lunes, 14 de junio de 2010

Memoria selectiva


Recuerdo el día que entró en casa el primer teléfono. El operario de Telefónica lo sacó de una caja de cartón, y lo enganchó al cajetín que había instalado antes. Cuando terminó, comprobó que había línea y le dió un papelito a mi madre. Era un trozo de hoja cortado de cualquier manera, con siete cifras. "Este es el número, señora. No lo pierda, apúntelo cuanto antes en la ruleta."

Y ahí aparecí yo. "Hija, cópialo tú, que tienes la letra más bonita, anda". Aquel teléfono estuvo en una esquina de la mesa del salón durante casi dos décadas. Casi tanto tiempo como yo. Poco antes de que yo me fuera de casa, se llevaron el teléfono gris de ruleta para sustituirlo por un flamante Domo. La última vez que lo miré, me costó trabajo reconocerme en esos números trazados con el nerviosismo y la responsabilidad de quien quiere hacerlo perfecto y no lo consigue, porque en su afán de lograrlo ha empezado a escribir demasiado a la izquierda, y lo escrito no ha quedado del todo bien centrado.

Hace mucho que aquel número de teléfono dejó de ser el mío. De hecho, ya llevo más tiempo teniendo otros números que aquel. Y sin embargo, es ése el que se me viene automáticamente a la cabeza todavía cuando alguien me pregunta mi teléfono. Tengo que pararme y pensar dos veces antes de preguntar, "¿El fijo o el móvil?", ganando un poco de tiempo para recordar mi teléfono de ahora. Creo que si un día pierdo la memoria y la recupero, hay más posibilidades de que recuerde aquel primer teléfono que mi número de Dni.

Eso sí, sigo teniendo una letra preciosa. Y ya hasta soy capaz de escribir centrado y sin torcerme...

20 comentarios:

Arancha C. dijo...

Es curioso como los números de teléfono se hacen propios. Yo no logro convertir en propio mi número de teléfono actual, que tiene ya un año. La mayoría de las llamadas que recibo no son para mí, son para otros habitantes de la casa, así que difícilmente me puedo identificar con él.

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso es porque ahora usas más el móvil, y el fijo es meramente testimonial, algo que se conserva casi para poder mantener la línea ADSL, Arancha. ¿Y te has fijado en que ya no nos aprendemos los números de teléfono? Nos limitamos a apuntarlos en la agenda del móvil. Nos hacemos vagos... y mayores.

molinos dijo...

jijijij...mi blog tiene mucho que ver con esta entrada..la dirección del blog vamos...

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Qué me dices, Moli? Cuenta, cuenta...

NáN dijo...

¿Cuál es tu móvil?
No tengo.
¿Y el fijo?
Nunca me acuerdo.

Este diálogo lo sostuve muchas veces hasta hace dos años que me hice con un móvil. Siempre recuerdo lo que decía Martin Amis padre cuando alguien llamaba a su casa a cualquier hora del día: ¿¡Quién es el psicópata que llama a estas horas?!

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, NáN, yo crecí con la idea de que el teléfono era un objeto casi totémico, algo que había que usar con mesura, sólo para las cosas importantes. Cuántas veces habré escuchado eso de "Que se gasta, niña, corta ya".

Cuando pude disponer de mi propio teléfono ya era demasiado tarde: no me gusta hablar por teléfono, lo uso poquísimo, mi madre hizo un buen trabajo, ya ves. Está claro que las cosas que marcan a fuego son las de los primeros 10-12 años de la vida...

José Antonio Peñas dijo...

Yo recuerdo perfectamente el número de mi primera chica, con la que corté (miento, yo no hubiera podido lo hizo ella) hace 22 años ¿Para qué leches necesito recordar ese número? Y más teniendo en cuenta que era una egoista manipuladora, procuró anularme como persona y lo consiguió sobradamente?

Teresa, la de la ventana dijo...

La memoria es caprichosa, José Antonio. Y si dices que la chica era manipuladora, está claro que su poder, aunque sólo sea en tu subconsciente, sigue latente...

Reyes dijo...

A mí lo que se me grabó a fuego fue el saludito inicial que tenía que soltar en mi curro de telefonista /secretaria.
Todavía hoy cuando cojo el telçefono pensando en otra cosa hay veces que estpy a punto de soltarlo.

Eso es más grave , eh?

Jeje.


...
No, no voy a cerrar el blog, me refería a las confidencias en directo ,ya sabes, lo de hablar de más .
Besos.

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

El primero que entró en casa de mis padres...ya era de teclas. La tele entró en color y con mando a distancia...el video en el 92...No eran muy pro-tecnología.

Anniehall dijo...

