miércoles, 16 de junio de 2010

Sí, pero no


A veces una buena noticia llega tan tarde y después de tantas malas que no sabes muy bien cómo encajarla. Te alegras, por supuesto, pero al mismo tiempo es como si no terminaras de creértela, como si mientras una parte de ti disfruta de las novedades positivas, otra parte de ti más desconfiada buscara en un segundo plano donde está el truco. Sabes que deberías estar chispeante, loca de contento, quieres estarlo, pero sencillamente no te sale. Un freno interior te para, te retiene en contra de tu voluntad, como si de alguna manera intuyeses que alegrarte en exceso pudiera ser negativo, algo así como una manera de atraer de nuevo la desgracia. Supongo que sólo es una manera de protegerse, pero esa prevención le quita mucha gracia a la cosa. Es como si después de abrir una botella de champagne para celebrarlo, la dejases reposar demasiadas horas abierta y a temperatura ambiente, y al final te la terminases bebiendo. Pero lo que te bebes ya no es  más que un aguachirle tibio y sin burbujas.

A veces odio ser tan cerebral.

14 comentarios:

NáN dijo...

¿Cerebral? A mí me parece que tienes la superstición de que el destino distribuye las sensaciones y que una alegría es la antesala de un problema. ¡Venga esa racionalidad! Que sea vea.

Hip. hip, hurra

Teresa, la de la ventana dijo...

La racionalidad, NáN, está ahí. Menos a la vista de lo que parece, como tú mismo has demostrado. Y es tan puñetera que no deja que te olvides en ningún momento de que esa buena noticia es lo que es, pero también es cierto que una golondrina no hace verano.

Porque el mar de fondo, el de las malas noticias previas, sigue ahí. Dispuesto a arrastrarte en cuanto te descuides.

Amanita Faloides dijo...

Teresa, que no, que todo tiene su momento y su oportunidad. La racionalidad mide efectos objetivos, la emoción mide sensaciones y la falta de equilibro siempre es por algo.

Toca hacer un bizcocho 4/4 de chocolate, siempre simple, siempre oportuno.

Teresa, la de la ventana dijo...

Amanita, por desgracia muchas sensaciones y emociones tienen su origen en hechos objetivos que, por muy optimista y zen que quieras ponerte, son lo que son y están ahí. Y dejan huella.

Pero, tranquila, pasará, siempre pasa. Además, tengo un brioche de pasas recién hecho. Como tú dices, eso siempre ayuda...

molinos dijo...

Teresa...se aprende a ser cerebral..la parte buena es que a veces la realidad te sorprende..en serio.

Besos!!

Teresa, la de la ventana dijo...

A eso me refería con lo de dejar huella, Moli. Aprendes, y lo malo es que eso es algo que no se "desaprende"... Sin embargo, aún no soy un caso perdido: te aseguro que todavía conservo la capacidad de sorprenderme.

NáN dijo...

¿Te veré hoy donde Berna Wang?
Ánimo animoso.
Como escribió el poeta:

"Largo es el arte
la vida en cambio corta
como un cuchillo"

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, NáN, allí estaré.

Ya lo creo que corta, y hace sangre...

Portorosa dijo...

Yo creo que lo que ocurre en esos casos es que tras tanto tiempo obligándote a no sentir demasiado, anestesiándote para que no duelan tanto las cosas malas, cuando llegan las buenas no podemos reaccionar. La coraza también impide la alegría, como protegió de la pena.

Eso sucede, creo yo, y salvando las distancias, Teresa, en algunos reencuentros muy esperados. Que el esfuerzo de aguantar la separación luego no nos deja alegrarnos como pensábamos. Y tenemos que esperar unos días para sentirnos bien.

¡Hoy os veis! Qué bien. Pues contadlo, ¿eh?

Un abrazo.

NáN dijo...

Ha sido estupendo conocerte, Teresa. Lola También estuvo (fue la que cerró la puerta), pero se quedó atrás y solo escuchó a Berna.

Un abrazo fuerte

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Porto, tiene mucho sentido esa reflexión tuya: aprendes a encajar los golpes tan bien, que luego apenas sientes las caricias... Pero pasará, siempre termina por pasar.

La verdad es que el acto ha estado muy bien, y conocer a Berna Wang (y escucharla leer sus poemas) ha sido muy bonito.

Y también conocerte a ti, NáN, he pasado un rato muy agradable que espero repetir. Y que se una alguien más, no sé, ¿Porto? ¿Jesús Miramón? ¿Algún otro espontáneo?

Arancha C. dijo...

No todas las "buenas noticias" regocijan el corazón. Estoy segura que te vienen a la memoria buenas noticias que a lo largo de tu vida te desbordaron de alegría.

No todo lo que supuestamente nos tiene que producir alegría lo hace y es bueno siempre mantener una mirada crítica. No es una muestra de racionalidad; es una muestra de inteligencia, que es muy diferente...

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues Arancha, hija, a veces me gustaría ser tonta perdida, la verdad...

Portorosa dijo...

La ocasión la hay: el fin de semana del 18 de septiembre.

Ya hablaremos. Un beso.