miércoles, 23 de junio de 2010

Su cambio, gracias.


A veces me pregunto si ciertos trabajos imprimen carácter o si lo que pasa es que la gente es elegida de acuerdo con determinados parámetros para desempeñar ciertos puestos. Aunque me inclino por lo primero, no dejo de sorprenderme al comprobar que hay comportamientos y actitudes que se repiten con regularidad pasmosa entre el personal de ciertos sectores. Por ejemplo, hay poquísimas cajeras de supermercado a las que saques del "Hola", "Sesenta y cinco con cincuenta" (Ojito con la economía del lenguaje; casi ninguna dice "Son sesenta y cinco con cincuenta", cuanto menos, curioso...), y el "Hasta luego". Intentar algo más supone que te miren con cara de susto, como si fueses una loca peligrosa. Juro que cuando eso ocurre me siento como en una de esas historias de ciencia-ficción en la que todo el mundo está adoctrinado para saber que establecer vínculos afectivos con sujetos extraños puede resultar una seria amenaza. Y vaya por delante que soy todo lo contrario a la señora dicharrachera y comunicativa que se enrrolla con cualquiera y le cuenta su vida mientras espera su turno, nada más lejos. Sin embargo, me dan escalofríos estas dependientas que ahora se estilan, tan frías, tan secas, tan metidas dentro de su mundo particular, que están, pero no están, como si su cuerpo cogiera la prenda, la pasara por el lector de códigos de barras, te pidiera el dinero, abriera la caja, lo metiera dentro, y te diera las vueltas y el ticket después de meter el jersey en su bolsa, pero su mente realmente estuviera a años luz de allí. O como si no tuvieran mente, lo cual da aún más miedo. Supongo que pasar ocho horas diarias haciendo lo mismo termina pasando factura, y es justificable y comprensible que termines por desconectar, y que pienses en tus cosas, o que no sonrías con las mismas ganas al primer cliente de la mañana que al último. Pero de eso a ese autismo continuo, ese estar ahí como un robot que dobla camisetas y coge el dinero que le das... no sé, me parece que el puesto de dependienta da para bastante más. Y sin embargo, el modelo se repite en cada vez más sitios, como si no hubiese un término medio entre la vendedora pesada de antaño, ésa que no te dejaba respirar tranquila ofreciéndote su ayuda, y el actual desprecio por el cliente al que se mira como un  incordio si por un casual se le ocurre pedir un par de zapatos "de los de dentro" porque los que están expuestos tienen un arañazo. 

Hoy, al pagar la rebeca a la chica de la caja de la sección de Caballeros de Zara, me he dado cuenta de que lo que ocurre es que ya no hay dependientas en las tiendas de ropa, sino cajeras. Iguales que las de los hipermercados. Su función se limita a cobrarte por los artículos que te lleves. Por eso es inútil que esperes que te aconsejen si te ven perdida entre dos colores, y no es de extrañar que arruguen el morro si les pides una talla que no está en el montón. Porque, sencillamente, no es su trabajo, y por supuesto que las estás molestando. 

18 comentarios:

Mayte dijo...

Tienes toda la razón. Me pasa en cualquier tipo de tienda. Yo siempre saludo, doy las gracias e incluso pido perdón por molestar, a veces pensando erróneamente que si ven amabilidad de entrada responderán con amabilidad. Y es igual en todas partes (excepto en mi librería preferida donde el dueño parece haberse leído todos los libros que vende y te habla siempre sobre los que decides comprar). Por mi experiencia, las peores, las del Corte Inglés, que parece que te hagan un favor ¡ incluso a la hora de cobrarte! ¿Y qué me dices de los chavalines/as del FNAC que a veces no saben ni de lo que les estás hablando cuando preguntas por un libro o una película?¿No les piden a la hora de contratarlos unos conocimientos mínimos sobre lo que tienen que vender? Luego, claro, yo, cuando me encuentro con alguien amable, estoy hasta por hacerle una reverencia y no me canso de hablarle a todo el mundo sobre aquel dependiente tan simpático que tras cobrarme me dijo: "Que tengas un buen día". ¡ Ya ves ! Es verdad, debe ser muy duro tratar ocho horas con la gente, de pie, y aguantar según qué cosas, pero todos tenemos que bregar con inconvenientes en nuestros trabajos....Y sólo que lo hicieran todo con un poco más de alegría seguro que se verían recompensados, aunque fuera sólo con una sonrisa por parte de los clientes pero, claro, ¿qué valor tiene hoy en día una sonrisa?

