miércoles, 30 de junio de 2010

Descompresión


La casa vacía me recibe al final de un día largo y tedioso, como lo son todos los días que trascurren tras los muros de un hospital. Riego las plantas de la terraza, me como un yogur sin hambre y me siento un rato. Estoy muy cansada, como si en lugar de haber pasado el día entero sentada, leyendo y trasteando con el ordenador, hubiese recorrido kilómetros andando. La casa está silenciosa, extraña, casi arisca. El hueco vacío dejado por el cincuenta por ciento de sus habitantes la convierte en una casa totalmente diferente, le arrebata la categoría de hogar, su calor acogedor, su atmósfera especial y distinta a cualquier otro lugar. Saber que mañana volveremos a ser dos me reconforta, y al mismo tiempo me hace ser consciente de la fuerza de una presencia a través de lo demoledora que puede llegar a resultar una ausencia. Me asusta comprobar cómo los objetos, las paredes, el aire mismo, se impregnan de la esencia de la gente que los posee o los habita. Todo es dolorosamente complicado, y al mismo tiempo terriblemente sencillo. Binario, incluso. Si. No. Antes. Ahora. Dos. Una.

(Para los no francófonos, el cartel dice algo como "Ya que la felicidad no existe, intentemos ser felices sin ella...")

8 comentarios:

José Antonio Peñas dijo...

Hace años mi chica y yo nos vimos obligados a estar separados durante casi dos meses (un incendio nos dejó sin casa) y en ese tiempo por el día no tenía problema porque estaba muy ocupado pero por las noches me costaba mucho conciliar el sueño, me faltaba algo al lado, el ruido de su respiración, el calor de su cuerpo…

NáN dijo...

La intimidad es una impregnación. No hay jabón que te frotes la piel y se vaya.

Un abrazo

Teresa, la de la ventana dijo...

Sé de lo que hablas, José Antonio...

Lo sé, Nan.

Caótica dijo...

Creo que me aterra volver a sentir esa ausencia. Duele, mucho.

Me ha gustado descubrir tu ventanita. Me han tocado la fibra tus palabras.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Caótica. Es chungo de verdad. Por cierto, Bienvenida y gracias.

Di Vagando dijo...

Teresa, como he estado sin conexion, llevo unos dias intentando comentarte estas entradas y no he podido. Solo decirte q admiro muchisimo tu paz, se transmite en todo lo que escribes. Es una obviedad, pero tu chico tiene mucha suerte contigo.

Creo q ya ha vuelto a casa. Me alegro. Esto de la salud es algo q "damos por hecho" y no es asi. Como sabes, me ha tocado muy de cerca esta primavera y no se si he sabido expresar la montania rusa de emociones q ha supuesto para mi.

Un abrazo para los dos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Di. Sí, ya estamos en casa, sólo fueron tres días, pero suficientes para remover viejos recuerdos nada agradables de estancias bastante más largas. Intento llevarlo lo mejor que puedo, por él especialmente, porque si yo flaqueo, mal vamos...

Otro abrazo grande para ti.

Alegría. dijo...

Ahora comprendo un poco, intuyo...
Espero que todo vaya cambiando a mejor. En ocasiones, que no es esta, no reparamos en cómo encajamos de una determinada manera, de lo preciso que es el ensamblaje de "unas piezas y otras", para que el engranaje, pueda funcionar. Es como una cadena, que aunque haya veces que nos toque el primer eslabón, algo lejos, acaba afectando a ésta, muchísimo...
Un abrazo.