Yo no recuerdo el teléfono de mi primera casa pero sí el de casa de mis abuelos: de baquelita negra en mitad del pasillo. Al nombrar un teléfono me viene a la cabeza esa imagen. Y el de la foto era igualito al de la casa de mis otros abuelos, mi primer piso 'de soltera'. De los casa de mis padres cuando todavía era mi casa el primero que recuerdo también era ya con teclas.

Los números, puf, recuerdo algunos sin motivo aparente: el de mi primer novio (un tormento de rollo destructivo, está claro que debería haberlo olvidado), el de una de mis amigas, el de un vecino amigo de mis padres... Otros los he olvidado como los de mis abuelos. Y eso que llamaba mucho allí también.

Teresa, la de la ventana dijo...

Uys, Reyes, lo del "Saludo-telefonista-buenos-días-dígame" también me ha pasado a mí en algún momento. Son muchas horas y muchas llamadas cogidas, normal que se te quede grabado a fuego...

Es que tu eres muy jovencito, Gonzalo. Los teléfonos de teclas llegaron después, y como el de ruleta funcionaba perfectamente, jamás se planteó cambiarlo...

Annie, es muy curioso como juguetea la memoria con nosotros... Yo recuerdo el de una amiga del colegio de la que no sé nada desde hace la friolera de 30 años...

el chico de la consuelo dijo...

Yo es que sigo dando el numero de mi madre porque en casa casi no estamos... en mi trabajo están hasta mosqueados con el tema.

P.D-. Viveiro Lo de tu casa con la renuncia a la tele lo recuerdo como algo casi heroico, Una infancia sin espinete ni el caracol perejil debe dejar huella NO???

Vicent dijo...

Si que es selectiva, cien por cien, yo recuerdo el de casa de mis padres perfectamente pero sin embargo soy incapaz de recordar el que tuve en mi primera casa en la que viví 8 años ni mas ni menos.

El mio era como ese pero rojo.

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Viveiró no tenía tele? ¿Y de qué hablaba en el patio del colegio?

A mi me cuesta recordar el de mi primera casa (diez años en ella), Vicent. Pero me sale del tirón si me alguien me dice los tres primeros números, en plan tabla de multiplicar, con su musiquita y todo...

Aspective dijo...

Mi primer teléfono. Mágico y ya no había que pasar a la casa de la vecina. Y era de los nuevos porque empezaba por 4 y no por 2.
El mismo teléfono gris, al final verdoso por lo descolorido, el mismo disco de marcación y también veinte años a cuestas.
Ya no me acuerdo del número, pero si me dices el principio sale como un tiro. No le tengo especial cariño pero si me provoca nostalgia...

NáN dijo...

Lo mío será de traca, porque cuando entró la TV en mi casa yo ya me había ido, y no tuve tele hasta que mi hijo tenía dos años y venía de la guardería contando que había una cosa con dibujos que salían de la cosa y jugaban contigo.

Vale.

Pero por lo que veo, se os aplica ya la maravillosa columna de Casavella en El Mundo: "Ya no beberemos tan jóvenes".

Teresa, la de la ventana dijo...

Es que es eso, Aspective, nostalgia pura y dura. Porque lo que se dice usarlo, bien poco... Pero estaba ahí, y cuando sonaba a partir de cierta hora, te ponía el corazón en un puño, seguro que eran malas noticias...

Pues la tele de aquel entonces te daba una culturilla general nada despreciable, NáN. Yo tendría serias lagunas en mi mente si de repente me borraran todo lo que aprendí entre los 5 y los 12 años viendo la tele. Y no sólo por los dibujos, que también tienen su aquel. No imagino mi infancia sin los Picapiedra, el oso Yogui o Maguila el Gorila, francamente.

NáN dijo...

De haber existido tele en aquel tiempo, terror me da pensar lo que pondrían. ¿Las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín? ¿Flechas y Pelayos? ¿Franco es tu abuelito?

Por cierto, acabo de broncar con L. Vuelvo a casa del trabajo: 1)Una amiga le llama porque tiene entradas para un concierto; 2) Llamo al móvil de L para que le diga si sí o si no (y me dice que la llame yo, que no tiene su móvil); 3) Llamo a la amiga para decírselo; 4) me llama L para decirme que sí tenía el teléfono y la ha llamado. Entre tanto, el piscolabis que me había preparado se había enfriado.

Odio el teléfono. Me siento como violado en la intimidad de la casa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Jajaja... Casi mejor que no la hubiera, NáN.

Eso de la violación de la intimidad lo entiendo, especialmente con el teléfono de ruleta. No sabías qué te esperaba detrás de ese "ring-ring" tan inquietante siempre. Ahora, al menos, sabes quién te llama, y puedes no cogerlo. Ese es un gran avance, increíblemente importante, del que no sé si somos conscientes, o quizás nos hemos acostumbrado tanto a ello que no lo apreciamos en su justa medida...