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo he trabajado en una tienda, Mayte, y estar de cara al público es parte de tu trabajo, y no precisamente la más sacrificada. Duro es pescar, o estar haciendo zanjas a la hora de la siesta en agosto, eso sí que son condiciones jodidas para ganarse el jornal. Lo de tratar a la gente puede ser molesto según con qué clientes, y convertirse en un gustazo con otros. No creo que sea una disculpa para la falta de profesionalidad que se extiende como una mancha de aceite en el ramo del comercio, y que en determinados establecimientos, como librerías o tiendas de ropa, consigue que, si puedes, evites volver. Falta una buena educación mínima, que no hipocresía ni baboseo, y también amor y conocimiento del producto. En fin, supongo que los sueldos que las cadenas de tiendas dan no estimulan demasiado, y que todo viene rodado, pero el caso es que se echa de menos un poco de calor humano, esa sonrisa o ese consejo amable que, como bien dices, puede alegrarte no sólo el día sino la semana entera por lo rarísimo que es.

NáN dijo...

La funci´n crea el órgano, se decía. Y el sistema crea la robotización. Nadie les dice que cuando se presta un servicio se establece una relación personal; mínima, pero relación. En cambio, estoy seguro de que, con cámaras o personalmente, hay momentos en los que se les cronometra el tiempo y se les reprende si se frma una cola porque han alargado los tiempos requeridos por cliente y objetos comprados por cliente.

No justifico, simplemente intento describir.

Y el resultado me parece tan horrible como a ti. Podríamos hablar de otros sectores. Por pner algo positivo, los conductores de los autobuses de Madrid. Siempre les saludo cuando entro y meto el billete y siempre me devuelven el saludo con la misma educación; si entra una viejina decrépita (me ha pasado esta tarde) no cierran la puerta ni arrancan hasta que está sentada.

Habrá de todo, pero es la tónica general... ¡Y no suelo alabar fácilmente los servicios organizados por el PP!

el chico de la consuelo dijo...

Pues a mi las cajeras del mercadona y del eroski me dicen "corazón"... al principio me parecía un poco de jenny, pero ahora hasta me parece simpático...¿igual es por que ya nadie me llama corazín? buahhhhhhh
adios corazón...

Reyes dijo...

Tienes toda la razon .
El estrés jamás consiguió que tratara a los clientes de Virgin donde trabajé
como a bultos.
Me ha hecho gracia que tu primer comentarista haya mencionado al Fnac; hace poco me hicieron una entrevista para la sección de libros.
Me hubiera encantado volver a atender gente .
Pero supongo que me descartaron por vieja.
Un "chavalín " o "chavalina" es mejor porque acepta condiciones escuálidas, trabaja a tiempo parcial y cobra poco .
Es lo que hay .
Lo malo es que como dices , esto está por todas partes .
Sin embargo, seré honesta y te diré que hay excepciones;
El otro día en Carrefour me atendió una cajera que te cagas, ya era hasta pesá.
Suuuuper amable, algo pureta , pero super amable.
Lo que yo te diga;
las puretas , que somos las mejores en cuanto nos dan una oportunidad .

Jaja.

Excelente post , me ha encantado.

Portorosa dijo...

