martes, 13 de julio de 2010

En tránsito


Cuando era pequeña siempre pensaba en lo que haría cuando fuera mayor. Pasaba tanto tiempo imaginando lo que me gustaría hacer, que aparcaba lo que se suponía que debía estar haciendo siendo lo que era entonces: una niña. Pero no podía evitarlo. La infancia, con sus cosas buenas de las que por supuesto me encargaba de disfrutar, me parecía un estado transitorio previo al verdadero disfrute de la vida. Una etapa que tenía que pasar para poder llegar a otra, la de ser mayor, la que aparecía ante mí como un territorio inmenso, lleno de posibilidades y de libertad. Yo quería ser mayor para poder decidir, moverme, actuar por mi cuenta, sin el yugo tierno, pero firme de mis padres guiando mis pasos. No fui una niña rebelde porque siempre he tenido la virtud de la paciencia, del saber esperar, de aguantarme las ganas hasta que llegara el momento oportuno. Supongo que nadie que me conociese en aquella época podía imaginar que bulleran tantas cosas dentro de mi cabeza. Viéndome tan contenta corriendo por la calle, o jugando ensimismada con mi Nancy, era difícil pensar que una niña tan tranquila y tan buena en realidad fuese una mente tan adulta encerrada en un cuerpo de cría, que no hacía sino hacer tiempo y esperar pacientemente que los años pasaran de una maldita vez. Pero ¿qué era exactamente eso que yo envidiaba tanto de las personas mayores? Pues justo lo que yo no tenía en esos momentos: la posibilidad de decidir. Un abanico de opciones para valorar y poder elegir entre ellas la más atractiva, la más acorde conmigo, la mía. Pero mientras fuese pequeña, mi vida era lo que era, y no dejaría de serlo ni cambiaría mientras mis padres no decidieran modificar algo, y eso era muy poco probable. Y a mí ese inmovilismo fatalista, ese "las cosas son como son, porque lo digo yo, y punto", me angustiaba una barbaridad.  Yo quería pensar que había otras maneras de vivir, distintos modos de hacer las cosas, lo sabía sin saberlo, lo intuía. Esa seguridad de que tarde o temprano llegaría mi momento me lo hizo más fácil, como a esos presos que, cada día, con paciencia infinita, tachan con furia los días del calendario.

A veces todavía tengo esa misma sensación, la de estar en una estación de tránsito, de camino a alguna parte. Lo que ha cambiado es que ahora no tengo tan claro cual es la meta, no sé cual será el punto de llegada, no hay nada concreto que me impulse a avanzar, ni siquiera sé si hay algo. Lo único que tengo es esa inercia que me obliga a no conformarme y seguir adelante, como siempre he hecho, un pie delante, otro detrás...

22 comentarios:

Vicent dijo...

Yo creo que algunos nunca perdemos esa sensación de mirar mas allá, no porque sepamos que nos espera algo, ojalá tuvieramos esa certeza, si no porque somos incapaces de negarnos la posibilidad de que sí exista.

NáN dijo...

De pequeñito pensaba que todo era un juego (apasionante) y no tenía muchas ganas de crecer y ser real, porque oía los agobios de mis mayores. Luego, con 12 años (¿11, 13?) ya quise crecer rápido porque quería tocarles las tetas a las chicas y dormir con una abrazado a su espalda. Luego ya no era tan grandiosamente divertido.

Ahora quiero salir lo que pueda, leer y escribir mucho. Y a los 75 quero que la realidad sea un juego, decir ahí os pudráis y dedicarme a meditar y pasear por la montaña y no desear nada más.

Solo hay que ver el objetivo actual y realizarlo sin crértelo demasiado: los objetivos cambian conforme cambian las arterias. O algo así.

Besos TereMi.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Vicent, creo que es una manera de ser, me recuerdo siempre mirando el horizonte. Y me veo incapaz de cambiar a estas alturas.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo no veía divertido ser mayor, NáN, al menos no sólo especialmente divertido, sino amplio. Me gustaba la idea de poder elegir (no conocía entonces lo jodido que es descartar...), de conocer distintas posibilidades, de poder meter la pata, rectificar, aprender... Sólo quería vivir, nada más. Y el estado infantil me parecía demasiado estático y excesivamente dirigido por los padres y adultos.

