sábado, 19 de junio de 2010

Cuestión de tiempo


Otro sábado más que no se diferencia en nada de cualquier martes, o de un viernes cualquiera. Es lo que pasa cuando dejas de trabajar: las semanas se desdibujan, y sólo hay días, todos del mismo color, unos detrás de otros. Se me hace raro todavía no pensar que estos dos días son diferentes, especiales, pero es que no lo son para mí. Yo no reniego los domingos por la tarde porque mañana sea lunes, ni me pongo contenta los viernes porque ya llegó el fin de semana. Hay mañanas, como la de hoy mismo, en las que, cuando abro los ojos, no tengo ni idea de qué día es. Pero ¿acaso es importante? No, no creo que lo sea. En absoluto.

La vida que llevo ahora mismo lo hace totalmente prescindible. Tanto que, cuando tengo que cambiar la hoja del calendario de la cocina, se me hace extraño, porque no tengo conciencia de que ya haya pasado un mes. Tengo absolutamente atrofiado el sentido de la medida del tiempo. A veces lo noto pasar muy despacio, otras no me explico cómo es posible que, otra vez, estemos ya metidos en el verano. En ocasiones, me desespera comprobar lo larga que puede ser una mañana, mientras que hay días en los que, de repente, me doy cuenta de que pronto seré una candidata desechable a una primera lectura de mi curriculum simplemente por mi edad. 

Es como si, desde hace un tiempo, viviera en una especie de paréntesis en el que los relojes y los calendarios tuvieran un ritmo propio. Pero no es así. Soy yo la que tiene el paso cambiado. El tiempo es el que es, cuadriculado, matemáticamente implacable. Y aunque a mí no me lo parezca, dentro y fuera de esta burbuja, el tiempo sigue su curso.

Para bien o para mal.


(Update a las 13:02: Otra muestra más de mi absoluto descoloque temporal. Me he tirado un buen rato perpleja delante de los periódicos buscando en las portadas referencia de los dominicales, hasta que me he dado cuenta de que hoy era sábado...)

16 comentarios:

el chico de la consuelo dijo...

Bueno... toi acabando unas cosas del trabajo en este sabado largo, los peques se han ido con mi mujer a la piscina y hago un kit-kat bloguero, para enviarte a tu burbuja un abrazo cibernético azul de sábado, que como todos saben son distintos a los abrazos naranjas de los lunes y a los abrazos verdes de los martes... así ponemos colores al pasar de los dias el calendario.
Ahhh!!! y me ha encantado ver tu careto en el juguetico de los serguidores de mi blog.

José Antonio Peñas dijo...

A mí me pasa cuando estoy en medio de un apretón de trabajo. Puedo estar varias semanas dándole al lápiz y al ratón de lunes a domingo, día y noche, y el calendario deja de tener sentido. Y en general me entero de que hay un festivo o un puente cuando llamo a la redacción y descubro que no hay nadie.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Chico, me cuelo en tu kit-kat y te devuelvo el abrazo. Pero sin distraerte demasiado, a ver si terminas de currar y te unes a la fiesta post-piscinícola...

Claro, Sr. Peñas, pero eso es algo puntual, como cuando teníamos exámenes finales y hasta que no acababan estabas en otro plano. Pero ¿y después? Ah, después... Cuando vea en el kiosko la flamante portada del "Muy...", seguro que se le olvidan todos esos días encadenados y sin nombre.

NáN dijo...

Te he dedicado un texto en mi blog.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, NáN.

Arancha C. dijo...

Teresa, el tiempo existe sólo si hay una mente que lo piensa. Es el invento más perverso de la razón. Lo necesitamos para poder entender la existencia. Siendo conscientes de nuestra propia existencia, gracias al tiempo nos damos cuenta de que somos efímeros.

Teresa, la de la ventana dijo...

El tiempo sigue pasando aunque nadie lo piense, ni lo mida, Arancha. E incluso entonces, se le puede sentir fluir, como una corriente subterránea, que quizás no se vea, pero que se sabe que está ahí, siguiendo su curso. Que mi ritmo sea otro no significa que no sea consciente de él, es más, ahora mismo tengo una relación ambigua con el tiempo. Por un lado quiero que se detenga, por otro su paso es, cada día, una pequeña victoria.

Miguel Baquero dijo...

Estoy de despedida, sólo venía a asomarme por aquí. Espero que todo vaya bien. Un abrazo

Teresa, la de la ventana dijo...

¿De despedida, Miguel? ¿Y dónde vas? ¿Volverás?

PENSADOR ALS NÚVOLS dijo...

Conozco esa sensación. Y también la de ser candidato desechable a una primera lectura del currículum por la edad.
Hay quien dice que "el tiempo pone las cosas en su sitio"; pero supongo que eso se puede decir cuando se tiene perspectiva, no mientras ves pasar el tiempo por delante de la ventana sin tener claro el horizonte.
La lectura de tus escritos ayuda a que el paso del tiempo resulte más suave.
Un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

No sé qué decirte, Pensador, confiar sólo en la bondad del tiempo me parece demasiado arriesgado. Como pensar que siempre van a ganar los buenos, y eso no es así.

Bienvenido.

Diva Gando dijo...

Has hecho una muy buena reflexión sobre el tiempo. Sí señor, a veces da miedo.

Anniehall dijo...

Me ha gustado mucho, no sé qué decir. El tiempo y la memoria o nuestra percepción del paso del tiempo son fenómenos curiosos.

José Antonio Peñas dijo...

Se apareja otra temporada de trabajo apretado, con todos los frentes en pie de guerra. Me temo que no volveré a ser consciente del calendario hasta muy entrado el verano.

Menos mal que con un niño en casa siempre hay alguna excusa para salir (el parque, las bicis…), si no acabaría por no diferenciar el día de la noche

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Diva y Annie. Sí, es muy curioso, y puede ser bastante angustioso a veces. Creo que más que nada porque es él, el tiempo, el que tiene la sartén por el mango. Y a mí eso de no controlar... me jode mucho.

Pues mucho ánimo, José Antonio. Y no dejes de darte un garbeíto por los blogs amigos, eso es algo que tampoco está mal para oxigenarte un poco...

molinos dijo...

A mi lo que me pasa es que me da igual que día sea...no le tengo un aprecio especial al fin de semana...ahora no...pero va por rachas.

Un abrazo