás en lo poco que queda todavía en cada una de nosotras de aquellas chicas de dieciocho años que coincidieron en secretaría, en la cola de la matrícula. Porque aquí seguimos, manteniendo ese algo que nos unió durante los cinco años de carrera, algo sutil, sí, quizás no lo bastante fuerte como para hacer de nosotras unas amigas del alma, pero sí lo bastante resistente como para que, desde aquel primer cumpleaños mío, el de los diecinueve, todavía sigamos encontrando una razón para seguir queriendo celebrar el siguiente juntas.

No serán mis mejores amigas, pero me han acompañado durante más de media vida. Y eso debe significar algo, después de todo...

22 comentarios:

José Antonio Peñas dijo...

Yo conocí a mi mejor amiga hace ya 25 años. COnectamos y poco a poco, con algunos altibajos, fuimos alcanzando un nivel de intimidad que aparte de ella sólo he conocido con mi pareja. Ya hace tiempo que tenemos pocas ocasioens de vernos, por el trabajo, la distancia, las respectivas familias… pero cuando tenemos una ocasión, por breve que sea, nos damos un abrazo que es casi un intento de atravesarnos y luego nos ponemos al día de penas, alegrías, confidencias y deseos. A veces me sorprende que después de tanto tiempo no haya habido malentendidos ni errores, pero aunque he conocido a mucha gente y he intimado con algunas personas realmente fantástica ella nunca ha perdido ese lugar especial.

Teresa, la de la ventana dijo...

Es que ahí está la cosa, José Antonio, que éstas dos no son eso para mí. Ojalá. Pero aún así, seguimos quedando, aunque sólo sea "obligadas" por nuestros respectivos cumpleaños.

¿Me estás comentando a las 2:29 de la madrugada? ¿Tú cuando duermes?

Alice se perdió dijo...

Me toca este artículo porque con mis amigas del colegio me pasa algo parecido. Y lo más importante, a pesar de los años y la distancia, las quiero como quiero a pocas amigas que vinieron después. Es como sí ellas me hubieran conocido cuando yo todavía era auténtica.

Un besazo, Teresa.

José Antonio Peñas dijo...

La verdad es que estuve la tarde-noche de ayer en la reunión de Escépticos en el Pub y como no me pasé con las cañas llegué a casa prontito y me lie a preparar un temita de dinosaurios. En mitad de un render me dije, voy a darle un vistazo a la red, por aquello de relajarme antes de seguir dándole al ratón.

(los dibujantes, ese colectivo célebre por sus informales e intempestivos horarios)

Fàtima T. dijo...

Hola, Teresa, vengo desde el blog de Jesús (Las cinco estaciones).
Mantengo una amistad así, de las hablarse por teléfono, escribirse muy de vez en vez y verse todavía menos, pero de una forma regular. Un par de veces al año, no más. Es la única amiga que me queda del colegio y, aunque hemos tomado caminos bastante divergentes, no hemos perdido el deseo de saber la una de la otra.
Creo que es eso, el interés por saber del otro, más que la frecuencia en los encuentros, lo que da resistencia a ese hilo invisible que mantiene unidas a las personas.
Me ha gustado mucho tu blog. Seguiré leyéndote.
Besos,
Fàtima

Teresa, la de la ventana dijo...

Es una relación extraña, Arancha. A mí no deja de sorprenderme cada vez que nos juntamos que aún sigamos haciéndolo.

Justamente esta mañana he visto el "Muy..." de Julio en la biblioteca, José Antonio. Y estaba el reportaje de los dinosaurios. Me ha parecido un poco corto en cuestión de texto, pero las ilustraciones molaban mucho.... ;-)

Sí, Fàtima. Quizás la clave esté más que en el cariño (algo que se construye día a día) en el interés por no dejar morir algo que, sin ser una amistad de las buenas, aunque sólo sea por su veteranía y resistencia, tiene también su aquel. Bienvenida y muchas gracias por pasarte.

NáN dijo...

La amistad de baja intensidad juega un papel en la vida. Un papel serio. Vivimos la trampa del éxtasis, rechazando lo que no llega a ese punto, cuando hay fuegos débiles que resultan agradables. Sin más. Lo extraño es mantener eso tanto tiempo. Vigila cualquier descuido. Se me ha ocurrido una historia con lo que cuentas y me doy de plazo hasta Navidad para escribirla.

¡Gracias por regalarme un tema genial!

Teresa, la de la ventana dijo...

"Amistad de baja intensidad"... Interesante manera de definirlo, NáN. Pero amistad, a fin de cuentas. Y claro que la valoro, y la cuido.

Me alegro de haberte dado un buen tema, espero que me enseñes en su momento los resultados...

molinos dijo...

Yo mantengo ese tipo de amistad con 5 amigas del colegio...estamos a años luz de distancia con respecto a como vemos la vida, pero bueno de vez en cuando nos vemos, algún mail y listo.

De la universidad no conservo ningún amigo.

Mis amigos más íntimos lo son de antes, de Los Molinos y con esos mantengo mucho contacto..muchísimo. De todos modos no todas las relaciones de amistad tienen la misma intensidad y no por eso son mejores o peores, son distintas.

Teresa, la de la ventana dijo...

Las relaciones amistosas pueden ser muy diferentes, tienes toda la razón, Moli. Yo aún tengo que descubrir lo que es una amistad de "alta intensidad", siguiendo la clasificación que hacía antes NáN. Aunque a veces creo que para eso hay una determinada edad, un momento que a mí ya se me ha pasado...

molinos dijo...

