sábado, 5 de junio de 2010

La hipocresía incongruente de las leyes antitabaco


Nunca he fumado. Y cuando digo "nunca" me refiero a que jamás le he dado ni siquiera una calada a un cigarrillo. Así que realmente no sé si me gustaría fumar, no tengo ni idea de lo que me pierdo por no hacerlo. Por alguna extraña combinación de casualidades y de decisiones propias, mis pasos no me han llevado por el camino de ese vicio, aunque podrían haberlo hecho, y sé que, de haber sido así, hubiese terminado siendo una fumadora de las de paquete diario, mala conciencia y mil y un intentos infructuosos de dejarlo. Pero el caso es que, casi sin proponérmelo, sin oponerme de manera abierta y consciente a caer, sin sacrificios en beneficio de mi salud, nunca he fumado, y dudo mucho de que ya lo haga.  Jamás me atrajo el hecho de fumar, ni por probar siquiera. Nada. Una indiferencia que, lo reconozco, me intriga, porque no es lo normal en mí, que soy curiosa por naturaleza. Pero es que, de entrada, siempre me pareció imposible disfrutar con el sabor de algo cuyo olor ya me desagradaba tanto. Ni siquiera la inercia de dejarme llevar en una edad en la que ser parte del grupo es tan importante consiguió atraerme y hacerme superar el asco físico que el olor del tabaco me producía. Así que, simplemente por remilgada y asquerosita, no hice lo que todo el mundo hacía. Y eso que, por aquel entonces, eso suponía un órdago a la grande: atreverme a autoexcluirme del grupo mayoritario, situándome voluntariamente en un escalón inferior del entramado social adolescente: el ghetto de las sosas sin glamour, el de las no enrolladas. Creo que fue la primera vez que disfruté de de la sensación solitaria pero enormemente gratificante de que algo me diera exactamente igual, y incluso llegar a disfrutar de poder remar contra corriente. Ahora que lo pienso, el hecho de que fumar fuese malo para la salud nunca fue un factor decisivo para que yo no lo hiciera. Lo cual da idea de que no soy fumadora de pura carambola. Si tabaco en lugar de saber a rayos supiese a gominolas o a café recién molido, ahora mismo yo lo estaría pasando mal. Estoy convencida.

Porque ahora la situación se ha dado la vuelta, y el ghetto se cierra, pero yo me quedo fuera, y son los fumadores los que se quedan encerrados en un reducto cada vez más pequeño y opresivo. No quisiera estar en su pellejo. Lo que hace unos años era el colmo de la sofisticación, de lo socialmente bien visto, se ha ido convirtiendo poco a poco en una aberrante manera de envenenarse. Que pueden seguir practicando, pero eso sí, en privado, o al aire libre. Escondidos. Cuando enfermen, ya les intentarán curar sin éxito en los magníficos hospitales de la Seguridad Social. El monopolio del tabaco da dinero al Estado para eso y para más.

Y digo yo, si fumar es tan malo como nos están recordando constantemente, hasta el punto de que  se aparta a los que lo hacen de los que no, ¿por qué estas medias tintas? ¿Qué es lo que hace que no se haya prohibido el tabaco mucho antes, de una vez y en todas partes? ¿Por qué no se retira definitivamente del mercado un producto que claramente no pasa la normativa de seguridad e higiene y provoca enfermedades tan graves que incluso pueden llevar a la muerte? ¿Por qué ahora es tan malo como para tomar unas medidas claramente impopulares, pero sigue sin serlo lo suficiente como actuar de manera radical?

La respuesta está clara. Poderoso caballero es Don Dinero. 


11 comentarios:

NáN dijo...

Lichis cantaba eso de "mata más el tabaco que los aviones / y he perdido el miedo a volar". Cuando estaba en la Cabra Mecánica. Se equivocaba. Los aviones matan mucho más, lo mismo que los coches: normalmente a los que no viajan en ellos. O sea, a la Naturaleza; de la que, cachis en la mar salá, todavía formamos parte.

Claro que, me caguenlá, somo más conscientes de pertenecer a la sociedad fabril, mercadona, financiera y especulativa (dicen).

El día que nos cobren el aire respirable, se nos va a poner por las nubes; y lo malo, jodo, es que Lichis se equivocaba y estará bien sucio.

Es por ello. Las medias tintas no funcionan... salvo las de calamar, en caso de que las controle Trillo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Llegará ese día, NáN, no me cabe duda. Lo he pensado muchas veces, fíjate. Igual que se cobra por el agua, que viene del cielo, pero hay que canalizar, limpiar, etc. Y el que en su momento se haga con el monopolio del oxígeno respirable, ése sí que se va a forrar pero bien. Pero será mucho más que archi-mega-super-millonario: será todopoderoso.