Ahora que ya estoy donde quería, supongo que en cierto modo me he salido con la mía...Pero tampoco es la meta, eso es lo que quería explicar.

Supongo que todo se reduce a no dejar nunca de pedalear, mantener siempre la bici en movimiento.

el chico de la consuelo dijo...

no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió...decia el descerebrao de Sabina.

hay gente que en la duda se para, me gusta más lo que dices de echar un paso para lante.Animo!!

por cierto el libro de Monzó es una promesa o un regalo de alguien que aprecias y no sabias decirle que no ¿verdad?

Teresa, la de la ventana dijo...

Siempre me pareció muy triste arrepentirse de algo que no te atreviste a hacer en su momento. Creo que eso es algo peor que el peor de los fracasos.

En cuanto al libro de Monzó, alguien me lo recomendó, y, me has calado: soy débil. Jajajjaja... Pero me está gustando, es un tipo peculiar y sus historias también lo son. Aunque tengo que decirte que este hombre tiene un humor demasiado cruel para mi gusto, no tiene ni pizca de amor por sus personajes. Y a mi la gente tan despiadada, incluso con entes de ficción, no me gusta nada.

NáN dijo...

Lo que quería decir, Teresa, es que tú te haces planes globales, completos. Mientras que yo he hecho planes y trazado objetivos estúpidos, parciales, desajustados de la realidad. Quizá no pueda ser de otra manera: es la diferencia habitual entre las chicas y los chicos. Por eso, si tengo que consultar con un profesional (médico, abogado, etc.), lo primero que hago es ver si tengo la opción de que sea mujer.

Por otro lado, tú eras una buena hija y yo un petardo. Como chico, tampoco esperaban otra cosa de mí. Así que todo funcionaba a las mil maravillas.

Pero el caso es que yo me he tenido que volver (algo) serio en mis decisiones. ¿No puedes intentar ser (un poco) sinsustancia?

No sé si me estoy explicando bien.

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Volverme atolondrada y cabeza de chorlito me hará más feliz, NáN?

Creo que intentar esa regresión es un poco como teñirse el pelo. Funciona durante un rato, pero las raíces pronto te delatan.

Vicent dijo...

Esto de recomendar libros es muy atrevido, a mi particularmente me han hecho alguna recomendación que no ha pasado ni la prueba del cariño... :-)

NáN dijo...

No creo que sea el momento, ¿no te parece? Pero teñirse el pelo es fácil, barato y útil.

Me encanta la dificultad de entenderse bien con estas escrituras breves. La tenacidad por conseguirlo. Se avanza bastante en el entendimiento.

He pasado por bastantes muy malos momentos, también de los otros, como si fuera en un 7 Picos, y te aseguro que mi superficialidad, la que me permite el entusiasmo por lo mínimo, me ayudó mucho a sobrevivir.

Teresa, la de la ventana dijo...

Qué te voy a contar que no sepas, Vicent... ;-)

Nunca me he teñido el pelo, NáN. Me gusta mi color natural, y las canas todavía me respetan. Y en cuanto a la superficialidad, aunque tienda a reflexionar y a analizar lo que me pasa, tampoco voy de intensa por la vida ni tomándomelo todo por la tremenda. Valoro en su justa medida las pequeñas cosas, es más, sigo cursando un master sobre ello obligada por las circunstancias.

Y por lo pronto, aunque me queje en voz alta algunas veces, incluso por aquí, creo que voy sobreviviendo con bastante dignidad...

NáN dijo...

Quéjate todo lo que te apetezca. Sabes que tus quejas llegan; y eso es lo bueno.

Anniehall dijo...

Puf, yo me sigo sorprendiendo pensando de vez en cuando 'cuando sea mayor...' sin darme cuenta de que ya lo soy y está en mis manos.

Yo también fui una niña tranquila y responsable con la cabeza llena de cosas. Hasta leerte no había caído en que es posible que nadie se imaginara lo que bullía allí.