No estoy de acuerdo Teresa...siempre se tiene edad para casi todo y desde luego para una amistad de alta intensidad tienes edad. En serio te lo digo.

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Tú crees, Moli? Yo quiero creer que aún es posible, al menos por la parte que me toca, pero la realidad me ha tirado por tierra más de una vez las ilusiones y me he vuelto algo escéptica en ese tema. Yo me entusiasmo enseguida, y claro, eso en demasiadas ocasiones, no es bueno. Porque no recibes lo que das, y en la amistad, por mucho que se diga que es algo generoso y desinteresado, hay que recibir también, no sólo dar, es un ten con ten que debe compensarte para mantenerlo. Y me siento como si estuviera en un plano distinto, yo y mi idea de la amistad, y los otros en el suyo, ocupados con otras historias (trabajo, hijos, parejas...) que les comen el terreno y no les dejan lugar para esas cosas que ya tuvieron de jóvenes y que ya no consideran importantes. Por eso digo lo de la edad, no por mí, que sigo con las mismas ilusiones y ganas, sino por los demás.

molinos dijo...

Claro que lo creo, de otra forma no te lo diría. Y por supuesto que la amistad es dar y recibir..lo de dar sin esperar nada a cambio es una gilipollez, una estupidez y solo se consigue frustración. Se puede tener tiempo para todo, curro, hijos, parejas y amigos...es más, a mi me parece lo lógico. Ya lo verás.

Vicent dijo...

Pues yo que quereis que os diga..., estoy mas de acuerdo con Teresa que con Moli en lo que a hacer amistades de alta intensidad a partir de ciertas edades.

Los cuatro o cinco amigos "full time" que tengo lo son desde que eramos chicos, a partir de cierta edad como yo digo cada uno somos de un padre y de una madre y nos presentamos ante los demas llenos de prejuicios y mirándonos con lupa unos a otros.

Las amistades de la infancia son amistades puras en el sentido en el que se hacen mostrándonos tal y como somos, sin dobleces, sin esperar nada a cambio de lo que damos y sin "examinar" al otro.

A estas edades que vamos teniendo las amistades nuevas suelen funcionar bien unos meses o incluso unos años, pero siempre terminan por chirriar y no hay 3 en 1 que lo solucione.

Reyes dijo...

Pues lo que está claro es que algo tendrá esa amistad cuando no os perdéis la pista .

Así que muy bien .


Feliz verano, Teresiña.
Un beso.

Fàtima T. dijo...

No creo que el haber alcanzado una cierta edad deba ser un obstáculo para entablar buenas amistades.

En este sentido, coincido bastante con Molinos, aunque me he pegado algunos coscorrones que me han hecho estar a un paso de tirar la toalla; pero insisto en creer que las relaciones nacen de las afinidades y la entrega mutua, y para ello no hay edad.

El ejemplo de mis padres, que han ido haciendo amigos durante toda la vida (mi madre conoció a una de sus mejores amigas rondando los cincuenta, las dos tienen setenta y seis), me hace pensar que siempre se está abierto a entablar buenas relaciones, con la opción de que puedan luego estrecharse más los lazos.

Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Veo que las opiniones están divididas. Yo, por mi experiencia, estoy más cerca del pesimismo de Vicent que del optimismo de Moli y Fátima, pero hay una parte de mí que me empuja a seguir manteniendo los ojos abiertos. Por si acaso...

Gracias, Reyes. Mucha suerte en tu aventura veraniega.

NáN dijo...

He tenido 4 amigos de alta intensidad.
Es como la historia de los 10 negritos, pero en 4.

El del colegio se metió a cura. Me fui con él al seminario. Me escapé del seminario. Me laicé y ya no supe de él.

Del bachillerato tuve uno intensísimo hasta los 23 años. Pasó algo. Si alguien quiere saberlo, tengo un relato y lo puedo enviar a quien me lo pida. (No es nada del otro mundo).

El mejor amigo de mi compañera, superados los celos, se convirtió en mi mejor amigo. Al cabo del tiempo, montamos dos empresas y tarifamos.

Con 52 años tuve el cuarto, un artista plástico. Nos queríamos tanto que soportaba su ego con paciencia. Dejé de soportarlo.

Y no he tenido más, Creo que hasta los cincuenta largos es posible. A partir de ahí, somos refunfuñones y egoístas. Ya es difícil volver a tener la generosidad necesaria.

Teresa, me parece que estás lejos de los 60.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, NáN, me quedan diecisiete años por delante. Pero teniendo en cuenta mis antecedentes... pues no sé qué decirte...

Elvira dijo...

Me ha interesado este post, Teresa. Y el comentario de NáN me aprece muy acertado, hay fuegos de baja intensidad muy agradables. Yo tengo amigas de confianza total, pero nuestra relación es tranquila, no tiene las intensidades de los íntimos amigos adolescentes. Y luego hay otros amigos de menos confianza pero muy agradables. Tres de todos ellos están conmigo desde la infancia, y los demás entraron en mi vida a partir de los treinta y pico.
Por supuesto que es dar y recibir, si no no es amistad.

Aspective dijo...

Como ya han comentado ampliamente, algo habrá, aldo os daréis y recibiréis unas de otras o esa amistad, esas reuniones habrían muerto hace tiempo. Quizá no sea obvio, pero positivo debe de ser...

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro, Elvira, por supuesto que es agradable esta amistad de la que hablo. Lo que pasa es que no me la explico, y también que echo en falta una amistad más estrecha, más cotidiana, más intensa, sí, por qué no decirlo. Pero eso no quita para que valore mucho la que tengo con estas dos.

Sí, Aspective. Eso creo yo. Algo hay, aunque no sepa bien qué.