Pues fíjate que yo siempre pongo a los dependientes de la FNAC como ejemplo de buenos profesionales que saben qué venden. Será porque en mi ciudad las librerías están atendidas por personas que creen que "Atlas de geografía humana", de A. Grandes, está en la sección de... atlas (caso real).

Yo creo que lo de los y las dependientas es solo un caso más de malas relaciones personales, de las dificultades que muchos tienen para llevarlas con soltura, apertura, empatía e incluso educación. Y que probablemente el problema empieza por no saber lo importantes que son esas relaciones para todos.

Buenos días. Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Afortunadamente, NáN, hay excepciones, pero eso es lo triste, que te termine por sorprender lo que debería ser algo generalizado, unas buenas maneras mínimas y un algo de calor humano. Los autobuseros, igual que los taxistas, tienen fama de agresivos y cabrones, y es cierto que dan más de una sorpresa (yo conozco a los de Auto-Periferia, y también saben esperar y sonreírte cuando les das los buenos días). Pero esto, una muestra de humanidad mínima y buenas maneras, está convirtiéndose en lo raro.

Es que, Chico, eso son palabras mayores. ¡Las cajeras de Mercadona son humanas! No sé si es porque el tamaño de esos supermercados está mucho mejor pensado para el cliente y en lugar de buscar darte agorafobia optimizan el paseo y la lógica a la hora de hacer la compra, pero el caso es que yo también he observado una notable diferencia con el personal de otras grandes superficies. Son mucho menos "robóticas", incluso capaces de entablar una pequeña conversación amigable.

Uys, Reyes. Yo en la FNAC siempre he tenido la sensación de que los dependientes están ahí sólo para colocar libros y cobrarte. No te digo que haya que ser licenciado en Literatura Comparada para entrar, pero sí que te exijan un mínimo conocimiento de lo que vas a vender. Hace años, estuve a punto de entrar en una famosa tienda de música que cerraron no hace mucho en la Gran Vía, Madrid Rock (seguro que a muchos madrileños les suena). Pues tuve que pasar un examen sobre grupos y cantantes de más de cien preguntas. Lógico, ¿no? Por cierto, me cogieron, pero al final dije que no porque me salió otro trabajo que me gustó más. Pero siempre que fui a comprar allí tuve la sensación de que si necesitaba ayuda, la tendría. Y era así, había gente que hasta cantaba canciones a los dependientes buscando un determinado disco del que no sabían ni quién la cantaba. Eran auténticos ordenadores con piernas.

Escalofríos me das, Porto, si los de la Fnac son lo mejorcito de tu pueblo. Pero tienes razón, se han obviado las relaciones personales, y se ha centrado el negocio en vender mucho y gastar poco. Y eso crea la tienda "autoservicio", en la que tú te buscas la vida y al final pagas. Y sí, eso está bien para coger una lata de tomate y unos macarrones, pero para ciertos productos no sirve.

molinos dijo...

Yo creo que es un problema de educación y no de que sean dependientas. Ahora nadie saluda, ni da los buenos días, ni dice por favor, ni gracias. Es sencillamente eso, y cuando les pagan el criterio es: me pagan por vender. Nada más..parece que la educación y el saber estar es un plus a pagar aparte.

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Y por qué unos encargados de tienda permiten eso, Moli? Pues porque lo mismo da, el caso es que hagan caja. Y la gente termina acostumbrándose, y siendo igual de bordes, lo que es realmente lamentable. A mí me da mucha pena comparar lo que son los establecimientos españoles con los franceses, por ejemplo, donde todavía te tratan de usted, con respeto e interés por lo que buscas o lo que necesitas. Pero como bien dices, es cuestión de educación, y eso se extiende más allá del mostrador de una tienda. Está en la atmósfera.

el chico de la consuelo dijo...