Reyes dijo...

No caí en la cuenta de lo políticamente incorrecto que es fumar hasta que el otro día vi en You Tube el clip de Grease , ése en el que la Olivia se pone sexy de cuero negro y con un cigarrillo en la boca...me chocó tanto que sólo entonces me di cuenta de que esa escena hoy ya no se exhibiría.
Cómo ha cambiado el gesto de fumar , es cierto .
Antes volvía a una persona interesante , ahora lo hace un apestado .
....
Sabes?
Yo tampoco he conseguido fumar nunca .
Y mira que soy de carácter adictivo ; pero este vicio nunca me enganchó .

Un beso .

(oye Nán , me encanta Lichis , me gusta también en solitario ) .

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí que han cambiado las cosas, Reyes. Y es que no hace tanto, fumar en el trabajo era lo más normal. O en los cambios de hora, en la universidad. Hasta en las salas de espera de los hospitales, mientras la parienta daba a luz. ¿Y qué me dices de las bodas, bautizos y comuniones, donde se regalaban puros y cigarrillos y ése día fumaba hasta quien nunca lo hacía?

Otro beso para ti, resalá.

NáN dijo...

Pues yo, si me apretáis, nunca he montado en globo.

Un rasgo que diferencia que la peli es de la escuela de Nuva York o del cine europeo de autor, es que los protagonistas fuman.

Teresa, la de la ventana dijo...

¡Yo sí que he montado en globo! Y mola muchísimo.

Donde siguen fumando un montón es en las películas asiáticas. Lo cual no deja de ser un reflejo de lo que pasa, y cómo las compañías tabaqueras se ven obligadas a sustituir unos mercados por otros...

Arancha C. dijo...

Suma esto a la lista ¿Por qué la UE subvenciona el cultivo de tabaco en algunos paises mediterráneos, como el nuestro? Esto sí que me parece el colmo de los sinsentidos...

Por cierto, yo también fui del ghetto de las no fumadoras por el mismo motivo que tú: me da asco el olor. Además, como yo sí he dado alguna calada que otra por eso de entender porqué a la gente le gustaba tanto, como lo hacía cuando salía de marcha, me mareaba el cubata. Así que, como tenía que elegir entre cubata y tabaco, no me cupo la menor duda: un cubata bien fresquito sin mareo.

El niño desgraciaíto dijo...

Yo nunca he fumado más que algún puro en las bodas. Bueno, realmente tres caladas. Y algún cigarrillo cuando ya estaba borracho.

Aquí en España sigue estando relativamente bien visto fumar. Con la nueva ley, ya veremos. Pero, si tan malo es, por qué lo venden?

Por lo menos puedes ir a cualquier hora a una tienda o un bar y comprarlo. Cosa que no pasa en Madrid con las cervezas o alcohol en general. A partir de las 10 de la noche... se acabó.

Absurdo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Es un sinsentido completo, es cierto, Arancha. Pero hay tantos intereses de por medio...

Sí, Niño, paradójicamente hay muchos más sitios donde comprar tabaco de noche que farmacias de guardia.

NáN dijo...

P'ro vamo a vé, que nos desmandamos.

La ley antitabaco no es contra el tabaco, aunque por el nombre lo parezca.

Es una ley para proteger a los no fumadores del humo del tabaco en los lugares públicos cerrados. Y yo, que soy un "bicioso", porque fumo más del doble de lo que debiera, estoy de acuerdo.

Hay muchas cosas malas, muy malas, malísimas; peor que el tabaco. El aire que respiramos en las grandes ciudades es infecto, pero solo protestamos cuando huele o se condensa, y podemos percibirlo. De todas maneras, no se pueden atacar porque es como decir que a quien tiene una infección de sangre se le extraiga toda la sangre. Y el aire que respiramos (también en la naturaleza, que el aire es muy suyo) es la sangre del sistema que padecemos o disfrutamos (según el lado que nos toque).

Por eso no hay contradicción en la ley antitabaco.

Teresa, la de la ventana dijo...

A mí me choca que de repente los no fumadores seamos tan importantes, NáN.

Claro que hay muchas cosas malas, y esta medida quizás haga que no tengamos que meter toda la ropa en la lavadora después de salir por la noche. Aunque me temo que no va a quitar de los hospitales a tanto enfermo como consecuencia del hábito de fumar.