A mi las canas no me respetan nada. Qué jodías... Esto me recuerda que tengo una visita pendiente a la peluquería.

Consu's acabo de hacer una referencia por ahí a esa misma canción de Sabina. ¿Referencia circular?

Teresa, la de la ventana dijo...

Uys, pues yo sí pensaba en lo tontos que eran todos, pensando que no me enteraba de nada cuando me coscaba de todo... Así que, ojito con los cachorros, nada de infravalorarlos, podrían sorprenderte...

Yo tengo alguna cana perdida que me veo ahora en el espejo y dentro de un rato ya no encuentro. Sí, lo sé, cuando lleguen vendrán todas juntas, y su venganza será terrible, pero de momento tengo el pelo tan negro como cuando hice la comunión...

¿"En tránsito" es una canción de Sabina? Yo pensaba que era el título de un disco de Serrat, uno de mis favoritos. Por cierto, Annie, yo también prefiero mil veces al primer Serrat... ;-)

José Antonio Peñas dijo...

Yo de niño soñaba con volar cuando fuera adulto. Lo gracioso es que no vuelo, evidentemente, pero sí sueño que vuelo, y lo hago muchas noches. Una sensación de libertad indescriptible que sólo se frustra porque hay que despertar.

También soñaba con ser zoólogo y estudiar dinosaurios, y de nuevo evidentemente no lo soy, pero mi trabajo me pone en contacto con ambas materias, zoología y paleontología, y puedo unir trabajo y pasión.

Soy una persona muy afortunada, no cumplí mis sueños, pero los disfruto igualmente.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Peñas, eres un tío afortunado, y se nota que lo sabes y lo disfrutas.

Miguel Baquero dijo...

Recuerdo que, cuando era pequeño, pensaba que con cuarenta años mi vida iba a ser... pues lo mejor, iba a tener muchos hijos, una gran casa, iba a ser admirado en todo el mundo...
Hoy he pasado ya de los cuarenta y lo cierto es que de todo eso no tengo nada, pero me da ternura recordarlo, y supongo que eso, al final, es lo que tiene mayor valor

Arancha C. dijo...

La vida es estar en tránsito permanentemente. Vivimos siempre con la vista puesta en el minuto siguiente, la hora, el mes o el año siguientes. Cuando tienes hijos, se agudiza aún más la vida vivida en el futuro. La sabiduría está en saber vivir en el instante que pasa ya, para que no nos saltemos la belleza de la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez o la vejez.

molinos dijo...

Yo de pequeña quería ser independiente. Y ahora también.

Yo creo que la gracia está en pensar que siempre hay algo más. En que no te de miedo pensar en cambiar lo que sea, en saber que cualquier día puede cambiarte la vida para lo que sea...en atreverse a hacer algo que te cambie, en dar un paso que te aterre pero te haga avanzar.

Quedarse parado es morir.

Y estoy con Nán...a veces un poco de frivolidad y de ilusión por chorradas anima mucho.

Alegría. dijo...

"La vida es eso que pasa, mientras tú piensas...", ¿no?
Cuando te haces, mayor, te das cuenta, que tu poder de decisión, es mucho menor del que imaginaste, al menos, así es cómo lo veo. Tú decides, en una determinada realidad, que no tiene por qué ser nada a cómo la imaginaste, por lo que nuestro poder para decidir, es mucho menor del que pensábamos.
Un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Fijate, Alegría, yo creo lo contrario. Cada vez tenemos más criterio, más experiencia y más posibilidades de elegir bien. Otra cosa es que sea más difícil hacerlo, porque la carga que vas arrastrando es mayor, y puede ser más traumático ya no para ti sino para la gente que te rodea.

Alegría. dijo...

Tenemos más criterio, sí, más experiencia, también y más posibilidades de elegir acorde. Hablaba de que esas posibilidades, vienen marcadas por una serie de circunstancias, que marca la vida, el azar, el destino, y es en ésas, donde no jugamos nada. Una vez determinadas éstas, es dónde comenzamos a decidir, por lo que no siempre, es posible hacerlo, en su totalidad. No sé si me explico.
Un beso.