Pues ya he comentado en otros sitios por ahí que yo soy de los que habitualmente pido hojas de reclamaciones y mando cartitas de queja por el trato y cosas así...
Para compensar (y para sufrimiento de mi mujer) también soy de los que me gusta felicitar personalmente al de la cocina cuando me gusta lo que como. "Tu tio te crees que eres el rey o qué?".
En mi curro y en la parte que es de mi competencia todo el mundo sabe que si en algo no transijo ni media, es en una mala atención al usuario, para nosotros cada persona que nos visita tiene que ser dios para nosotros.

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, Chico, yo creo que si todavía quedamos gente que se exaspera y se rebela ante esto, alguna esperanza hay...

Yo, por si acaso, sigo dando los buenos días, y las gracias, y pidiendo las cosas por favor y con una sonrisa. Quizás reciba el silencio por respuesta, pero mira, ellos se lo pierden, porque yo me siento estupendamente siendo así.

molinos dijo...

Edc..yo también hago eso. Pido la hoja de reclamaciones enseguida..es más..hoy he soñado que reclamaba en algún sitio..ahora no recuerdo dónde.

Y yo, que puedo ser supercardo, en mi curro y con la gente que llama o que tengo que atender soy el colmo de la buena educación y el saber estar. " Señorita, ¡ qué encantadora es usted!...aparte de que lo sea, es que es mi curro.

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro que sí, Moli, a eso vamos, a la falta de esa profesionalidad, de ese amor propio por hacer las cosas bien, que no es hipocresia, ni falsedad, sino unas buenas formas que no cuesta nada tener y que hacen que la vida sea un poquito menos árida.

NáN dijo...

Ojo con Mercadona: tienen los sueldos más altos, no trabajan ningún festivo porque así lo decidieron los trabajadores: la empresa aceptó porque pensó que los clientes de esa cadena son leales porque siempre se está más a gusto.

Es decir: es la única cadena de grandes superficies en la que los trabajadores son tenidos en cuenta y, por lo que me han dicho, se nota en el trato.

Lo que me da la razón cuando digo que la robotización del sistema de trabajo neoliberal deshumaniza.

Arancha C. dijo...

Supongo que la precariedad laboral tiene mucho que ver en todo esto. Yo creo que nunca antes se había mercadeado tanto con los empleados como ahora, y eso, quieras que no, afecta a su actitud: abundan los trabajos malpagados que son trampas de las que a veces es difícil salir. Hay mucha desesperación en la calle y por tanto mucha "oferta" en este "mercado".

Teresa, la de la ventana dijo...

Ya lo creo que se nota, NáN. Y conmigo ha funcionado: cada vez voy menos a otros sitios que no sean Mercadona.

Sí, Arancha, está claro que tiene que ver mucho, pero no creo que sea suficiente para disculparlo y mucho menos para asumirlo. Hay que enfadarse ante la mala educación, la gente agria y la atención deficiente, y protestar, y pedir el libro de reclamaciones, y no volver a los sitios donde te tratan mal. Dinamitar el sistema en la medida de nuestras posibilidades. ¡Abajo la bordería y los malos modos!

Jesús Miramón dijo...

De lo que algunos trabajadores no se dan cuenta es de la responsabilidad que tienen consigo mismos, la inmensa capacidad de dignificar su trabajo y volver a casa con el sentimiento de haber hecho bien tu trabajo, más allá, y sé lo que digo, e insisto: más allá de las condiciones laborales y el salario. Todo puede hacerse bien y puede hacerse mal, desde barrer un almacén hasta investigar el descubrimiento de una vacuna. Protesta, haz una huelga, protege tus derechos laborales, pero haz bien tu trabajo, sobre todo si en tu trabajo te relacionas con otros seres humanos. Es un clik mental que mucha gente no quiere hacer y que, si lo hicieran -no cuesta tanto comportarse bien y tratar de mejorar las cosas-, a quien primero beneficiaría sería a ellos mismos y su autoestima. Es posible que un salario escaso no te haga feliz pero hacer bien tu trabajo siempre te hace feliz.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo no lo hubiese expresado mejor, Jesús. Como se nota que sabes de lo que hablas...